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Un acontecimiento de polémica y diálogo social fue el debate público sobre Reggaetón, ocurrido este sábado 26 de febrero en la Casa Comunitaria del barrio habanero La Ceiba.

La institución barrial dio cobijo al coloquio auspiciado por las no-gubernamentales Cátedra Haydée Santamaría y Cofradía de la Negritud, colectivos partícipes de la Red Observatorio Crítico.

“Pensarnos a propósito del Reggaetón” –título escogido por los organizadores, aludiendo la incidencia multiforme del fenómeno musical en las prácticas sociales cubanas- aglutinó a activistas barriales, historiadores, blogueros, músicos, escritores, productores, estudiantes, quienes compartieron varias presentaciones y las debatieron activamente.

Mientras, fue posible ver en pantalla grande los clips más controversiales del actual Reggaetón cubano, entre ellos el famoso Chupi-Chupi que fue suprimido por las autoridades culturales cubanas del premio de popularidad de Lucas, la competencia nacional televisada de videos musicales.

Integrantes del histórico conjunto cubano de rumba Los Papines mostraron a capella una originalísima pieza que fusiona ese género popular de ascendente africano con los actuales ritmos de Reggaetón, provocando ovación del público.

Los ponentes del evento fueron: Tato Quiñones, historiador del mundo popular afrodescendiente cubano, cineasta, periodista y activista; Yasmín S. Portales, investigadora, bloguera y activista marxista, feminista y LGBTI; Carlos Simón Forcade, investigador y ensayista en campos de Estética, Filosofía, Teología y Educación; Orlando L. Pardo Lazo, narrador, poeta y bloguero; y Dmitri Prieto Samsónov, investigador social y diarista de Havana Times.

Las presentaciones abordaron una multitud de problemáticas que iban desde las prácticas comerciales de los reguetoneros hasta la legitimidad o no de la censura.

Hubo un consenso en que el Reggaetón es expresión de la continuidad de una crisis que comenzó en los ´90 y tiene relación no sólo con problemas económicos y educacionales sino también con un cambio cultural que está ocurriendo en los modos de vivir el sentido de lo social.

Así, lo “pornográfico” de esta manifestación musical parece relacionarse con la falta de motivación a otros modos de vida no consumistas, sobre todo cuando faltan los correspondientes espacios de libre protagonismo.

Hubo un debate interesante sobre si este fenómeno musical expresa una tendencia recurrente a la erotización del discurso poético popular o bien es algo cualitativamente nuevo; se discutió si su influencia actual es “epidérmica” (superficial) o puede realmente cambiar las conductas de personas jóvenes hacia mayores niveles de violencia.

Varios participantes señalaron el vínculo del actual Reggaetón cubano con el imaginario y las prácticas capitalistas en sus variantes más extremas.

También expresaron activamente sus criterios los activistas Mario G. Castillo e Isbel Díaz Torres, de la Red Observatorio Crítico, y Gisela Arandia, fundadora del ya extinto colectivo Color Cubano y defensora de derechos de las personas afrodescendientes. Gisela, en particular, destacó que “no debíamos quedarnos en las palabras”, requiriendo iniciar propuestas de acción social.

Las líderes barriales del territorio y educadoras populares asimismo se expresaron con carácter propositivo: sugirieron ampliar el debate a las propias comunidades, y a los reguetoneros mismos.

Como sugirió una de las participantes, “los autores del Reggaetón no suelen ir a actividades ´para intelectuales´ porque piensan que se hacen para ´echarles tierra´”. Así, se comentó que un grupo de cultores del género tenía intensiones de asistir, pero renunciaron al ver que se trataba de un “coloquio”.

Dadas las profundas implicaciones sociales de las problemáticas debatidas, el evento reveló las posibilidades de un diálogo respetuoso sobre el presente y el futuro de Cuba.

Las casas comunitarias o talleres de transformación barrial (como la que fue sede del coloquio) son entidades adscritas a las Asambleas Municipales del Poder Popular en La Habana.

Publicado en Havana Times
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