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Por Ovidio D’Angelo

Necesidad de contextualizar y ampliar el debate

De acuerdo al comentario de Rolando López del Amo, aparecida en cubadebate el 27de julio de este año, parece que el libro del compañero Vascós Socialismo y Mercado puede ser interesante. De hecho, la relación entre socialismo y mercado ha sido, durante años, uno de esos temas excluidos a priori de la discusión sociopolítica. No el único, como veremos más adelante.

Sin embargo, me quiero referir primero a ciertas cuestiones planteadas que, me parece, merecen un comentario aclaratorio.

La primera, de Rolando López, plantea la opinión ciertamente ya esbozada entre algunos autores- de que la denominación Socialismo del siglo XXI debería sustituirse por la de Socialismo en el siglo XXI, algo con lo que pudiéramos estar medio de acuerdo ó medio en desacuerdo, en dependencia del énfasis argumentativo.

1- Si se trata, no de la referencia a una corriente que, en realidad, parece aún bastante difusa sino de un espacio-momento histórico de apertura a la superación de los socialismos reales ó de los socialismos de rumbo transnacional capitalista (en lo que coincido con algunos otros comentaristas sobre la realidad china, al menos mientras no se vislumbre una vía de re-encauzar la apertura capitalista hacia objetivos socialistas, más allá del impacto económico y de algunos indicadores sociales, mientras otros se mantienen críticos), entonces estaría de acuerdo en que el socialismo en el siglo XXI, aún con características propias de los países, estaría definiendo algo diferente a lo entendido hasta ahora por Socialismo volveré a esto-.

2- Ahora si de lo que se trata, con la referencia a formas diversas en correspondencia con las condiciones específicas de cada lugar es de justificar lo existente en cada país y santificarlo o sacralizarlo, entonces creo que vamos por el camino equivocado. El asunto no resulta traído por los pelos, porque ese argumento uno se lo encuentra en discursos de varios lugares, con el propósito de dejar sentado que la forma en que se aplica el socialismo, en determinado país, es así porque corresponde a sus características y tradiciones propias.

En efecto, como plantea el propio Rolando López, cuando hablamos del socialismo de nuestro tiempo, independientemente de su forma, debe haber algo que lo caracterice como tal; él lo refiere a: el poder político de los trabajadores, el predominio de la propiedad social sobre los principales medios de producción.

Pero en ese caso deberíamos preguntarnos: ¿qué es el poder político de los trabajadores?, ¿qué es el predominio de la propiedad social sobre los principales medios de producción?

Se podría aceptar la idea de que los clásicos del marxismo no podían tener una idea precisa acerca de qué sería el socialismo, en el momento histórico en que elaboraron sus análisis y teorías. Sin embargo, a pesar de la fugacidad de la Comuna de París, tanto Marx como Engels dedicaron extensos análisis y pronósticos, en diferentes obras, a su significación, como forma posible de comunismo realizado. Es más, sirvió como modelo sobre el que se tejió la teoría revolucionaria marxista sobre el Estado en las distintas fases del socialismo: Un Estado-Comuna directamente dirigido por asambleas de trabajadores y de ciudadanos pobres, en las actividades económicas y en las políticas; un Estado que, una vez aplastada la reacción clasista de la burguesía, pasaría de una fase de dictadura del proletariado a crear las condiciones de su extinción progresiva: del dominio sobre las personas a la administración de las cosas, sentenciaba Engels.

Para el propio Lenin, tanto antes como después de la Revolución de Octubre, la Comuna siguió siendo una referencia a lograr como modelo político y económico de socialismo; es más, el empleo de los soviets consejos de obreros, campesinos y soldados revolucionarios, como forma de estado revolucionario- con ese fin, fue una de las ideas seminales, si bien pospuesta por las condiciones reinantes de la revolución rusa de post-guerra como plantea Rolando López-.

El propio Lenin siempre trató, mientras pudieron existir y siempre que fue posible, de que en los consejos de obreros y campesinos soviets- la presencia de los militantes comunistas fuera la que lograra la educación consciente de los trabajadores, pero con apertura y respeto de las opciones de las mayorías (ganar las mayorías, no aplastarlas o imponerse sobre ellas fue siempre su divisa, como correspondía al papel del debate de ideas y a la función del partido).

Más allá de la discusión acerca de los criterios leninistas y de Rosa Luxemburgo acerca del papel del Partido en la dirección del Estado vs. Consejos obreros-campesinos, y al papel del partido en el proceso, el tema queda aún por precisar, a la luz, precisamente, de la experiencia histórica de los socialismos, incluida la nuestra.

