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Hiram Hernández, Dmitri Prieto, Pável Alemán, Celia Hart Santamaría, Tato Quiñones, Mario Castillo

En la foto: Hiram Hernández Castro (derecha) en el evento “Las otras herencias de Octubre”, organizado por KHS en marzo de 2005; también, de izquierda a derecha: Dmitri Prieto, Pável Alemán, Celia Hart Santamaría, Tato Quiñones, Mario Castillo.

Hace 5 años se presentó el libro “Poder-Saber: una ciencia política de la liberación”, obra de Hiram Hernández Castro, uno de los fundadores de la Cátedra Haydée Santamaría (KHS), activista del Taller Vivir la Revolución y creador del espacio Pensamos Cuba. En el texto, Hiram se enfrenta al positivismo dominador que permea las concepciones tradicionales de la Ciencia Política, así como a las versiones dogmatizadoras del marxismo. Al tiempo no renuncia a confrontar las posibilidades de creación de una ciencia política de la liberación, reivindicando figuras como Antonio Gramsci y Michel Foucault, entre otras. Ganador del concurso Pinos Nuevos en ensayo científico-social, el libro de Hiram precedió subsecuentes premios homólogos otorgados a Jorge Luis Alemán y a Dmitri Prieto Samsónov, también partícipes de la Cátedra Haydée Santamaría.

Ponentes (Dmitri Prieto, Armando Chaguaceda, Pável Alemán, Tato Quiñones, Hiram Hernández, Carlos Simón) escuchan al público. “Las otras herencias de Octubre”, Sala Villena de la UNEAC, marzo 2005.

En estos momentos en que se define el futuro económico y político-social de Cuba, una relectura de “Poder-Saber” resulta muy conveniente para exorcizar la utilización tendenciosa de un pretendido discurso tecno-científico para “fundamentar” opciones dominadoras en el ámbito del debate sobre los escenarios de nuestra sociedad.

A continuación, publicamos por primera vez la versión íntegra del estudio introductorio al libro de Hiram, escrito por Dmitri Prieto Samsónov.

Descuarejingar la caja. Reflexión parcializada – a modo de prólogo.

No enseño yo sentencia demostrada
Ni exactas leyes de la ciencia enseño.

Traspasado el borde de la esquizofrenia, el poeta francés Antonin Artaud escribió: “No me parece que lo más urgente sea defender una cultura cuya existencia nunca ha liberado a un hombre de la preocupación de vivir mejor y de tener hambre, sino extraer de aquello que se llama cultura ideas cuya fuerza viviente es idéntica a la del hambre” [Artaud, A. Textos. Plaza & Janés, Barcelona, 2000, p. 9. Los subrayados en las citas son míos – DPS].

El libro del profesor Hiram Hernández (Reparto Buenavista, La Habana) se sitúa en el centro del debate sobre los destinos de las izquierdas. Un debate imprescindible, particularmente en Cuba. Llegó a su fin un milenio en extremo rico en sucesos, en el que emergieron tanto la modernidad como su crítica – y nació sin especial dramatismo un milenio nuevo, entre clips de Jennifer López, bombazos talibanes a los Budas en Afganistán, y performances holocáusticos de Bin Laden y Bush Jr. El apego mediático a una realidad distante, elaborada en sus glorias y desastres por fuerzas que suponemos externas al calor ventilado de un hogar (mínimo y humilde, pero dotado de televisor) crea un singular contraste con la realidad vivida; contraste que pide, exige, implora votos a favor de la contemplación piadosa y cómlice, a favor de la inactividad cívica, a favor de la abstención. En territorios fuera de su brillo, la(s) civilizacion(es) deposita(n) su entropía, su excremento, sus desechos, sus cuotas de barbarie – que a nosotros nos es concedido ver para no olvidar quiénes somos. Criterio suficiente para declararnos liberados de la participación en los destinos del mundo, función que delegamos cómodamente en quienes saben y por eso mandan (y/o viceversa).

La noticia triste es que los cubanos estamos en principio expuestos al alcance de tal “enfoque”. Y entonces, bienaventurados somos si al menos sentimos un cosquilleo mientras se nos posa en el cerebro el demonio hegeliano de la alienación. La caja negra de Skinner, de la cual en principio se sabe lo que en ella entra y lo que de ella sale, pero nunca lo que pasa dentro de ella, es un modelo que permanentemente aplican los actuales artistas del poder en el proceso de trabajo con el material que utilizan para sus obras.

Para nosotros, una de las ideas con fuerza viviente idéntica a la del hambre es la idea de la LIBERACIÓN. Probablemente, la única noción creada en Occidente que merece ser preservada para un futuro – propio o quizás ajeno. En la modernidad reciente, libertad e igualdad se convirtieron en “ideas-valor” [según los neomarxistas húngaros Agnes Heller y
Ferenc Feher]: ningún posicionamiento político posterior a 1945 pudo prescindir de su utilización extensiva. Pero fue en la América Latina donde el término LIBERACIÓN –que sumó los deseos de un vivir libertario y equitativo- alcanzó la madurez que lo convirtió en seña de identidad de una nueva y radical producción teórica. No hay liberación sin proceso simultáneo de igualdad y libertad, destinos de nunca alcanzar, pero verdaderos en tanto aspiraciones de mujeres y hombres que desde su irredención optaron por pensar un camino propio. Los movimientos contestatarios, que retan a los poderes establecidos con espectaculares acciones coordinadas a través de la red digital que envuelve el planeta, son los protagonistas actuales de la praxis liberadora.

