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Por Omar Herrera Díaz

La Habana, 25 de febrero de 2012
Atte: Dirección Museo Nacional de Bellas Artes.
Asunto: Queja.

En el día de ayer, 24 de febrero, me presenté en la entrada del Museo (Arte Cubano) con la intención de participar y apreciar una muestra expositiva a la que fui invitado por un amigo mío, profesor del Instituto Superior de Arte (I.S.A.). Habíamos quedado en vernos a las 4 de la tarde en la entrada de la institución, y toda vez que llegué temprano (3:10), me dispuse a esperarlo pacientemente en la escalera que da acceso al recinto. Estando allí se me acerca una .¿compañera?… y me pregunta si estaba esperando a alguien a lo que respondo afirmativamente. Ella amablemente me pide que despejara el lugar puesto que estaban esperando una visita y yo inmediatamente me retiré a un costado de la entrada en la acera para no molestarles en su trabajo.

Mi amigo demoraba en llegar por lo que yo, algo impaciente, y pensando que podía haber llegado antes que yo y encontrarse dentro, toda vez que ya comenzaba la inauguración de la muestra, me acerqué a la entrada para mirar si estaba allí. Es cuando se me acerca esta ¿compañera?… y con unas expresiones inapropiadas para alguien vinculado al sector de la cultura, me dice. ¡negro!, no “embarajes” más. Yo sé que no estás esperando a nadie. Sé en lo que tu estás, porque te he visto con esas muletas corretear por el Museo de la Revolución. Yo soy la detective del Museo. etc. Atónito ante esas palabras, que se produjeron ante un Agente de la P.N.R., ciclista de la Moto 250 que se encontraba regulando el tránsito frente al Museo, traté de explicarle a esa ¿compañera?… que seguramente me estaba confundiendo con alguien lo cual fue infructuoso puesto que ella me dio la espalda diciendo: Ya terminé, no tengo nada que hablar contigo.

Debió ser el día de ayer una jornada excelente por la perspectiva de apreciar una hecho artístico de uno de los mejores exponentes de la plástica cubana en una institución, además, de las más prestigiosas del país, abierta para el disfrute y crecimiento espiritual de los cubanos desde los más encumbrados, hasta los más humildes. .Debió ser .dije. No fue así porque esta .¿señora? con sus acusaciones infundadas me echó a perder la tarde. Su dedo acusador señalaba más al hecho de ser negro que a otra cosa. Atacando mi dignidad personal. De modo tal que cuando, al fin, llegó mi amigo no quise entrar al Museo. ¡Tan indignado estaba! Debo constatar que me sentí tratado como un ciudadano de tercera categoría. Relegado a un rincón porque esperaban una visita, lo cual es cierto pero. Allí mismo donde yo estuve parado en un principio se sentaron unos turistas extranjeros, muy rubios y ojiazules todos, ante la mirada permisiva de esta ¿señora? Para mayor indignación de quien suscribe la presente.

Pienso, creo, estoy convencido que esta ciudadana (no me interesa saber su nombre, ni su desempeño laboral, que para mí es malo) no debe detentar la responsabilidad que tiene porque es muy poco profesional, éticamente deja mucho que desear y dudo, en grado sumo, de su condición como ser humano. Bien alejado de lo que nos ha enseñado la Revolución o de lo que nos dijo El Maestro y que refrenda la Constitución de la República de Cuba donde dice: “yo quiero que la ley primera sea: el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. ¡Negro, sí! Pero a mucha honra. Nada que ver con la delincuencia, ni con actitudes negativas ¡Todo lo contrario!

Es hora ya de que “gente” como esta responda por su ineptitud. Es el llamado del más reciente Congreso del Partido Comunista de Cuba ¡¡¡BASTA!!!

Repudio, con toda la rabia que aún mantengo, el atropello de que fui víctima asumo la bandera de los “independientes de color” a cien años de la vil masacre.

Desgraciadamente en nuestro país se ha entronizado la “Cultura del maltrato” sobre todo a los nacionales mientras se le rinde culto casi sumiso y servil a cualquiera que venga de “afuera”, olvidándonos de aquello que rezaba “Lo mío primero” Allá los que permitan que los pisoteen. ¿Quién le dio el derecho a esta .¡¡¡Tipa!!!. (perdónenme el término, pero ya no puedo tratarla con respeto) para dirigirse a mí como lo hizo? Admito que pudo confundirme con alguien pero es que no escuchó lo que quise explicarle con mis modales (excelentes, por cierto). Sencillamente echó un estercolero sobre mi persona, dio la espalda y se marchó haciendo gala de una prepotencia muy discordante con su ridícula postura. De eso estamos cubiertos: de gentuza que desde un puesto, un cargo, un buró se atribuyen el derecho de pisotear a otros olvidando que viven en una sociedad donde el pueblo es el legítimo dueño de los bienes, sociales, culturales o de cualquier índole. Se equivocó la señora. Vino a dar contra alguien que conoce sus deberes y sus derechos, sobre todo sus DERECHOS y que no va a detenerse hasta tanto sea lavada la afrenta. No es romanticismo vano. Es Convicción en lo que se cree y por lo que se ha luchado, incluso con las armas en las manos para que venga una “don nadie” a ofenderlo a uno de esa manera tan burda. Desgraciadamente para ella chocó con alguien que sabe hacer uso de la pluma y que conoce, además, los caminos de la justicia hacia el Decoro.

