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Por Julio Tang Zambrana

Escuela secundaria china cualquiera, temprano en la mañana. Jóvenes vestidos de uniforme escolar desarrollan la obligatoria gimnasia matutina, formados en filas y columnas ante la mirada ceñuda y atenta de dos o tres profesores, los cuales revolotean alrededor del grupo. Una alumna con faz de seriedad imperturbable es probable que sea de las más prominentes de la escuela y con seguridad por ello fue escogida por los maestros- dirige la actividad desde una tribuna situada al frente, de espaldas a sus compañeros. La cadencia de los ejercicios corta el silencio del momento desde los altavoces del campo deportivo con la misma claridad que la luz del sol alumbra los pequeños ojos somnolientos.

Pero uno de los alumnos no sigue los ejercicios. Uno, dos, uno dos, levanten los brazos, uno dos se oye a su alrededor. Pero él no presta atención: su esfuerzo está dirigido a sus piernas y pies y a la pelota de fútbol que domina con evidente destreza. Tres o cuatro toques de dominio del balón siempre en su casi eterna posición mañanera- y allá va el soñador, deslizándose entre los cuerpos uniformados de sus compañeros. A medida que gana velocidad, se desdibujan los obstáculos y la meta va ganando control de su vista y cerebro Zas, zas dos menos, vuela Cristiano Ronaldo Zas, salta Rooney Zaaaaaaaaaas, Messi desliza los pies Ya se encuentra frente a la Puerta y dispara el balón da en el larguero

Pero el muchacho no se duele, una sonrisa le ilumina el rostro. Y de repente, uno, dos, pierna adelante, uno, dos, brazos arriba, un profesor lo divisa y con gestos nerviosos le ordena que ocupe su posición en el cuadro de alumnos y su gimnasia. El niño vuelve deprisa al espacio que antes dejó y que nadie ha osado ocupar, y a su sudor y cara iluminada se unen los movimientos y miradas ya relajados aunque seguidores del altavoz- de sus amigos lo has hecho bien, te felicitamos

Afiche oficial actual de la Comisión de Deportes y Educación Física de la RP China, que muestra la sucesión de movimientos de la Gimnasia Radial. Los caracteres de abajo reproducen consignas cuya traducción aproximada sería: “El bienestar de la nación proviene de la salud de todo el pueblo” y “El ejercicio [trabajo] de hoy representa el bienestar de mil años”.

Hacer deportes hace que tu día no pase en vano

Nike Just Do It.

(Comercial de la transnacional Nike en la televisión hongkonesa)

La primera vez que vi el comercial una sonrisa me asaltó casi instantáneamente al terminar el mismo. Fue un gesto automático y me sorprendí a los pocos segundos, cuando mi cerebro se dio plenísima cuenta del proceso mercantil al que estaba siendo sometido. Sigo incólume en la batalla por que me pesquen, y río. Mas, hay que decir que han elevado la calidad de los comerciales menos mal, ya no puedo más con la misma cantaleta, es como si me estuvieran ablandando el cráneo con tubos de acero. Decididamente los chinos tienen mucho que aprender todavía en su camino del paraíso capitalista

Pero no me voy a meter en los intríngulis de la producción de comerciales, verdaderas fabricas de fetiches acariciadores. Ahora me siento más atraído por un temita que viene acosándome varios meses y no dejo nada a mi alrededor relacionado con él a la venia del viento. ¿Qué ha llevado a la Nike, a concebir un comercial como el relatado anteriormente y a promover su reproducción en las cadenas televisivas de Hong Kong? Amén de la reconocida adaptación camaleónica de las prácticas económicas del capital, ¿qué se esconde detrás de una historia como esa, contada en apenas unos segundos y lo suficientemente poderosa como para permitir que la Nike campee por sus fueros en el mercado deportivo chino? ¿Por qué, evidenciada la soltura de sastre de la televisión china, no se censura un comercial evidentemente contrario a toda la milenaria y acatada∕aceptada filosofía de la jerarquización confuciana, pilar unificador co-estrella (junto al estelar destello guía del liberalismo capitalista) del neoconservadurismo político chino actual?