Esto nos podría aclarar, de cara al Siglo XXI, qué y como debería ser el poder político y el ejercicio ciudadano de los trabajadores y el resto del pueblo.

Con respecto a la forma de socialización de la propiedad, por otro lado, tanto Marx como Engels y Lenin (aún en los momentos finales de su vida) abogaron, decididamente, por el trabajo cooperado de los obreros, como vía, a través de cooperativas, de realizar la propiedad social (aunque coordinados por medios generales: federaciones, agrupaciones, etc., ensambladas a los consejos obreros y populares de alguna manera, constituyentes del estado proletario); lo que para nada estaría reñido con la diversificación de las formas de propiedad y el aprovechamiento de la experiencia organizativa y tecnológica de los países capitalistas, sus medios de financiamiento y otras herramientas.

Por consecuencia de la coyuntura de las etapas iniciales críticas de la URSS y del encumbramiento del estalinismo, se naturalizaron ideas básicas (que llegaron a parecer inamovibles), las que se hicieron pilares permanentes de la visión normativa de socialismo que se pretendía, aún distorsionando el pensamiento de los clásicos, incluido el propio Lenin.

Baste citar algunas de esas naturalizaciones:

– El mercado como instrumento solamente del capitalismo, opuesto a la planificación centralizada.

– El Estado como centro omnipotente del poder no siempre realmente representativo de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo, sino, cada vez más, de la burocracia entronizada en el funcionariado y sus instituciones por encima la sociedad civil y el resto del pueblo.

– El Partido fundamentalmente su dirección central- como director de toda la política y estrategia de desarrollo del país, no como uno de los pilares elaboradores y concertadores de los intereses populares, desde marcos ideológicos abiertos y diferenciándose, definitivamente, de las funciones del Estado.

– Los medios de comunicación social como difusores de las ideas y programas coyunturales del grupo dominante en la dirección política del país, en un momento dado, y no como medios de debate y aprendizaje ciudadano sobre las líneas a seguir en la construcción de la sociedad.

– La participación obrera y popular como reafirmación de la voluntad del Estado-Partido, a través de actos de respaldo o, a lo más, consultivos, no de debate y construcción de posiciones fundamentales, quedando la toma de decisiones y su control, a todos los niveles, en manos del funcionariado como capa social.

– La propiedad social sobre los principales medios de producción, como la estatización de la propiedad y la gestión a través de estructuras e instituciones y funcionarios designados, quedando la participación de los trabajadores reducida a consejos de dirección de algunos niveles de los factores representativos de las organizaciones políticas y sindical, con un alto grado de subordinación y poca operatividad.

– La planificación como procedimiento burocrático manejado desde el Estado, sin participación democrática obrera y ciudadana en sus determinaciones y programas de desarrollo.

– Las organizaciones sociales y de masas como poleas trasmisoras subordinadas a las directivas del partido y sus prioridades, con escaso margen de autonomía, por encima o al margen de muchas de las necesidades e intereses populares y con fines de propaganda fundamentales.

Revertir esto no obvia, ni la utilización de los mecanismos de mercado en el socialismo, ni las funciones especializadas de regulación y proyección del Estado y sus especialistas, ni una nueva conceptualización de la democracia socialista, de la planificación democrática, de la gestión y autogestión obrera y ciudadana, de la asociatividad ciudadana respecto a la defensa de intereses legítimos en diversos campos de la vida social, etc.

La observancia de la reelaboración constructiva de muchos de los asuntos planteados más arriba son algunas de las características esenciales retomando las esencias de los clásicos del marxismo y muchos otros cultivadores del marxismo crítico- que, en mi opinión, definirían el nuevo Socialismo en el siglo XXI, más allá de características, tradiciones y fisionomías propias.

De lo contrario, a cualquier cosa se le podría poner el selloy cargar con sus consecuencias.

Como dije, no conozco aún el libro de Fidel Vascós y no sé si trató los temas de la sociedad total en esa relación socialismo-mercado; de cualquier manera, me parece que solo en esa dimensión integradora es que podría adquirir su sentido real.

No se trata, entonces, como es usual expresar, de enmendar deficiencias y errores, la cuestión es mucho más seria, es de concepciones medulares, además de desenredar la madeja de distorsiones creadas.

Creo que son estas y otras semejantes, las cuestiones medulares que deberíamos discutir hoy entre todos, por todos,con todos y para el bien de todos.