Esta “mujercita” (no soy un machista redomado, a pesar de la expresión. Soy un hombre de estos tiempos posmodernos, pero no encuentro calificativos para nombrarla de otra manera) Esa “mujercita”, repito, ha olvidado que el puesto que defiende es para servir al pueblo y a la Revolución, no para mancillarlos. Ha olvidado o no conoce el artículo 42 de la Constitución de la República de Cuba, en su capítulo VI referido a la Igualdad. Desconoce el artículo 59 del documento anteriormente citado. Desconoce, sobre todo, que el comportamiento inadecuado de alguien puede, y de hecho lo logró, empañar la imagen pública de la Institución donde se desempeña. A partir de este día aciago, cada vez que pase por la puerta del Museo Nacional de Bellas Artes recordaré, con amargura, el maltrato de que fui objeto. Por tanto, y en uso del derecho que me concede la ley de leyes en su capítulo I referido a los Fundamentos Políticos, Sociales y Económicos del Estado, en su artículo26 que reza: “toda persona que sufriere daño o perjuicio causado indebidamente por funcionarios o agentes del Estado con motivo del ejercicio de las funciones propias de sus cargos, tiene derecho a reclamar y obtener la correspondiente reparación o indemnización en la forma que establece la ley”. Quiero constatar que recibí un daño moral de parte de esa persona, un trato discriminatorio, no atendió al hecho de que soy un impedido físico, me acusó abiertamente de tener una actitud delictiva. Se condujo con prepotencia apoyada en un cargo que detenta indebidamente, hizo gala de una falta de profesionalidad y ética rayana con la grosería, atentó contra mi dignidad personal, y no sé cuántas cosas más que pueden constituir delitos previstos y sancionados por la Ley de Derecho Penal. Por lo que, en uso de las facultades que me brinda la Constitución, documento al que todos debemos obediencia, exijo un análisis EXHAUSTIVO de los hechos acaecidos y se tomen las medidas administrativas que correspondan atendiendo a la gravedad del hecho y se me dé respuesta convincente. No puedo aceptar una medida “epidérmica” consistente en “pasaditas de mano”, autocríticas ni nada que me sugiera Prevaricación porque mi proceder podría tomar otro camino.

Que nadie trate de embaucarme con palabrería insulsa. Conozco demasiado bien la Ley, para que no se me tome por improvisado. Fui Oficial de las Fuerzas Armadas, Oficial del Ministerio del Interior con altas responsabilidades, Agente de Seguridad y Protección, Jefe de Turno de Seguridad y Protección, Técnico de Seguridad y Protección del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Director de Casa de Cultura, Promotor y Analista de la Actividad Cultural y actualmente me desempeño como Especialista de una Casa de Cultura donde atiendo Relaciones Públicas, Divulgación y Atención a la Población, además de la Programación. Digo más: soy escritor, miembro del Grupo de Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillén de la UNEAC.

Sirva todo este prontuario para decirle a esa señora cuan equivocada está. Mi nombre es Omar Valentín Herrera Díaz, carné de identidad No. 57021430221. Vecino de Calzada de Puentes Grandes No. 5 e/ Cervantes y Santa Rosita. Plaza de la Revolución. Telf- 881-2517.

Trabajo en la Casa de la Cultura “Roberto Branly”, sita en calle 35 e/ 6 y Callejón de los Protestantes. Plaza. Teléfono- 881-0722.

Con independencia de las medidas disciplinarias que se tomen con esa persona exijo, además, sus disculpas verbales, frente a frente para constatar cuan reales son.

Sin otro asunto que tratar y en espera de su pronta respuesta, se despide (desgraciadamente no puedo decir, “afectuosamente”).

Con copias para:

Ministerio de Cultura
Dirección Protección MININT
Gerencia SEPSA
Asamblea Nacional del Poder Popular

Nota: Según el boletín Desde la Ceiba, que promueve La Cofradía de la Negritud, ayer miércoles 14 de marzo la dirección del Museo de Bellas Arte se reunió con Omar, quien, según palabras de la directora del centro, “salió complacido del trato recibido y de las medidas tomadas con la persona causante de estos hechos lamentables y dolorosos”.