Esta última interrogante puede parecer ingenua mas, considerando el alcance de esa filosofía, patrón de vida generalizado en la totalidad de la sociedad china y que, incluso trasciende las fronteras el país, salta a la vista una interrogante, a nuestro punto de vista esencial, de la cotidianidad social de la China actual: ¿en qué medida la entrada de China como realidad civilizatoria esencialmente diferente a las conocidas como occidentales– a la vorágine y prácticas capitalistas está diversificando y, por tanto, desdibujando determinados límites autoimpuestos de esos mismos patrones civilizatorios, mas allá de la coyuntura moderna y todo su republicanismo arrollador?

No estamos pensando en la parcial visión que hace adoptar a la tecnología un papel de alucinación vivencial y analítica. En la actualidad no es la tecnología el elemento fundamental que produce el cambio o salto mental, espiritual, simbólico de los individuos en su despliegue de praxis de subsistencia-adaptación y∕o aprehensión del ambiente circundante. La tecnología se revela como otro aspecto de las relaciones de los individuos, uno más en momentos primario- dentro de las disposiciones de poder entre ellos y la forma en que se plasma su utilización llega a ser evidencia de la (a)simetría de esos patrones jerárquicos[1]. El caso del fetichismo comercial se inserta en esta idea, y tanto la mercancía como el uso de la misma por patrones, productores y consumidores revela, trascendiendo el momento productivo, todo un mundo de concepciones alrededor de las vidas humanas.

Los patrones de poder tradicionales chinos están siendo conscientemente reutilizados y trastocados por las elites capitalistas nativas o internacionales en la búsqueda de la acomodación del amplio mercado de consumidores a las ansias de ganancias de aquellos, proceso en el cual lógicamente lleva las de ganar el occidente individualista. La tecnología y la introducción de patrones culturales occidentales están jugando un papel primario en este proceso y la vanguardia del mismo la blanden aquellos que presentan el producto más atractivo y eficaz a los ojos del público, imponiendo nuevos ritmos y colores a la lenta dinámica china. De hecho, los inicios ochenteros de la movida capitalista del comunismo chino se desplegaron a partir de minuciosos estudios y debates que incluyeron al PCCh y a los intelectuales, orgánicos o no, sobre los mecanismos económicos del liberalismo clásico occidental y su adaptación al experimento iniciado, incluso en la política estatal.

La descripción del comercial de la Nike con que iniciamos este trabajo es una muestra palpable de los nuevos derroteros que acabamos de indicar. No nos proponemos responder completamente a las preguntas que destacábamos en los primeros párrafos, la búsqueda y disponibilidad de información están altamente viciadas en China, empezando por el idioma. Sin embargo, considero necesario apuntar algunos aspectos que se dirigen en aquella dirección, como una suerte de reflexión mínima ante los nuevos vientos que soplan en estos lares.

Unos días atrás concentré mi atención en un documental de la televisión continental, como le llaman a todo lo que se produzca en el territorio nacional chino que no incluya Hong Kong o Macao, que versaba sobre la historia de la gimnasia radial traducción personal del original 广播体操-. Es este un producto propio de la cultura china de los años 50, generalizado en los 60 con la Gran Revolución Cultural, y caído en el desuso y el vaciamiento con la liberación económica comenzada a fines de los 70. Sintéticamente acotaré que se trata de una emisión radial por medio de la cual se despliega una serie de ejercicios o gimnasia terapéutica grupal. Todo sería entendible y loable si no destacamos que sirvió como uno de los mecanismos de control corporal y mental de la elite comunista liderada por Mao Zedong hasta su muerte. La disponibilidad corporal y del tiempo de los individuos en las mañanas de los centros de trabajo y escuelas pertenecía por completo, más, al Estado proletario preocupado por la salud de sus ciudadanos.

No subrayamos el adjetivo preocupado por un motivo esencial. La concepción terapéutica del ejercicio en la cultura china se remonta a milenios atrás y se diferencia en su totalidad de la cultura utilitarista y estetista moderna ligada, de nuevo, al Capital- del deporte en la civilización occidental. Ello lleva a la comprensión de la creación de un evidente método de control político con raíz en las históricas prácticas cotidianas del pueblo chino y la aceptación conciente del mismo. Incluso puede pensarse que el Estado comunista haya considerado su generalización desde supuestos legítimos y aceptados como propios por sus mismos miembros, más allá de sus ordenamientos políticos.

