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Por Isbel Díaz Torres

No me pogan en lo oscuro / a morir como un traidor / yo soy bueno, y como bueno / moriré de cara al sol. José Martí

El día que por mí vengan
–porque vendrán, lo aseguro–
la certeza de lo oscuro se hará luz.
Cuando detengan mi lengua tibia,
y convengan lujuriosos mi castigo,
no anunciaré en un postigo
sus jugarretas de cieno:
yo soy bueno, y como bueno,
me basta con lo que digo.

Una luz.
Será una luz el golpe con que derriben mi palabra.
Quienes viven regodeados en el pus de sus intrigas,
la cruz de la belleza hallarán.
Para nutrirse del pan de mis palabras caídas
provocarán más heridas,
más dolor provocarán.

Y al regresar a sus casas
el crujir de los portones será triste.
Los perdones se volverán amenazas,
lavarán con miel las tazas antes de tomar café.
Pensarán si aún mi pie cuelga alegre en la tortura,
o aceptó la inicua cura,
o escapó a su humilde fe.

Y esa lumbre macilenta,
ese brevísimo tajo que se abrió por lo más bajo de la axila
los enfrenta a su doblez,
los ahuyenta de la total emboscada
que construyeron por nada,
por la orden infeliz de otro triste.
Otro desliz cometido.
Otra estocada.

No importará con qué ira
los textos irrefutables blandan al aire,
los cables que colocaron,
quién mira desde el balcón,
quién delira contraseñas,
ni qué fotos.
No importarán sus devotos juramentos:
mi resuello les bajará por el cuello
a congelar sus escrotos.

Hoy no lo saben.
Hoy piensan que las trampas solo tienen un sentido,
que se avienen a lo pactado y no tensan los cerrojos,
ni condensan las palabras de ambas partes.
Hoy solo estudian las artes sicológicas del miedo,
ven en lo oscuro el remedo de las luces de Descartes.

Mas en lo oscuro no estoy.
Los ahogos lezamianos no habito.
Todas mis manos,
desde mi muerte hasta hoy,
son la luz por donde voy,
son cazuelas encendidas.
Si quieren salvar sus vidas no me pongan en lo oscuro.
Allí no estaré.
Lo juro.
Cuando vayan a colgarme adviertan bien al gendarme:
yo nunca estoy en lo oscuro.

Y la genésica fe que sobrevenga en sus pechos
será mi perdón.
Deshechos serán la trampa, el traspié, el boicot.
No moriré.
De cara al sol
inexperto
lavaré el pellejo muerto de sus odios y mis odios,
y mi discurso en los podios
del país será más cierto.

Y no esperes con temblor
el veredicto en el dado:
nunca serás condenado
a morir como un traidor siquiera.
Sombra peor que la sombra de un totí te entoldará.
Yo debí advertirte del olvido:
nadie buscará en tu nido cuando no vengan por ti.

Viernes, 17 de febrero de 2012
San Agustín. Cuba.