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Por Rogelio M. Díaz Moreno

En lo que esperamos la nueva versión de los Lineamientos, que ya anunciaron saldrá en los estanquillos el próximo lunes, seguimos sacándoles lascas. El otro día me quedé pensando en las repercusiones que tiene que las regiones, díganse municipios y provincias, dispongan autónomamente de sus presupuestos, para cualesquiera fines que estimen pertinente invertir localmente.

La decisión de esta inversión la tomaría el Consejo de Administración Local, naturalmente, que tiene un Presidente que sale de entre los delegados a la Asamblea del Poder Popular, escogidos en nuestras elecciones. Hasta ahora la propia Asamblea escoge al Presidente, pero me parece que en adelante lo mejor sería que este empiece a ser escogido directamente por el pueblo de la localidad.

Y es que la persona que va a liderar las decisiones de inversión para atender las necesidades locales, que no es sino el Alcalde en la villa, debe tener un vínculo bien directo con los más afectados por sus decisiones. De hecho, estos electores tendrán sus prioridades y hay que ver en qué grado las comparten con los posibles candidatos al puesto. Tal vez un posible Alcalde piense que lo más importante es arreglar el bache en la Avenida por donde circula el ómnibus en el que se mueve el público local; tal vez otro estime que lo más importante es reparar la escuela y el policlínico; un tercero podría mostrarse preocupado por el deterioro de la red hidráulica, mientras el cuarto es la persona enérgica indicada para encarar a cierta empresa industrial local que está perjudicando con sus ruidos y contaminaciones el medio ambiente.

Pues bien, la mejor manera de asegurar que el presupuesto del pueblo se dirija a resolver el problema que más intensamente afecta a más personas es, en mi humilde opinión, que los candidatos, después de reunirse con la mayor cantidad de electores posibles y escucharlos, les expongan sus planes. Luego estos electores escogen a aquel que, piensan, les va a atender mejor las necesidades. Y, por supuesto, tengan esas reuniones de rendición de cuenta periódicas con posibilidad de revocación a un eventual funcionario resbaladizo, que tan oportunamente prevé nuestro sistema de Poder Popular; con las facturas del presupuesto ejecutado bien a la vista -como fue tradición del primer Alcalde comunista que tuvo nuestro país, en los tiempos de la república mediatizada, en el municipio capitalino de Regla.

En las condiciones esbozadas más arriba, mantenerse reelegido por la voluntad de los representados, resultará el mejor reconocimiento a los servidores públicos que cumplan su tarea. Tengo la convicción de que esta implementación iba a resultar óptima para los fines de todos los que nos proponemos perfeccionar el socialismo y la democracia en nuestro país. Pero, no sé por qué, no estoy seguro de que todo vaya a resultar de esta manera tan idílica. Además, da la impresión de que estoy descubriendo el agua tibia.

Publicado en: Bubusopia
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