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Por Paulo Gutiérrez Cascante
El siguiente articulo no pretende discutir, ni mucho menos proponer nuevas definiciones estrictas de pobreza, más bien intenta explorar la visión que tienen de la misma, los ciudadanos comunes que viven o no la pobreza material, y reflexionar en torno a los posibles efectos que estas visiones sobre la pobreza tendrían para perpetuar y naturalizar y justificar las condiciones cada vez más desiguales que caracterizan la vida actual.

La gelatinosa pobreza
Las metodologías para definir la pobreza van desde las más simplistas hasta las más sofisticadas, algunas la definen a partir de las necesidades calóricas del ser humano, pasando por la determinación del costo de las necesidades básicas, a partir de una canasta básica de consumo, y hasta las tan utilizadas líneas de pobreza. El objetivo del presente trabajo no es discutir estas y las tantas otras definiciones existentes; sin embargo, se hace vital partir del hecho de que existen condiciones objetivas de vida que son desventajosas, sobre las de otros grupos sociales; la pobreza, al contrario de los que algunas personas escriben, no es espiritual o mental; efectivamente, el sistema actual de producción y reproducción del capital produce condiciones reales desventajosas para un gran número de personas en el mundo, estas condiciones prevalecen, y no existe la voluntad mundial y el compromiso social para detener un modelo y una tendencia de por si inhumana, que deriva en la aceptación y hasta naturalización de la pobreza, condenando a este gran número de población mundial a vivir en condiciones realmente deplorables, y sin esperanzas de salir de esta condición. ¿Será que estamos perpetuando una serie de elementos simbólicos dirigidos a naturalizar la pobreza y a resignar a las personas que viven en estas condiciones objetivas-reales de exclusión, y cuáles serian estos elementos que resignan a gran parte de la población mundial a esta condición de pobreza? Este trabajo no pretende partir de supuestas visiones de mundo de las personas que viven en condiciones de pobreza, más bien es un primer acercamiento para poner voz a los sin voz, y exponer cuestiones preocupantes, que estamos pasando por alto, que no pueden de ninguna manera seguir en esta condición, más bien necesitan de la reflexión para pasar a la acción, y revertir un modelo inhumano y para nada solidario.
Ocultamiento/legitimación. "De los pobres será el reino de los cielos"La visión social sobre la pobreza en la actualidad está siendo permeada por formas muy sutiles de ocultamiento y legitimación o naturalización de la pobreza, que realmente merecen ser evaluadas para conocer su origen y graves consecuencias en la reproducción de condiciones desiguales de vida.
La sociedad posmoderna y de consumo está eludiendo su responsabilidad social sobre la pobreza, convirtiéndola en un fenómeno individualista, en sus causas, vivencias y soluciones. Es cada día menos un problema social que nos afecta a todos de una u otra forma; mayores grados de criminalidad y descontento social son sólo algunos ejemplos. Sin embargo, las tendencias actuales hacen recaer la responsabilidad de la pobreza sobre decisiones o situaciones individuales, así como predominan las visiones hasta metafísicas de las posibles soluciones: el poder de la mente, la autoayuda, la superación personal, pensamientos que venden la idea de que basta con proponerte metas en la vida, luchar y creer en ellas, para salir de la pobreza, cuando es bien sabido que esta es un problema estructural, con consecuencias complejas, y soluciones aun más complejas. La pobreza es consecuencia del acceso diferenciado de distintos sectores a los beneficios sociales y materiales , además de la diferenciación y los conflictos de origen estructural (luchas de clases, explotación, estratificación socio-económica, dominación y luchas de poder) en la disposición desigual de bienes simbólicos, y oportunidades de acceso a medios para la movilidad social o las condiciones de vida digna.
En sociedades donde el esparcimiento, el arte y el entretenimiento están casi siempre ligados al consumo y al despilfarro, se da un fenómeno simbólico realmente nocivo para los altos porcentajes de población pobre: los valores del ahorro, de la responsabilidad económica de la valorización del ser humano, más allá de su capacidad de consumo, son más bien disvalores, condenando a los pobres a sentimientos de frustración, ya que el ahorro es una condición necesaria para la movilidad social y el aseguramiento de condiciones futuras de vida aceptables.
La sociedad en general -sin echar la culpa sólo a los Gobiernos o Estados Nacionales- está naturalizando la pobreza, es decir, aceptando su existencia como condición inherente de la vida humana en este planeta, justificándola, en decisiones personales, y dejando la responsabilidad de las soluciones a la literatura barata de autoayuda y poder de la mente, sin siquiera preguntarnos qué sienten las propias personas pobres ante tanta ignorancia simbólica hacia una problemática, gravísima, para nada natural, más bien causada por la explotación, el egoísmo, la falta de solidaridad, la deshumanización y la individualización de la vida.