LIBERACIÓN es andar camino, y nunca meta. En tal condición, Hiram la reclama como marca de origen de un pensamiento actual y actuante – ya que forma parte de un proyecto social que sitúa en el centro de su imaginario la interrogación permanente. Libertad e igualdad ponen en marcha su realización concreta a través del proceso de la crítica. Por crítica, entendemos aquí [sin perder de vista los significados clásicos de ejercicio del criterio y de discernimiento valorativo] lo que Kant denominó análisis de las condiciones de posibilidad; en ese sentido, la palabra fue usada por Marx, y es parte de una herencia que reivindicó el pensamiento comprometido del siglo XX. En particular, hablamos de la escuela de Francfurt (Adorno, Horkheimer, Benjamin, Fromm, Marcuse, Habermas), de la escuela de Budapest (Lukacs, Heller, Feher), del grupo francés Socialismo o Barbarie (Castoriadis, Lefort, Lyotard), y de la reflexión neomarxista sobre el poder (Gramsci, Mariátegui, Foucault, Bourdieu).

Este pensamiento crítico conformó en el siglo XX un difuso entorno ideológico que en la segunda mitad de la centuria influyó en los imaginarios de los movimientos de contestación contra capitalismos y estalinismos. Junto con la muy original emergencia revolucionaria tercermundista (del Che a Marcos, vía Freire), junto con las contestaciones urbanas en los otros dos “mundos” y junto con el abanico de ideo-performances de integración / subversión de muy diverso signo (cruces de marxismos, existencialismos, psicoanálisis y estructuralismos, historias de Annales, teologías y filosofías de la liberación, post-modernismos y post-estructuralismos, neobarrocos, enfoques de la complejidad y de género, holismos ambientalistas, ecologías profundas y nuevas eras), tal pensamiento logró configurar los cimientos para una vertiginosa montaña rusa cuyo pico fue, sin dudas, 1968 – después del cual la tripulación experimentó un bajón algo brusco, seguido de otro turbulento ascenso con un puntal situado a alturas aún por conocer.

Y es que a partir de la obra de Marx la crítica contestataria opera en tres dimensiones:

Primera – la crítica de la sociedad. El Capital es una crítica de la Economía Política, pero no deja por ello de ser un libro de Economía. Está cargado de material empírico y de datos históricos específicos, pero los incorpora de un modo muy distinto a como lo suelen hacer los economistas clásicos. Michel Foucault dejó un análisis imprescindible de las condiciones de posibilidad del ejercicio del poder en la era moderna. Igual que Marx, Foucault se puso en contacto con las trazas dejadas por las prácticas sociales, se involucró en un nuevo modo de abordar el documento y desechó la regurgitación de los textos clásicos. Es probablemente el émulo más coherente de Marx en el siglo XX en lo que se refiere a la desocultación de los procesos de (re)producción de la vida social.

Segunda – la crítica de la reflexión sobre la sociedad. Fue Cornelius Castoriadis quien durante el tercer cuarto del siglo XX destapó los condicionamientos del propio Marx y de lo que en materia de revoluciones anticapitalistas hubo de venir más tarde. Hizo emerger una visión teórica abierta y necesariamente inacabada, pero muy completa en el alcance y las implicaciones, pues creó las premisas para el análisis crítico radical del mismo marxismo – sin respetar las señales de STOP que ciertas izquierdas colocaron en el camino que lleva a la raíz. Así fue superado el marxismo de las exégesis clásicas.

Tercera – la transformación crítica de la sociedad (aunque no necesariamente la “crítica de las armas”). De Marx, escribió un periodista neoyorquino: “la Internacional fue su obra”. Los movimientos alternativos son la obra imperfecta de los críticos subversivos de estos tiempos. Un Marx colectivo, al decir de Giulio Girardi.

Igual que en la teoría de la relatividad, hay una cuarta dimensión: el tiempo – tiempo social de duración histórica. Comenzado el siglo XXI, ya no es exigible el carné de “marxista-leninista” para integrar la izquierda radical, por cuanto junto con las ideologías de raíz marxiana, se reivindican la tradición anarquista –más antigua-, y las tendencias comprometidas más jóvenes: feministas radicales, ecologistas, queer, indigenistas, participativas, comunitarias, de reivindicación racial y cultural, teologías de la liberación, etc. Una panoplia de imaginarios críticos y de “nuevos movimientos sociales” que se mueve dentro y fuera de los difusos marcos del Foro Social Mundial. Y, entonces, con mayor urgencia que nunca, aparece la necesidad de la comprensión y la crítica de lo político. Porque la verdad está del lado de acá de las relaciones sociales (nunca “allá afuera”). Y porque la ausencia absoluta de poder también corrompe absolutamente.