El documental citado, establecía una cronología mínima de la utilización de la citada gimnasia radial desde su creación hasta la década del 2010. En la lucha por tratar de entender la exposición de la voz en off y los entrevistados me resultó extremadamente interesante el bajo nivel analítico del reportaje, el cual se dedicó exclusivamente a proponer las ventajas del método como un descubrimiento del agua tibia por parte del Estado comunista de los 50, acatado entusiastamente por la población. Por supuesto, fue imprescindible su relación con las milenarias prácticas de tratamiento terapéutico chinas más ello fue minimizado en lo posible, entre slogans, música realsocialista e imágenes de sonrisas mas ascéticas que una sábana blanca salida de una tintorería.

El segundo momento interesante fue el de las décadas de los años 90 hasta la actualidad, donde el principal argumento fue la ampliación de los patrones deportivos y de ejercitación de la población china, con la adopción de la liberalización económica socialista. El planteamiento escondía soberanamente el hecho de que los métodos de control ciudadano habían sufrido una traslación desde las directísimas prácticas totales de la época Mao hacia las más subrepticias visiones posmodernas del laissez-faire neoliberal, que hace descansar todo un pase de manos de ilusionismo político- en el individuo la elección de un mínimo de opciones preconcebidas y sistémicas de utilización de su tiempo de ocio, en el cual se incluirían las últimas y elitistas modas de los gym occidentales, los spa, las piscinas bajo techo y el jogging[2]. Todo ello junto a las más populares caminatas en los parques, el Taiji mañanero o los totales picnics de todo un día de duración- a cerros cercanos, verdaderos patrones de sabiduría ancestral no necesitada de explicaciones o distribuciones verticalistas para desarrollarse autónomamente.

Cartel comercial de una de las dos empresas de telecomunicaciones que monopolizan el mercado telefónico chino. La foto fue tomada en el metro de Guangzhou y los textos hacen referencia a la promoción de un nuevo tipo de tarjetas telefónicas.

Mi sorpresa fue grande cuando, en una visita a una institución donde trabaja una amiga china, constaté la sobrevivencia de la transmisión radial de la gimnasia, tal vez con algunos cambios actuales, y su utilización por algunos[3] palpable ejemplo de la realidad diaria de ciertos trabajadores de cuello blanco para desentumecer sus músculos y sentaderas. Igualmente, a través de algunas experiencias personales y de primera mano de amigos he conocido de la práctica en escuelas de Guangzhou, primarias y de nivel medio y medio superior[4], de gimnasias matutinas como la descrita al inicio de este artículo. Sin embargo, la resistencia a estas actividades fue comprobada ante el indiscutible desestímulo encontrado en los chicos que se ubicaban en las filas traseras de los conjuntos estudiantiles, más preocupados por conversar y por chatear con sus celulares que por la repetitiva monotonía de los altavoces y la pantomima de sus compañeros de más adelante.

Mas, existe otra práctica que por contradictoria consideramos representa un especial momento en la dinámica china actual. La vida universitaria de los jóvenes que buscan una especialización profesional para tratar de insertarse en el mercado laboral desde posiciones un tanto más favorables que las de otros compatriotas se inicia con un mes de concentrado militar en los predios de la misma universidad en la que van a estudiar.

Desde horas tempranas en la mañana hasta aproximadamente las 8 pm, se perciben los lemas provenientes de cientos de púberes gargantas que se trasladan de aquí para allá o el silencio de los que escuchan atentamente las explicaciones de los técnicos militares. El sudor y el cansancio son incuestionables en los rostros y cuerpos de chicas y chicos y al finalizar la jornada sólo las ganas de comer y dormir los hace arrastrar el uniforme hacia los comedores y albergues. No obstante, y a pesar del cielo, no todo es gris: las risas y la solidaridad entre ellos dispersa el calor de septiembre y las largas horas de un entrenamiento que, al ser de nada más que un mes de duración por sí mismo acentúa su paradoja: ¿realmente buscan los creadores de este sistema que el joven aprenda algo de la vida militar cuando por delante le esperan de cuatro a cinco años de duros estudios que no van tener ninguna relación con ese mes inicial? ¿cuál es el objetivo de estos entrenamientos, diversificados en clases de marcha, posiciones, ejercicios físicos, defensa personal, los cuales con seguridad son vistos por los alumnos como un obstáculo necesario a salvar en aras de su futuro académico y laboral?

