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Por Isbel Díaz Torres

El gobierno cubano se encuentra en una carrera hacia el 26 de marzo, fecha en que llega a Cuba Ratzinger, el actual monarca de la iglesia católica. Quiere ofrecer al Papa una ciudad bien maquillada, para que se vea linda en las fotos.

Usualmente me muevo entre el oeste de la capital y el centro, y en estas últimas semanas he visto cómo se han activado brigadas de obreros por las principales arterias de la zona: avenida 31, 41, calle 100, Paseo, y otras, que reciben el beneficio de pintura en las fachadas de las casas, y la re-pavimentación de buena parte de las calles.

Yo me preguntaba para qué tantas reparaciones, si el Papa no pasearía por la ciudad… hasta que comprendí. Los coloretes no son para el Papa, sino para la horda de periodistas que ya están llegando, y que reportaran “la realidad de la isla.”

Dicen que uno siempre quiere mostrarle a la visita la mejor imagen de su casa, y eso no me parece mal, siempre que no implique un sacrificio tan grande, como este caso.

Una trabajadora de las oficinas de Vivienda de uno de los municipios del oeste comentó que los recursos destinados a las reparaciones de ciertas ciudadelas en desventaja social, fueron “reorientados” hacia las obras en los viales principales.

Muchas de esas calles que están siendo nuevamente asfaltadas, para el estándar cubano clasifican como “de muy buen estado,” sobre todo si las comparamos con otras que corren a escasas cuadras, y ni siquiera tienen pavimento, como sucede en Cocosolo, municipio Marianao.

Las calles que rodean al Consejo de Estado están entre las privilegiadas… y no por estar en mal estado precisamente.

Las obras en la Plaza de la Revolución son impresionantes. Un diseño arquitectónico que durante décadas ha permanecido inmutable, esta vez ha cedido a las obras que el gobierno y el Arzobispado de La Habana han diseñado para la ocasión.

Con poderosas vigas de hierro han montado un gigantesco escenario a los pies de la estatua de Martí, que pareciera que en vez de una misa se ofrecerá allí un concierto de la banda de rock Metallica.

También buena parte del césped ha sido levantado, y en un lateral se construyen gradas, mientras que una gran escalinata central da el acceso de la calle al altar. Toda un estructura compleja que ha implicado el trabajo de meses de proyectistas y brigadas constructoras, para un evento que durara unas escasas horas.

Aún cuando la iglesia haya donado buena parte de los recursos financieros para este altar resistente a huracanes categoría 5, queda claro que la logística, y sobre todo la mano de obra, es aporte estatal… es decir, son recursos aparentemente nuestros.

Pero en realidad no es así. A la gente no se le ha preguntado dónde colocar los recursos, solo se le ha orientado recibir al Papa “con cariño y respeto.” Si tienen consideraciones críticas sobre la proyección homofóbica de la iglesia católica, o desean ostentar los avances cubanos respecto al derecho al aborto, este no será el momento.

Un reporte de IPS da cuenta también de la casa de retiro cercana a la Basílica del Cobre, en el oriente cubano, construida para la estadía de Ratzinger el día de su llegada.

Se trata de un inmueble de hormigón armado para la que la iglesia destinó 86 mil dólares, sin contar la restauración del santuario de El Cobre, a 12 kilómetros de Santiago de Cuba, cuya inversión ascendió a 236 mil pesos cubanos.

Al igual que en la Plaza de la Revolución, por fuerza el gobierno habrá tenido que desembolsar allí buena parte de sus modestos recursos financieros, y la mayoría de las fuerzas laborales, solo que esas cifras no han sido reveladas.

¿Esta Cuba en condiciones de realizar estos desvíos? ¿No hay un reclamo gubernamental a recuperar la planificación, el orden, la institucionalidad? ¿No hay limitación real de recursos?

Es de suponer que muchas instituciones estatales y empresas constructoras, de logística, de aseguramiento, de seguridad, han tenido que modificar sus planes anuales, sus presupuestos, sus prioridades.

¿Puede la Contraloría sancionar estas acciones por estar fuera del diseño del presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional en diciembre de 2011?

Lo peor es que en este caso todo ha sido para atender al glamour de un evento que por lógica será elitista, aún cuando asistan miles de personas a las misas públicas.

Me parece que hay una diferencia entre la justa defensa al libre culto de los cubanos de cualquier denominación religiosa, y gastar recursos públicos para obnubilar con oropeles a Benedicto XVI y a los periodistas extranjeros.

Publicado en Havana Times