El libro de Hiram abarca las dos primeras dimensiones, y también el tiempo. Es un registro crítico de enfrentamientos de ideas, una historia del pensamiento: un pensamiento que quiere ser historia. Un pensamiento que no hace propaganda, sino que invita a obrar, cuestionando el contenido de nuestros cerebros, cuestionando las cuotas de poder que circulan en lo que diariamente hacemos y vemos hacer: casa – camello – trabajo – ¿CUC? – bodega – cocina – televisor – apagón. Hiram coloca conscientemente su obra en sintonía con el pensamiento liberador de Nuestra América: con la teología de la liberación, la filosofía de la liberación y la educación popular liberadora. La praxis comprometida necesita de la reflexión coherente sobre realidades inevitablemente políticas, en tanto capilarizadas por relaciones de poder. Tal reflexión se constituye en ciencia en virtud de su sistematicidad interrogativa, al tiempo que concientiza el carácter siempre político de cualquier ciencia.

La Ciencia Política clásica –creación típica de la Democracia en América, igual que los tanques pensantes y la silla eléctrica- aportó al pensamiento mundial conceptos como gobernabilidad, decisor político y resolución de conflictos. Sus métodos se basan en la psicología conductista y en nociones tomadas de la cibernética, entre ellas la “caja negra”. Un enfoque “limpio de consideraciones filosóficas e ideológicas, libre de juicios de valor”. ¿Pueden los saberes de la Political Science contribuir a ampliar los marcos del pensamiento de izquierda? Se plantea que no encontramos en Marx una teoría positiva del Estado, o que los autores marxistas han reflexionado poco sobre los partidos políticos. Como parte de la apertura del pensamiento cubano posterior al quincenio gris, se ha debatido sobre la factibilidad de incorporar el saber generado por la Ciencia Política a la reflexión social en Cuba. El trabajo de Hiram Hernández se inserta en esta polémica.

Pierre Bourdieu –quien, defendiendo la sociología en tanto reflexión social y ciencia empírica, atacó las especulaciones universalizadoras de Sartre y Habermas- dice que “toda ´ciencia política´ nunca ha consistido más que en un determinado arte de devolver a la clase dirigente y a su personal político su ciencia espontánea de la política, engalanada con la apariencia de ciencia” [Bourdieu, P. Intervenciones 1961-2001. Ciencia social y acción política. Hiru, Hondarribia, 2004, p.107]. Una ciencia que piensa en términos de decisores políticos y de sujetos gobernables no puede ser otra cosa que ideología en estado puro. La ciencia, como producción sistemática de saber, forma parte (junto con los recursos y el poder) de lo que el socialismo ha de socializar. En el caso de una ciencia política, tal socialización implica una democratización, pues al tiempo se socializa la toma de decisiones. Emerge una ciencia política de la autonomía, del proyecto en virtud del cual una sociedad libre de individuos libres asume reflexivamente su propio destino, permitiendo la exposición de cualquier noción social al ataque cuestionador de la crítica. No es un proyecto nuevo: fue explicitado por Marx y Engels (“el libre desenvolvimiento de cada cual es condición para el libre desenvolvimiento de todos”) y por Castoriadis (“mi libertad comienza donde comienza la libertad del otro”). Y sí es un proyecto nuevo: está en producción por los movimientos alternativos a la gobernabilidad – ya sea capitalista, colonial, o estatista.

Las polémicas cubanas sobre la factibilidad de una Ciencia Política alternativa se resuelven desde el pensamiento que va construyendo la praxis social cotidiana, desde las vivencias concretas de los ciudadanos comprometidos. Ellos han conseguido derribar los bloqueos y las censuras con que LOS OTROS pretendieron controlar la creación. El libro de Hiram forma parte del mensaje que el pensamiento cubano envía desde los espacios alternativos propios que ha logrado articular al espacio mayor de la contestación mundial. Las opciones del ahora son: (1) la liberación, ó (2) permitir irremediablemente que nuestras conductas cívicas sean configuradas para siempre por los contornos de una caja negra. Una vez más, la guerra que se nos hace es de pensamiento. Pero en estos tiempos, saber ganar a pensamiento una guerra significa aprender el método de la guerra de guerrillas. La Revolución se lucha en un entorno de micropoderes. Poder-Saber: la guerrilla del pensamiento. El lector tiene en sus manos un Minimanual del guerrillero urbano, útil para volar tuberías por las que circulan totalitarismos de diversas especies. Anuncio de un riesgo de nuevo tipo para los political scientists: que el objeto de estudio se torne rebelde, “ingobernable”, y se disponga a reventar desde dentro esa caja negra en la que apenas se nos concede existir.

Dmitri Prieto Samsónov
Santa Cruz del Norte, junio 2005.