Algunas pistas para el lector que nos sigue. 1) esta experiencia ha sido recogida por el autor de este trabajo en uno de los campus de una universidad pedagógica de la provincia de Guangdong, lo cual puede llevar a hipótesis y preguntas como: ¿Y las demás universidades de la provincia no tienen el mismo sistema? ¿Acaso por ser una universidad pedagógica, conocido el conservadurismo educativo chino, es precisamente ahí donde debe existir ese sistema? ¿Es un experimento o una práctica oficial ya duradera en todas las universidades del país?; 2) el régimen de estudio programado después de los entrenamientos es poco menos que dictatorial, con un número elevado de asignaturas a estudiar, con sesiones de clases que se extienden hasta cerca de las 9:00 pm varias veces a la semana y con profesores que la mayor parte del tiempo sólo se dedican a pasar el conocimiento académico a sus alumnos con una verticalidad pasmosa; 3) las características de la vida en las aulas y en los dormitorios es extremadamente frugal: salones de conferencias de 60 estudiantes y cuartos donde conviven de cuatro a seis estudiantes en albergues cuya reglamentación exige su cierre sobre las 11:00 pm; 4) la total subordinación sin ambages del estudiantado al profesorado se huele en todos los espacios y rincones de la universidad, afirmando con su (re)producción día a día y curso a curso la unilateral verticalidad y jerarquización confuciana presente en la educación china desde tiempos inmemoriales

El número de estudiantes chinos, totalmente en relación con el movimiento de la sociedad[5], puede explicar muchas de estas realidades pues es imaginable la presión inherente al duro contexto de una clase de 60 estudiantes y un solitario profesor. Sin embargo, teniendo en cuenta las evoluciones de la vida académica e interpersonal a nivel mundial, tendientes cada vez más hacia la democratización de los planes de estudio y las dinámicas profesor-alumno en las universidades, resulta cuando menos asombroso que en China aún exista este panorama. La televisión, la prensa plana, la opinión de todos los ciudadanos del país refiere la dura vida de los estudiantes a través de todo el espectro educacional, los cuales viven en una especie de constante síndrome de agotamiento que solamente es soportable con repetidas y cortas sesiones de sueño en los momentos y lugares más inimaginables[6]. Incluso es famosa y reconocida a nivel nacional con un nombre sustancial y grandilocuente la fecha de los exámenes de ingreso a la universidad, momento de excepcional importancia en la vida de los jóvenes chinos.

Diferentes momentos del mes de entrenamiento militar en las universidades al inicio del curso escolar.

Preguntas, entonces: ¿dónde cabe aquí un mes de entrenamiento militar justo antes de comenzar el primer curso académico universitario? ¿Qué lógica puede descansar en que sea sólo un experimento o se despliegue nada más que en un tipo de universidad o en una sola provincia del país? En nuestro punto de vista se proponen respuestas: sólo el ambiente represivo y ascético de la vida militar de ese mes de entrenamiento puede explicar su existencia y hermanamiento con la psicología jerárquica confuciana característica de los espacios educacionales chinos y sus altos niveles de subordinación. Ese mes de preparación marcará finalmente a los educandos como entes esencialmente seguidores y los ayudará con vistas a la frugalidad de los años de estudio. Incluso muchos de los numerosos actos extraescolares universitarios en espacios abiertos rezuman disciplina militaroide, con poses extremadamente estudiadas y una distribución espacial especialmente escalonada.

