Etiquetas

, , , , , , , , , ,


Por Isbel Díaz Torres

Seguí con atención los discursos y los debates suscitados durante la recién concluida Conferencia del Partido. “La conformación de una sociedad más democrática”, usando las palabras de Raúl, parecía un tema vital, pero encontré poco que aportara a ese empeño.

En primer lugar, el actual presidente dedicó buena parte de su discurso a defender el sistema monopartidista instaurado en la isla. El problema es que tal defensa se basó esencialmente en la crítica a los otros modelos, y muy poco a dar argumentos sobre las bondades del cubano.

Cuando habló de la democracia representativa, el mandatario expresó que en ese modelo “la mayoría tampoco cuenta”. ¿Habría de esperarse entonces que en un modelo regido por un único partido al cual pertenece apenas un reducido por ciento de la población, la mayoría sí contara?

A mi juicio, tales esquemas partidistas (mono, bi, pluri) son evidentes mecanismos para usurpar el poder a los individuos comunes. La vacua promesa de ser fieles intérpretes de los intereses de la mayoría es, sencillamente, imposible de mantener.

Si ella fuera cierta, entonces los políticos en los períodos eleccionarios no estarían tan nerviosos, buscando qué jugarreta montarle a los pueblos para ser reelectos, y sencillamente aceptarían la evaluación popular de sus cuatro o cinco años de mandato.

Como eso no sucede nunca, entonces comprendo que el problema no está en los hombres o mujeres que acceden al poder, sino en el sistema de poder mismo.

Quizás por eso me gustan tanto los términos como empoderamiento y autoemancipación, que refieren a procesos que no ignoran las relaciones de poder, pero que las construyen desde el individuo en solidaridad con aquellos que le rodean.

Pero volviendo a la Conferencia, si tanto interesaba esa llamada “democratización” ¿por qué se aprobaron los objetivos de trabajo sin modificar los Estatutos de la organización, ni renovar la actual membresía de su Comité Central? ¿Tampoco era el momento oportuno?

Tantos meses de trabajo en los núcleos de base, pero también en la cúpula partidista, no fueron suficientes para organizar elecciones internas. ¿Fue una cuestión de tiempo o de deseo?

En su lugar, la Conferencia facultó al Comité Central para que decidiera las modificaciones que estimara pertinentes, y responsabilizó al Buró Político para que “apruebe y ponga en práctica las modificaciones necesarias a las Estructuras y Reglamentos del Partido”.

De paso, la Conferencia facultó también al Comité Central durante el presente mandato para modificar sus integrantes hasta en un 20 por ciento.

En otras palabras, hicieron justamente lo contrario a democratizar: centralizaron el proceso verdaderamente conflictivo. Se reunieron unos días para consensuar la redacción de algunos puntos, y listo. El trabajo serio lo harán los grandes después, a puertas cerradas.

La expresión “puertas cerradas” está tan relacionada con el tema que trato, que haré algunos comentarios sobre la actual experiencia de debate durante la Conferencia del PCC.

Lo primero es que, a diferencia de lo sucedido con los famosos “Lineamientos”, donde sí se promovió un debate popular previo, en esta ocasión no sucedió.

Aunque el debate de los Lineamientos no fuera estructurado de manera que las asambleas pudieran cambiar efectivamente los contenidos (nada de lo planteado en mi trabajo se vio reflejado después en la versión final), la gente al menos se desahogó.

Pero esta vez fue peor, porque de los debates fueron excluidos la mayoría de los cubanos que no somos miembros del PCC o la UJC, aunque sí nos subordinamos al partido por orden del Artículo 5 de la Constitución.

Esa fue la primera puerta cerrada.

Después, los cambios que se realizaron en el documento base de la Conferencia se informaron numéricamente, pero no se refirieron a los contenidos modificados.

Es decir, si se cambiaron 300 comas y se sustituyeron 200 adjetivos, para los que no participábamos era lo mismo que si hubieran cambiado monopartidismo por pluripartidismo.

Sencillamente no supimos qué cambiaron los militantes en los debates: otra puerta cerrada.

Finalmente, los debates en los plenarios fueron televisados días después, para dar tiempo a realizar las ediciones pertinentes. Me llegaron comentarios de algunas álgidas discusiones que ocurrieron allí, pero seguramente nuestro pueblo no está preparado para ver tales cosas.

No obstante, sí nos permitieron ver pedacitos de la que involucró a Mariela Castro, a quien por cierto, no le dieron la categoría de Delegada, sino de Invitada, que no es lo mismo.

Mariela defendió que las personas no fueran discriminadas por su identidad de género, cuestión que no está reflejada en las leyes, ni en la constitución, y ahora tampoco en los objetivos del PCC.

Sus derechos quedaron para “la implementación,” como mismo sucedió con el tema del control obrero en el pasado congreso.

Además de no poder ver ese debate completo y tener que sufrir las desafortunadas, desinformadas, insolidarias, e insensibles intervenciones de Eusebio Leal y Miguel Barnet, una breve frase de Esteban Lazo me hizo levantar la ceja.

El dirigente partidista decía que él “sí sabía” la cantidad de planteamientos que había provocado ese punto [sobre la discriminación por orientación sexual], y lo mucho que ellos lo defendieron.

Tal revelación me hace preguntar ¿por qué Lazo lo sabe, y el resto de la gente allí no? No parece justo y mucho menos democrático.

Días después leí en un artículo que fueron 11.285 planteamientos sobre el tema, pero ni siquiera se sabe cuántos fueron a favor y cuántos en contra de hacer referencia a la discriminación por orientación sexual.

Y aquí aparece otro de los problemas de la democracia: si se trata del poder de la mayoría sobre la minoría, entonces no debían haber aprobado un punto con tantas oposiciones. Afortunadamente, no fue así.

Es que los derechos, aún los de un solo hombre o una sola mujer, son importantes. Y eso incluye a quienes tienen una orientación sexual distinta a la que asigna arbitrariamente la sociedad.

De manera que a la democracia le queda tela por donde cortar, solo que parece que ni el Congreso ni la Conferencia del Partido Comunista de Cuba, son los lugares adecuados para ello. Tienen demasiadas puertas cerradas.

Publicado en Havana Times aquí y aquí