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Por Isbel Díaz Torres

En Cuba la “esfera oculta” determina irremisiblemente a la esfera pública. Ello ha quedado corroborado con el reciente boicot que los agentes de la Seguridad del Estado cubana han realizado al espacio del Centro Teórico-Cultural Criterios.

La importante revista que dirige Desiderio Navarro cumple sus cuarenta años, y lo celebró con un sazonado encuentro en su sede, radicada en el edificio del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en 23 y 12 del Vedado capitalino.

Venciendo escollos burocráticos para entrar al país los ejemplares de la revista, el prestigioso traductor y ensayista invitó a renombrados intelectuales del patio a la presentación de la misma, y protagonizar un debate público acerca del sentido de la esfera pública en Cuba, para lo cual también invitó a todos los interesados en la temática.

Pero la invitación no era tan abierta como quizás pensó y diseñó Desiderio. A la entrada del imponente edificio del ICAIC, un nutrido grupo de policías políticos, vestidos de civil, determinaban in vivo quiénes eran dignos o no de conformar la “esfera pública de Criterios”.

De tal modo, en el justo momento de mi entrada, supe que habían rechazado a dos miembros del Comité de Integración Racial (CIR), a quienes no conozco íntimamente, pero que he escuchado con interés en los encuentros de la Cofradía de la Negritud, donde asisten regularmente y aportan de manera cordial sus criterios.

Tal arbitrariedad me molestó sobremanera, y pensé informar de inmediato a Desiderio cuando llegara al noveno piso (donde radica el Centro), e intentar enmendar semejante disparate.

Sospeché, por supuesto, que el escritor Orlando Luis Pardo, que estaba apenas dos o tres personas detrás de mí, y Antonio Rodiles, coordinador del espacio Estado de Sats, serían igualmente impedidos de acceder al edificio.

Al ver que los mencionados no llegaban a la sala, informé a Desiderio, que ya estaba al tanto. Pero no hubo solución. Desiderio me explicó que el edificio pertenece al ICAIC, y él no podía determinar el acceso de las personas al mismo.

Pude ver nuevamente cuán carente de autonomía, cuán frágil es nuestra esfera pública, en la cual unos “custodios” pueden sesgar de manera tan significativa un debate, al impedir el acceso de importantes actores de la esfera en cuestión.

Gran cantidad de muchachos muy jóvenes ocuparon buena parte de las sillas del local, que se llenó totalmente. Lo significativamente sospechoso fue ver cómo, una vez comenzadas las exposiciones, muchos se fueron retirando. ¿Les interesaba o no el panel?

Escuché atentamente las ponencias de los panelistas invitados: Leonardo Padura, Jorge Luis Acanda, Rafael Hernández, Yasmín S. Portales, Roberto Veiga, Arturo Arango, y Mario Castillo. Todos, a excepción de Rafael Hernández, refirieron de un modo u otro la variable “esfera oculta” como lastre poderoso que anclaba el despegue de esa esfera pública deseada para Cuba.

No la llamaban esfera oculta, por supuesto. Por ejemplo, Yasmín refirió las manipulaciones y arbitrarias clasificaciones que se hacen de los actores de la blogosfera cubana, mientras que Leonardo Padura mencionaba la sistemática violación de su correspondencia privada.

Mario Castillo fue el último de los panelistas en entrar a la sala, por lo que tenía conocimiento de lo que estaba ocurriendo en la entrada del edificio, lo que le permitió denunciar dignamente el hecho durante su turno a la palabra.

Un muchacho del público, que se llamó a sí mismo opositor, también denunció desde el micrófono, con vehemencia pero cortésmente, la bochornosa situación de censura que estábamos viviendo en ese instante. El muchacho fue fuertemente aplaudido por la mayoría.

No obstante, debo confesar que salí antes que llegara el final del evento. Ni siquiera compré la revista que tanto me interesaba. Sentía que me asfixiaba allí adentro donde sin quererlo, muchos éramos parte de un proceso cuidadosamente diseñado por la “esfera oculta”.

Es posible pensar que el objetivo final de la obstrucción fuera impedir que el pensamiento “disidente” entrara a “contaminarnos”, pero como de todos modos logró entrar (y por suerte cada vez será más difícil impedirlo), pienso que “los ocultos” verdaderamente buscaban boicotear el espacio de debate horizontal en Criterios.

La metodología de clausurar las instituciones fue cambiada (o actualizada, término en boga). Ahora prefieren vaciarlas de sentido, domeñarlas hasta que de ellas solo quede el performance de lo que fueron. Pareciera que son ellos quienes dictan las políticas culturales en la isla.

Es más útil para esa “esfera oculta” anular un espacio prestigioso como Criterios, desacreditarlo, evitar que siga expandiendo su vocación de pensamiento plural, instaurar la censura y la autocensura allí donde hubo suelo fértil para el espíritu libertario.

Ya lo hicieron con Temas, vaciando aquel espacio que alguna vez insinuó un despertar de las mentes. Ahora van a por Criterios.

Publicado en Havana Times
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