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Por Félix Bolaños
(periodista de Cubaliteraria, Instituto Cubano del Libro)

Miren cómo demostraron su “eficiencia” dos miembros de la Brigada Especial de la Policia Nacional Revolucionaria, contra mi hijo, por la sencilla razón de oponerse a montar en una guagua con su novia y una botella de ron que ingenuamente llevaban en la mano. Mi hijo guardó la botella en el bolso de la novia, pero ni aún así. Por supuesto que protestaron por algo que consideraron como un atropello, sobre todo porque en este país no hay ninguna ley que prohiba que usted se traslade por la ciudad, incluso que acceda al transporte público, llevando bebidas alcohólicas debidamente protegidas. Ante la protesta verbal, uno de los policias le sonó un galletazo en pleno rostro a mi hijo, que ante el dolor por la ofensa tan cruel, le ripostó diciéndole que se quitara el uniforme, para entonces, de hombre a hombre, zanjar el agravio. Pero la respuesta de los “eficientes agentes del orden público” fue entrarle a golpes.

Tomen la experiencia, pues en los últimos tiempos, con alarmante crecimiento, tenemos que sufrir los ciudadanos cubanos, sobre todo los que jamás hemos tenido que ver nada con la delincuencia, de la brutalidad de muchos de los que visten el uniforme, de la que siempre pensamos estaban para proteger a nuestra familia, la Policia Nacional Revolucionaria. Por tanto, aconsejen a sus hijos, hermanos, amigos, que se alejen del peligro, porque no siempre el policia es nuestro amigo, como nos quieren hacer creer desde la televisión, con el irónico spot “Policia tú eres mi amigo”.

Si no hacemos algo al respecto, dentro un tiempo no lejano volveremos a la etapa del plan de machete de la guardia rural y a la brutalidad de la policía batistiana. En aquellos años la vida de más de 20 mil cubanos tuvieron que ofrendarse para acabar con tamaña inhumanidad.

Lo que le sucedió a mi hijo no es un caso aislado o fortuito. Con alarmante frecuencia nos enteramos de hechos parecidos, al tiempo que continúa en ascenso el nivel de indisciplina social y delincuencia, donde se supone que deba ser más eficiente esa policía.

Disculpen la descarga, pero es mucho el dolor y la impotencia.

felix@cubaliteraria.cu

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