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Por Marina Sitrin

Como algunos de Uds. saben, cuando estoy muy conmovida, conmovida más allá de las palabras, comienzo con “imagine”.

Entonces, imaginen algunos miles de personas… no, no algunos: 6 ó 7 mil personas. Tantas que la gran Plaza cerca de Wall Street no alcanza, y entonces fluyen por sobre las esquinas y aceras de todo el perímetro… y las esquinas y aceras del otro lado de la calle, en ambos extremos. Imaginen que toda esa gente están allí porque están hartos e indignados con algo que tiene que ver con la crisis económica y Wall Street. ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta tarde de viernes, a las 3?

Puede que algunos estén allí porque se enteraron por la web Occupy Wall Street de que Radiohead daría un concierto.

Puede. O puede que vinieron porque son miembros de la Transportation Workers Union, un sindicato de 38000 afiliados que votaron unánimemente la noche anterior a favor del apoyo a la Ocupación de Wall Street.

Puede. O puede que sean del Professional Staff Congress, el Sindicato de maestros, adjuntos y estudiantes posgraduados del sistema de la City University, quienes también votaron la noche anterior por el apoyo a la Ocupación.

Puede. O puede que sean gente del Malcolm X Grasroots Movement (Movimiento de Base Malcolm X) quienes tomaron parte en la organización de una marcha posterior contra la brutalidad policial – manifestación que partió desde la plaza con una fuerza de 5000 partícipes.

Puede. O puede que hayan oído de alguna amistad, vecinos, o por los medios, que algo ha estado ocurriendo cerca de Wall Street.

Y, puede ser, que sean toda esa gente junta. Y otros más. Imagine que su vecina haya estado allí. Ella muy bien pudo haber venido…

Esta noche se congregó la más grande y hasta hoy la más diversa multitud entre las que la Plaza haya visto jamás. Había embarazadas, bebés, niños y niñas, junto con abuelitas y abuelitos, barbas blancas, y todo lo que pueda caber en el medio. Había al menos cuatro sillas de ruedas, y toda clase de personas con capacidades diversas.

Había personas de todo el mundo, una variedad de razas y procedencias. Y, sin dudas, los sindicatos y los estudiantes estaban ahí.

Ahora, ¿puede imaginar todo ese grupo involucrándose en una discusión democrática? Imagine el Micrófono del Pueblo, por el que –como describo en un envío anterior- la gente puede hablar en frases cortas y el grupo repetirlo para que todos puedan oír. La primera semana, hasta esta noche, el Micrófono del Pueblo operó para unos cientos de personas: no de manera ideal, pero se podía oír. Con miles, el Micrófono del Pueblo debe repetir la frase no una vez, ni dos, sino tres. Cada ola de sonido representando otra masa de gente oyendo la voz de la persona que habla. Cada ola de sonido representando a personas que escuchan activamente por el acto de repetirla. Facilitadores y facilitadoras (ya un equipo en ese momento) ayudan a que quien habla recuerde –se le toca suavemente el brazo- que hay que esperar que cada ola llegue a su final antes de que sea pronunciada la próxima frase.

Imagine el silencio de la gente escuchando, y el sonido de la repetición de las palabras de quien habla. Imagine el poder de la democracia directa atravesando vuestro cuerpo, y los de miles que le rodean. Se me hace la carne de gallina mientras escribo. Esta noche me conmovió más allá de las palabras.

En este punto, nosotros, quienesquiera que seamos, somos ya algo demasiado grande para la Plaza. Nosotros necesitamos tomar más parques, plazas y explanadas, y facilitar más discusiones horizontales sobre lo que somos y lo que deseamos. Sobre las crisis y sobre nuestras alternativas. Para mí, nuestra demanda debe ser que podamos encontrarnos. Déjennos tranquilos para que podamos congregarnos en nuestras plazas, parques y explanadas, en nuestros salones sindicales, escuelas, universidades, iglesias, sinagogas y mezquitas, y déjennos en paz para que podamos encontrar vías horizontales democráticas para discutir la crisis de nuestros tiempos y sus muchas alternativas. Junt@s.

Con el escalofrío de la democracia real,

Marina.

Enviado 30/9/2011 desde Nueva York. Traducción al castellano: cortesía Observatorio Crítico de Cuba.

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