La pobreza como modo de vida. "Pobre pero honrado"
La forma en que los pobres visualizan los orígenes y causas de la pobreza parece estar siendo determinada por algunos "síntomas básicos”. Una Visión fatalista: la pobreza como resultado de la voluntad divina o del destino. De esta última vertiente es importante recuperar la noción subyacente de la pobreza como un factor de transmisión inter-generacional. El Síndrome del auto-culpamiento, esto es, la pobreza como un resultado mediado por la irresponsabilidad personal en términos de decisiones y prácticas vistas como erróneas: mala administración de bienes, niveles de gasto superiores a ingreso, vagancia, drogas, alcoholismo. Y, desgraciadamente, no se percibe la pobreza como un resultado social mediado por la inequidad en la distribución del ingreso y la riqueza , así como en el acceso a oportunidades de empleo y educación, en un modelo desigual, deshumano y cada vez mas mercantilista y materialista.
Una forma de vida, o lo que podríamos llamar una "sub-cultura de la pobreza", podría estarse convirtiendo en otra forma más de naturalizar la pobreza, ya no sólo desde el conjunto de la sociedad y los sectores dominantes, sino desde dentro de la propia vivencia de la pobreza. Esta forma de vida tendría sus propias estructuras de pensamiento, de vivencia cotidiana, de posicionamientos religioso-espirituales, dirigidos a ajustarse y proteger su subjetividad ante las condiciones desiguales que viven, y ante la ignorancia social, para dar soluciones o al menos medios para que ellos puedan salir de su condición, y vivamos en países más justos, es decir un mecanismo de defensa. Así pues, la pobreza no se trataría sólo de privaciones económicas, sino que lleva consigo un modo de vida, que estaría siendo una forma estratégica de legitimar la pobreza, ya no solo desde afuera sino desde la intersubjetividad de las propias personas pobres. Estratégico ya que esta subcultura de la pobreza sería a al vez una forma de adaptarse y una reacción de los pobres ante su posición y condición marginada en una sociedad capitalista, estratificada e individualista; es un esfuerzo para detener los sentimientos de desesperación y desesperanza que surgen de la notoria improbabilidad de salir de su condición o de poder cambiar las condiciones de vida, por esto inhibe la posibilidad de la lucha social y del surgimiento de alternativas politico-ideológicas que pongan en jaque el sistema actual que favorece mucho, pero a pocos.
Los pobres tienen cada vez más dificultades de organización, existe desconfianza en la autoridades gubernamentales y gran apatía política, sobre todo porque ven la mayor parte de sus días consumidos en el trabajo –mal pagado– y en el entretenimiento más accesible para ellos, la televisión; por eso no es de sorprenderse ver casas en condiciones para nada buenas con televisores de gran tamaño y sofisticación, ya que puede ser el único distractor de sus condiciones desfavorables de vida, y el stress que esto genera, tampoco es de extrañarse ver centros comerciales repletos de "miraventanas", que no tienen la posibilidad de consumir a la par de los grandes despilfarradores. Otro rasgo de este modo de vida de pobreza es la existencia de fuertes valores religiosos y espirituales; la fe es una compañera fiel ante las dificultades de la vida objetiva y mundana; "de los pobres será el reino de los cielos", "pobre pero honrado", "pobre, pero rico espiritualmente", son algunas de la frases que escuchamos –tanto desde los estratos altos, como medios y bajos– que serían parte de esta forma de refugio y justificación de las condiciones actuales escandalosas de desigualdad, donde unos se cubren de pieles y pagan por vestidos con hilos de oro, y otros muchos mueren de inanición y viven en la extrema pobreza y la indigencia.
De la naturalización a la humanización de la pobreza
Hacia una visión alternativa de la pobreza: esta es la dirección que debemos de procurar, lo antes posible y día a día, aunque no sea fácil; se sabe que los cambios de mentalidad y los procesos sociales toman tiempo, pero por algo debemos empezar, y no seguir reproduciendo esta idea tan deshumanizada de la condición natural de la pobreza, que, según esta visión, ha estado, está y estará ahí como el cielo, el mar y el aire, natural y perpetua.
Debemos abandonar la idea de que sólo con el esfuerzo individual y el poder de la mente basta para salir de la pobreza, cuando esta es un problema estructural, que no basta con ganas sino que hay que cambiar las condiciones objetivas e inapelables que la producen y reproducen.
Por un lado, el sistema da la esperanza individualista y hasta metafísica de salir de la pobreza, negándoles la estrategia de la lucha social y la resistencia, y por el otro lado, vende los ideales del consumo, despedazando las posibilidades de ahorro de los pobres, para aspirar al menos llegar a una clase media. En conclusión, el sistema necesita pobres, la caridad de solo un parche que nunca solucionaría nada, esa es su estrategia, ya que la solución de la pobreza significaría la llegada a sociedades mas justas, y justicia y capitalismo no concuerdan en nada. El primer paso está en nuestras manos, mentalizándonos en propagar ideas contra la naturalización de la pobreza, y sí hacia la humanización de la misma.

Heredia (Costa Rica). Febrero 2008: http://www.rebelion.org/noticia_pdf.php?id=62842 (OC agradece fraternalmente al compañero Desiderio Navarro por compartirnos este texto).