Una amiga china, señora de más de cincuenta años, me explicaba que este tipo de entrenamiento obligatorio para todas las universidades del país- era necesario pues la mayoría de los chicos que entran a la universidad en la actualidad son jóvenes consentidos y malcriados, que no encuentran en sus hogares más que comodidades y asentimientos por parte de sus padres[7] y sin conocimiento real sobre la vida hogareña urbana actual. Sin embargo, consideramos que dichas necesidades pueden ser convenientemente satisfechas y de hecho sucede- en la vida en común en los dormitorios y no precisamente en el aprendizaje de marchas militares y utilización de fusiles de combate. Incluso, consideramos que la evidente realidad de chicos de familias numerosas, urbanas también, preparados para el día a día junto a hermanos y padres y que se diferencian sobremanera de los pusilánimes y descorteses vástagos de las familias nucleares de las citadinas clases medias y medias altas es muestra fehaciente de lo ridículo de un proceso de adoctrinamiento que sólo se vincula al sistema educativo por su esencia represiva y alienante.

Yendo más lejos, consideramos que todos estos aspectos, cuyo mes de constante ejercicio militarizado a la vista de todos es considerado como normal y esencial preparación novicial, están relacionados íntimamente con la vida a encontrar por los futuros graduados en su vida laboral. La verticalidad confuciana iniciada en la familia y profundizada en la escuela no termina ahí: cada centro laboral de China, ya fuere estatal o privado rinde especial culto a una milenaria y extrema escala verticalista que en estos tiempos de generalización capitalista es muy conveniente cuando de ganancias y plusvalía se habla.

Ya en la vida laboral, muchas actividades consideradas tradicionales o características de determinada época o ideología política siguen siendo trastocadas y su simbología adaptada a los nuevos tiempos de competencia y ansias de triunfo. Hablábamos de los derroteros de la gimnasia matutina, vaciada de su contenido popular tradicional por medio de su reforma utilitarista controladora del Estado comunista y la posterior eliminación de la misma por esa misma institución bajo los supuestos del individualismo liberal proveniente de la apertura económica. Reflexionábamos sobre un posible mecanismo de amoldamiento social desde la militarización de la vida educacional con evidentes repercusiones en una vida profesional en la cual los jefes pueden ser considerados como hermanos mayores o padres y cuyas lealtades o consideraciones no son ni pública ni frecuentemente desobedecidas. El castigo a ello es una reprimenda o la pérdida de la plaza y podemos imaginarnos con exactitud cual puede ser el papel de los vericuetos del carácter y la personalidad en estos escenarios.

Toda este alineamiento uniforme y descendente en la conformación de patrones sociales y laborales ha encontrado especial cima en los sucesos acaecidos en la primavera del pasado año cuando en fábricas ramales de Guangdong del emporio capitalista taiwanés Foxconn se dieron repetidos casos de suicidios entre los obreros. Estas empresas han operado en China durante décadas bajo las mismas circunstancias y fue sólo el pasado año cuando vino a reventar el globo. En consecuencia, las explicaciones se han dirigido a las superficies del problema, cuando las reflexiones de economistas, periodistas y estudiosos de las ciencias sociales y clínicas definen al rompimiento personalista con lo estipulado en los contratos, a las casi esclavistas condiciones de producción e incluso a las capacidades físicas y mentales de los obreros como las causas fundamentales de los sucesos siendo ello realmente la consecuencia de toda la subordinación engendrada por el capitalismo. En este sentido, cientos de obreros no preparados en universidades y de bajísimo nivel cultural, admiten durante años un deleznable tratamiento laboral porque además de necesitar a muerte el dinero- no saben responder a las disposiciones de una maquinaria de poder que aumenta por diez lo aprendido desde pequeñitos en sus aldeas y/o familias.

¿Soluciones? Llamados a la responsabilidad laboral y humana de las empresas y sus directivos; reflexiones sobre la necesidad de un reforzamiento de las inspecciones gubernamentales o de comisiones privadas; endurecimiento temporal del discurso estatal o de la prensa, exigentes de la profundización de la profesionalidad de cuadros y empresarios; ideas tendientes a la elevación de la seriedad del gobierno- al conformar permisos y contratos con empresas privadas extranjeras incluso no faltaron paradas de rezos budistas de los compañeros de los suicidas por las almas de estos últimos, siempre fuera del horario de trabajo, o la creación de espacios de tratamiento psicológico para los obreros más perturbados o que la patronal considerase necesario de ese servicio.

