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Por Erasmo Calzadilla

Hoy la pequeña pantalla ha mostrado escenas del levantamiento estudiantil chileno en pleno apogeo. ¿Estaré siendo víctima de otro encantamiento mediático? Posiblemente, pero lo que he visto me ha fascinado. ¡Qué energía tan limpia y qué nivel de organización el de esos nenes que no llegan a los 20!

El caso es que del tiro me he puesto a comparar a los chilenitos con los polluelos que conocí en el pre de mantilla, y otros que a menudo me tropiezo en la calle, esos angelitos de uniforme azul. Los nuestros también han logrado un alto nivel de organización en lo que se refiere a fugarse de la escuela, boicotear clases, sobornar profesores, y hacer fraude. Cuidado, no estoy diciendo que sean malos, es la manera que han encontrado de luchar contra un sistema educacional autoritario, obsoleto y muy ajeno a sus intereses inmediatos. Sobre todo son el resultado de la sociedad en que viven. ¿Por qué no se organizan los cubanitos para luchar como los de Santiago si también nuestras escuelas están en ruinas? ¿Que la educación es gratis? ¿Que no cuesta nada acceder a las pruebas de ingreso? Solo en apariencia y papeles; la realidad es bien distinta.

No se organizan en primer lugar porque no ven a los adultos hacerlo. También porque les costaría demasiado caro (bien lo saben los más destacados del levantamiento en la Universidad de Santiago de Cuba que ocurrió unos años atrás). Pero no se organizan sobre todo porque no está en el ambiente; el individualismo, el hedonismo consumista y la alienación lo permean todo. Mostrar conciencia social y ser visto como un bicho raro es casi lo mismo, salvo que a todas luces no sea más que una pose.

Si el Capitalismo genera sus propios sepultureros el “socialismo” de Estado parece ser más eficiente en ese punto.

Tomado de Havana Times