Por Ovidio D´Angelo Hernández

Un acontecimiento inédito para los nuevos aires que se destapan en círculos sociales cubanos de hoy: El lanzamiento del libro Cooperativas y socialismo. Una mirada desde Cuba, de un colectivo de 23 autores cubanos y extranjeros, compilado por Camila Piñeiro Harnecker resultó, para mi sorpresa, un acontecimiento multitudinario de acercamiento de intelectuales y profesionales de diversa procedencia, de inspiración profunda resumida en las palabras iniciales de Joel Suárez, de algunos de los autores y las llamadas finales de Raúl Suárez: cultura cooperativista y autogestionaria, amor y sentido patriótico en los cruciales momentos del país.

Siguiendo lo que se indicó por algunos de los autores, es en este terreno donde se dirimen algunas de las importantes batallas de hoy. Las cooperativas, el énfasis autogestionario, como modos de socialización socialista de la producción y los procesos sociales indicado por Marx y Lenin, aunque olvidados por una práctica estatuida de socialismo burocrático procedente del estado-centrismo estalinista, luego exportado y generalizado como el modelo de socialismo real- constituyen hoy un punto enfático de viraje hacia el nuevo y esencial socialismo democrático, anti-burocrático y popular.

Lamentablemente, hay hechos de signo contrario: en un programa televisivo del mes de marzo, de amplia y reconocida audiencia por el tratamiento sin cortapisas de múltiples problemas sociales (Libre Acceso-Canal Habana), al tratar del tema Burocracia y burocratismo, se confundieron bastante los dos temas e, incluso, una versión profesoral afirmó, más o menos, que la Burocracia no es algo deformante sino una estructura organizativa social, de tipo piramidal y centralizada, necesaria en todo tipo de sociedad y que lo deformante eran las manifestaciones de burocratismo. El tema, que creí aclarado en diferentes foros y medios nacionales, resurgió como fantasma macabro en la legitimización de su naturaleza opresiva, al otorgársele a la Burocracia como sistema organizativo el carácter de fenómeno natural inevitable y necesario y no como instrumento de explotación en cualquier sociedad en que existe.

Esto se relaciona con el tema de la autogestión social y las formas de organización de la producción que estábamos comentando. La polémica Estado burocrático vs. Estado Comuna (más propio de un socialismo democrático, participativo, protagónico y profundamente popular) pasa por el eje de la cuestión de la propiedad y gestión estatal vs. cooperativa.

Como se apuntó en la presentación del libro mencionado, el tema no se reduce a la sumatoria de colectivos de trabajadores organizados en cooperativas si bien esa es una base organizativa necesaria- sino, también, al control de la producción y la planificación social a través de la constitución de redes y federaciones de cooperativas que articulen los diferentes sectores de la vida productiva nacional, por un lado, y por otro, a la imprescindible articulación entre producción y comunidad; es decir, la integración de las cooperativas al bien comunitario y sus necesidades, de manera que se tejan en un solo órgano productivo-social con intereses comunes y en pleno funcionamiento democrático desde las bases, para formar el plan territorial y nacional.

La construcción de la sociedad, desde la base y el territorio, mediante mecanismos de participación productiva y socio-política profundamente democráticos- juega con la idea esencial del socialismo de una sociedad de trabajadores por el bien común y la felicidad popular. Esto se contrapone al papel de las cooperativas en una sociedad capitalista, en las que la distribución de las ganancias y las soluciones participativas quedan sólo en beneficio del reducido número de la colectividad de trabajadores que la componen, siendo ajenas, muchas veces, al interés social más general .

Por tanto, cooperativas estrechamente vinculadas a un poder popular genuinamente participativo y democrático, desde las bases sociales y comunitarias, pueden ser una experiencia intensa y decisiva de neutralización de las organizaciones burocráticas que con aparente diferente sentido y con modos propios de funcionamiento en sociedades capitalistas y aquellas del socialismo real- dominaron todo el conjunto del plexo social y constituir, a cambio, un paso de avance considerable en la conformación de una sociedad socialista de nuevo tipo.

Esto nos llama la atención acerca de que no hay procesos puros económicos, políticos o sociales; todo está vinculado en cada uno de los procesos de nivel micro y macro de la sociedad. Y fue este, precisamente, uno de los aspectos críticos sobre los presentes lineamientos del Congreso del Partido que encontró bastante resistencia popular. El planteamiento de que la actualización económica se realizaría al margen de una renovación en los terrenos políticos, jurídicos y sociales, presentó la idea de fragmentación versus complejidad integradora de los procesos sociales que vivimos. Y, sin lugar a dudas, deberá ser uno de los elementos de corrección que deban ser atendidos en la reformulación de dichos lineamientos.

Y es que no puede haber transformación económico-social profunda (no que actualización efímera) al margen de los elementos políticos y jurídicos que la soportan. Es aquí donde considero oportuno mencionar otro texto reciente de amplia circulación nacional: el número 57 del 2010 de la Revista Caminos del Centro Martin Luther King junior-, donde en excelentes artículos se nos muestra una visión crítica aportadora del papel que la constitucionalidad y la legislación deben jugar en un nuevo modelo de sociedad socialista, a partir de los aportes latinoamericanos recientes al respecto, en las experiencias de algunos de los países del ALBA mencionadas.

No es que el tema sea tocado por primera vez pues han existido numerosos debates en círculos pequeños y algunos artículos en revistas como Temas y otras-, pero si por la profundidad y amplitud de su tratamiento, constituye otro hito a tener en cuenta, muy oportuno en el momento actual. Y no se trata, entonces, sólo de que los cambios que se establezcan por el Congreso del Partido sean tenidos en cuenta en las leyes vigentes, sino además de que el proceso de establecimiento del Estado de derecho renovado, parta de una concepción de la constitucionalidad y los derechos que se apropie de las aportaciones actuales y deje atrás determinadas figuras consagradas en nuestras constituciones socialistas como herencia inevitable de un modo de concebir el socialismo y el derecho desde una opción política y de interés estado-céntrico, para recolocar al soberano en toda la plenitud que le corresponde como pueblo, en tanto derechos y responsabilidades en la construcción social de la sociedad socialista que los represente de manera esencial y del que formen parte deliberante y decisoria, más allá de las estructuras intermedias y generales del Estado-burocracia y sus relaciones con el Partido.

Pero ese será tema de otro trabajo próximo.