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Por Daisy Valera

Desde mis primeras experiencias escolares recuerdo a los profesores enseñando en clases el amor a la patria, a la cultura nacional y a cuanta cosa que se dijera 100% cubana.

¿Quién no sintió en la escuela primaria ese orgullo por ser de esta isla?

Yo era de las que en el matutino recitaba a viva voz no pocos poemas de José Martí.

Ahora que lo veo en el pasado, con la cabeza fría, lejos de las consignas, me doy cuenta de que, entre otras cosas, el nacionalismo es uno de los factores que han servido para que los cubanos no se relacionen demasiado con personas de otras culturas.

En nuestros días, gracias al uso de internet un infante puede seguir el quehacer diario de un barrio en pleno Tokio.

Las personas pueden compartir muchas de sus experiencias: la belleza de un lugar que visitan, sus costumbres, las problemáticas en su puesto de trabajo, las soluciones que le dan a sus problemas cotidianos, por poner algunos ejemplos.

Con todo este intercambio, muchos podrían llegar a sentirse más identificados con modos de vida foráneos que con los que les ha tocado vivir.

Es lógico entonces que se pongan a pensar como cambiar su realidad usando la experiencia de un mundo que esta allá afuera.

Los cubanos, como no tenemos prácticamente acceso a internet (mucho menos viajamos por el mundo) estamos aislados, desconociendo en gran medida como es la vida más allá de nuestras fronteras.

Así es como el nacionalismo y la desinformación se convierte en herramientas muy útiles para dictar privilegios y cercenar derechos.

Son los que se declaran a todo pulmón que son anti-imperialistas y patriotas los primeros que están dispuestos a venderles a los ricachones de los campos de golf propiedades y tierras de por vida.

Mientras les niegan a los campesinos aceptar tractores donados solidariamente por amigos allende los mares y le entregan la tierra por unos míseros 10 años.

Igualmente, apoyan las nuevas disposiciones para la venta de automóviles, bajo cuales solamente los extranjeros y un privilegiado número de cubanos tendrán la opción de comprar uno nuevo.

Que se malograra la inversión en el cable de fibra óptica para el mejor acceso a internet no debiera extrañarnos, fue muy oportuno.

De esta forma, por un poco más de tiempo, los nacionalistas a ultranza pueden seguir haciendo y deshaciendo a su antojo.

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