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Réplica al texto “Cuba.—Campañas mediáticas y dobles raseros”, del compañero Miguel Arencibia Daupés, publicado incialmente en nuestro blog y posteriormente socializado a través de nuestro boletín digital COMPENDIO OC.

Por Pedro Pablo Rodríguez

No conozco a Miguel Arencibia Daupés, autor del texto titulado “Cuba.—Campañas mediáticas y dobles raseros”, incluido en el número de hoy, 1º de marzo, en el Observatorio Crítico Compendio OC, publicación digital que se puede localizar en la dirección electrónica https://observatoriocriticodesdecuba.wordpress.com/.

En ese escrito se afirma textualmente lo que copio abajo, en lo cual discrepo absolutamente de su afirmación falsa y descalificadora respecto al Centro de Estudios Martianos.

“El Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, así como el Centro de Estudio Martianos son algunos ejemplos de “filtros” para evitar el apropiado saber de las gentes, y darles solo lo que se estime conveniente. En Cuba, la información no canalizada por los medios oficialistas y la posibilidad de arribar a conclusiones personales a partir de ella son cuestiones consideradas peligrosamente subversivas.”

He estado vinculado al Centro de Estudios Martianos desde su fundación en 1977, y trabajo en él desde finales de 1990. No sé en qué argumentos sustenta dicho autor semejante apreciación sobre esta institución académica, puesto que no los señala. Sólo quiero decirle que el prestigio de este Centro dentro y fuera de Cuba, además de su casi dos centenares de publicaciones, que incluyen numerosas impresiones de los escritos de Martí, particularmente de la edición crítica de sus Obras completas, y de la variada y extensa participación en la vida intelectual de sus investigadores, se sustenta en un criterio rigurosa y fielmente seguido todos estos años, al menos como me consta desde que trabajo allí: ni los sucesivos directivos de la institución ni uno solo de sus investigadores jamás han “filtrado” la posibilidad del conocimiento directo de la obra del Maestro ni tampoco han impedido la circulación de puntos de vista en torno a su obra con la que algunos o muchos hayamos podido diferir.

Más aún, el Centro ha propiciado serios y frecuentes debates de cubanos y extranjeros acerca de diversas aristas del pensamiento martiano y nunca ha impedido la expresión de criterios en eventos académicos, publicaciones científicas y publicaciones periódicas de corte periodístico y cultural, ni la libre elección y exposición de temas para el trabajo académico de institución o estudioso alguno del país.

Quienes hayan seguido de cerca las publicaciones y actividades científicas de la institución saben que en más de un punto hay apreciaciones diferentes entre los propios miembros del colectivo, quienes así lo han expuesto. Y si se comparten algunas perspectivas, darlas a conocer explícita o implícitamente es tan lícito como discrepar de ellas. Y, desde luego, cada persona, cada investigador tiene el derecho de plantear lo que a su juicio estime conveniente para que sea socialmente conocido. Nadie, ni rama alguna del estado cubano, ni personalidad alguna de la política cubana ha impuesto alguna visión “oficialista” a los investigadores del Centro de Estudios Martianos, ni esta institución ni sus investigadores nos hemos arrogado derecho alguno de brindar tal visión “oficialista” acerca del Maestro, lo cual tampoco excluye, obviamente el derecho de que cada uno de esos investigadores sostenga y difunda su propia mirada, que al parecer le resultan intolerables a Arencibia Daupés.

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