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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Una conocida nos refiere que trabaja en un país africano, como parte del PIS Programa Integral de Salud por el cual especialistas médicos cubanos prestan servicios en esas naciones. La compañera recibe, a su regreso a Cuba, unos 600 CUC por cada mes trabajado, equivalentes más o menos a dólares. Muchos vemos ese arreglo como algo ventajoso, porque tal suma equivale aproximadamente a dos años y medio o tres, de salario en este país. Así reuniendo, es factible proponerte construir un cuartito, comprar un vehículo, mejorar la dieta en la casa y algunos otros pequeños sueños que ayudan a vivir.

El Estado cubano le cobra mensualmente al par africano, por los servicios de su (¿cómo se le llama a una persona, cuya fuerza bien calificada de trabajado es objeto de una operación de alquiler entre otros dos entes?), 4 500 USD. Ah, pero todo está bien justificado: además de que somos un país afectado por un malvado bloqueo, el Estado cubano le asegura a los hijos y nietos de esta doctora, diariamente, un litro de leche; esto es, hasta el amanecer del día de sus séptimos cumpleaños. El Estado mantiene también los servicios médicos para toda la población de manera gratuita. El Estado, no los trabajadores del sector de la salud, con nuestros míseros salarios de quince CUC mensuales.

Afectado por diversos factores siempre externos, siempre ajenos, nuestro sacrificado Estado puja por satisfacer las necesidades básicas de la población, que le agradece correspondientemente. Por ejemplo, en la alimentación. Si alguna vez nuestro Gobierno se ve en la cruel situación de no poder ofrecer un alimento suntuoso a los cubanos, con gran alegría todos participamos de la decisión de hacer el sacrificio y renunciamos al lujo. Por ejemplo, la papa. Varios medios de prensa (el Granma, el Juventud Rebelde, Cubadebate, que son los que yo leo) han reflejado cómo los altos costos de este cultivo han obligado, primero, a suprimirlo de la distribución normada subsidiada la libreta y cómo esto ha causado un gran regocijo; segundo, cómo se han restringido drásticamente las siembras del alimenticio tubérculo. Se afirma que las tierras no ocupadas serán empleadas en la producción de otras viandas y vegetales. Yo me preparo para lo que viene: se afirmó lo mismo cuando se decidió liquidar la mayoría de los centrales azucareros y se abandonaron los cañaverales, solo que el subversivo marabú sigue negado a ser comestible por los humanos.

La responsabilidad de proteger el Patrimonio histórico y cultural de una nación, pensamos algunos que no hemos acabado de actualizar nuestras arcaicas mentes, debería ser un deber fundamental del Estado. Qué equivocados estamos, puesto que esas son tareas mucho mejor desempeñadas por los cuentapropistas o, mejor dicho, por la empresa privada del magnate Eusebio Leal. El Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, CENCREM, no daba sino pérdidas, poblado de haraganes que se negaban a ser productivos y a rescatar eficientemente piezas de altísimos valores a cambio de ese estipendio llamado salario que alcanza para comprar mensualmente los productos de la libreta, más dos libras de carne y un par de jabones de olor. El CENCREM, como buena institución estatalmente dirigida y administrada, nunca tuvo la potestad de gestionar autónomamente la administración de sus necesidades; dependió siempre de asignaciones que no se hacían: recursos que llegaban tarde, insuficientes y errados; sin poder aspirar a una fracción de lo que ingresaba por sus servicios y con los trabajadores más enajenados que se pueda concebir, negados a trabajar para el inglés. El único resorte que se le permitía evocar para mejorar sus oportunidades eran los llamados a la conciencia, con las consecuencias que era de prever, y las culpas cayendo sobre los que menos tenían que decidir.

Fieles a la tendencia presente, con un gobierno mirando cada día con mayor agrado la efectividad de la empresa capitalista ya no considerada inescrupulosa, el CENCREM ha sido oficialmente disuelto y sus funciones pasan a la Oficina del Virrey, perdón, del Historiador de la Ciudad de La Habana. De paso, Eusebio Leal se convierte en el próximo dueño del Convento de Santa Clara, grande y célebre edificio de nuestra historia, ex sede del CENCREM. Uno mira al panorama de otros países donde los capitalistas les cierran sus centros a los trabajadores y estos los ocupan de vuelta y piensa. Y piensa

Esta es otra, relacionada justamente con la historia y el patrimonio. Tal vez, si el gobierno hubiera tenido un poco de previsión y hubieran acudido al negocio de construcción del señor Leal, se hubiera podido evitar una situación embarazosa. O tal vez no es para tanto, pues no hay nada que con un buen manto de silencio no se pueda hacer desaparecer. Porque lo cierto es que el desalojo, por derrumbe o amenaza de derrumbe, del edificio de la esquina de las calles 23 y 12, en el municipio capitalino de Plaza, no es factible de ver como un caso más de los muchos que les caen en la cabeza a sus infortunados moradores. En la planta baja de ese edificio se encuentra la tarja escultórica que rememora que, en esa esquina, el 16 de abril de 1961 vísperas de la épica de Playa Girón se concentró una multitud enardecida por las agresiones criminales de mercenarios cómplices del imperialismo yanqui y, en histórico discurso del Comandante en Jefe, Fidel Castro, se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. Presagio ominoso, donde los haya.

O tal vez no. Tal vez, para sobrenaturalidades ya tengamos el flanco cubierto. Ahí está la bondadosa, la caritativa, la amorosa Iglesia Católica. Aunque a algunos padres se les haya ido la mano en eso de ser amorosos con sus ovejitos. En fin, que el sistema ex marxista y el Vaticano se abrazan carnalmente. Este condena el bloqueo, aquel le otorga el acceso a los medios masivos de divulgación. Viene un Papa a dejarse besar las manos y el gobierno laico trasmite misas y navidades y filípicas con el eterno mensaje eclesiástico, y pareciera que solo unos pocos recordamos razones para afear el panorama; que nos empañamos en amargar el discursito empalagoso de la iglesia católica y su cabeza recordando que detrás se agazapa una ideología Jesús nos ampare, qué palabrita tan fea conservadora, reaccionaria, violadora de los derechos de las mujeres, de las minorías, discriminadora de las religiones y culturas de origen africano; francamente lesiva para la vida y la salud de las personas en tanto su desaprobación de los condones debilita una barrera contra la propagación de infecciones de transmisión sexual, SIDA incluido; hipócritamente incapaz de recapitulación y arrepentimiento efectivo de sus complicidades con crímenes contra la humanidad como la trata negrera, la santificación de la esclavitud, el apoyo a regímenes dictatoriales atroces como Somoza, Franco, Pinochet, entre otros; la oposición a tantísimos procesos de liberación en todas partes del mundo como Haití, Nicaragua, Cuba; sus indulgencias con Hitler, su antagonismo mortal con las fuerzas socialistas de cien países a lo largo de la historia ¿de veras hay que enumerar más?

Es verdad, se puede tratar de creer en el mejoramiento humano, la capacidad de rectificación, pensar en un futuro más positivamente; trabajar en dirección de una sociedad más inclusiva y que fuerzas antes enfrentadas, se vean más como componentes valiosos, respetables e iguales, del mismo país; pero también se le puede llamar al pan, pastel, y al vino, sirope. Y ahorrarnos el trabajo.