Ninguna de estas acciones van dirigidas al corazón del problema: la profundización de la alienación productiva en las fábricas chinas, muchas localizadas en regiones rurales donde sus obreros, apartados de toda comunidad humana fuera de la suya propia, pasan los años malviviendo y satisfaciendo a distancia las necesidades de sus familiares en el hogar lejano. Estamos de acuerdo con el hecho de que esta es una realidad que se puede encontrar no solamente en China sino en la totalidad de los países del Tercer Mundo e incluso del Primero. Mas, en este país, donde Confucio ayuda desde las cenizas de sus huesos a todo aquel que se encuentre en los escalones superiores de las pirámides de poder, la alienación laboral capitalista se acentúa de forma exclusiva hasta el punto de provocar altísimos niveles de internalización de la fatalidad del destino propio, trascendiendo así los imponderables de la lucha de clases.

Otro de los paradigmas simbólicos de la época maoísta, los carteles de diseño realsocialista, característicos por sus colores y figuras siempre exaltadas y sonrientes[8] también se embarca en la carrerita por el dinero y las almas de los consumidores. En la calle, en el metro, en Internet, en la tele, cualquier lugar puede ser válido para la aparición de un cartel de nuevo tipo que invita a la compra de un servicio telefónico, de un paquete turístico o de la unidad del pueblo bajo el gobierno del Partido en tiempos de armonía en la sociedad sociocapitalista china.

Con estas nuevas producciones, la industria de las relaciones públicas chinas da un paso de avance en la adaptación de los motivos simbólicos realcomunistas y generando un fenómeno nunca antes por ojos humanos visto: la total imbricación, que no cooptación, del imaginario cuasi-liberador chino de los años 50 al 80 al espejismo liberal de la vida del capital, paseo de carrusel alrededor de la relación de subordinación patrón-obrero/jefe-subordinado. Y el Estado comunista chino actual, heredero real no es mentira cuando lo dicen los actuales líderes- de las enseñanzas del Camarada Mao y de Deng Xiaoping, permite, ensalza estas prácticas desde lo alto de los balcones de Tiananmen. No puede ser de otra forma cuando las mismas relaciones de empoderización social y económica del régimen capitalista permean toda la experiencia de la construcción del socialismo chino. El Estado chino ha permanecido incólume en sus esencias desde el nacimiento de las dinastías, en la época moderna aderezado con las más legítimas formas de reproducción del poder desde las trincheras de la educación, los mass media y las Flores de Liz del liberal-republicanismo.

Extracto de anuncio comercial que aparece en los servicios del navegador del programa por excelencia de las redes sociales chinas, QQ, copia local de sus homólogos de Yahoo, MSN Hotmail o Google.

No obstante, no hay que llamarse a engaño. Aunque la sociedad china está cada vez más conciente de su inserción en la Aldea global, lo hace aún desde posiciones aldeanas y a un tiempo muy retardado que niega hasta el peligro de desaparición del planeta por a acción devoradora del ser humano. Las dinámicas cotidianas chinas están surcadas y tintadas por el confucianismo más conservador desde hace varios milenios y no han sido suficientes una revolución republicana, una comunista y otra neoliberal para trascender esa autocomprensión cultural.

Hasta la disposición de los cuerpos de las personas ha sido marcada por tal influencia. Son legendarias por su crueldad, aunque entendibles culturalmente, la práctica del empequeñecimiento de los pies de las mujeres en épocas dinásticas, toda una tortura comprendida hasta por ellas mismas. Los colores de las ropas, las modas, la utilización de accesorios como sombreros o alhajas, todo está señalado por una austeridad utilitarista que incluso la revolución comunista de 1949 no hizo más que ahondar con la disposición de la uniformidad de la vestimenta proletaria. Pero ello está, empero, cambiando en la actualidad y son las escuelas, universidades y los espacios frecuentados por jóvenes el pote donde se cocinan las más ricas, aunque aún tímidas, expresiones de desorden cultural.

Y subrayo desorden porque lo es hasta el punto en que se convierte en norma, fanáticos como son los chinos a ellas. El hip hop con todas sus variantes, por ejemplo, ha encontrado en el público joven una aceptación excepcional, tanto que a nuestro entender resulta el paradigma del despliegue corporal no sólo en el baile sino también en la moda. Las chicas más populares son las que muestran mayor manejo de sus humanidades y lo hacen con gusto, a sabiendas que ello les puede abrir muchas puertas, ya fuere en la industria del entretenimiento TV, discos, los populares grupos de porristas, etc.- o como ofrecedoras de servicios de baile profesionales. Por su parte, los chicos imitan a las estrellas de TV o de la música y el canto, de Corea, Japón, Hong Kong, Taiwán o continentales, haciendo todo lo posible por impresionar a las chicas, siempre en grupos puramente masculinos a prudente distancia de los femeninos. Entrenan sus cuerpos y sudan codo a codo con amigas ellas- y amigos ellos-, frente a espejos que les devuelven sonrisas y guiños practicados hasta el cansancio, y que luego mostrarán en las discotecas, envueltos en humos de cigarros, vahos de alcohol y luces y sonidos estridentes hasta la locura.

Que todo esto suceda no es nada nuevo para los occidentales, pero sí lo es para China. Paso a paso, la cultura tradicional se ve a sí misma erosionada, controlada en nuevas direcciones por personas que conforman su propio juego de control, sabichosos de las mieles del poder. No escapan los de arriba, más concientes que otros, y cumplen su cometido de la Altura, descargando rayos y centellas sobre el de abajo cuales nuevos Júpiter de túnica que ha trastocado el dragón por la serpiente y provoca que el jean vaya desbancando al camisón tradicional.

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Estoy tan enojada que quiero arrojar el teléfono lejos de mí. Un año en este país, casi había olvidado cuan estúpidas pueden ser estas reglamentaciones chinas. El individuo pertenece al Estado, no pertenece a sí mismo. Sí, quiero ser despedida. Por favor, despídanme. Pero también sé que ellos sólo están amenazándome. Ellos siempre amenazan a las personas pequeñas en nombre de toda la nación. Y una no tiene la menor escapatoria ante esto. Es igual que en el pequeño libro rojo de Mao, está escrito en tonos imperativos

(Monólogo de Zhuang Xiaoqiao protagonista del libro Breve diccionario chino-inglés para enamorados, de Guo Xiaolu, 2007- ante la certeza de ser despedida de su trabajo por estar ausente más tiempo del estipulado en su contrato al encontrarse en Londres, a donde fue a estudiar inglés con los gastos pagados por su familia.)

Me siento fuera de lugar en China. A donde quiera que voy, casas de té, restaurantes de Huoguo, en los parques del Pueblo, en los Dunkin Donuts, incluso en la cima de la Gran Muralla, todos hablan sobre comprar autos y casas, invertir en nuevas producciones, agarrar la oportunidad de los Juegos Olímpicos de 2008 para hacer algún dinero, o robar directamente de los bolsillos de los extranjeros. No puedo unirme a sus conversaciones. Mi mundo parece ser demasiado no práctico e improductivo. ¡Pero puedes hablar inglés, con eso sólo deberías estar ganando montones de dinero! En esos tiempos todo lo que tenga que ver con Occidente da dinero. Mis amigos y familiares no dejan de repetirme lo mismo.

(Otro monólogo de Zhuang Xiaoqiao, esta vez después de regresar de Londres y habiendo vivido sola en Beijing por tres meses, desoyendo los consejos de su madre:

¡¿Acaso estas esperando porque los conejos caigan por sí mismos desde los árboles y entonces los puedas atrapar sin ningún esfuerzo?! Realmente no entiendo a los jóvenes de hoy. Tu padre y yo hemos trabajado como perros, pero tú no acabas de despertar. Bueno, es tiempo de que dejes de soñar y encuentres un trabajo apropiado y un hombre apropiado. ¡Cásate y ten hijos antes que tu padre y yo estemos muertos!)

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