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Por Vanessa

Queridas “Mujeres” (Como sea que hayan llegado a esta conclusión)

Quisiera empezar dando las gracias a aquellas de ustedes que me consideran su igual y me tratan como tal, las que están de pie a mi lado y me apoyan como mujeres. Aquellas Que optan por ver mis fuerzas y no mis muchos defectos. A las que me leen en el silencio de sus noches y me releen al día siguiente con sus amigas, frente a la pantalla del netbook, compartiendo mis palabras desde México hasta Cape Town. A la que me miró con la alegría del encuentro y me regaló su historia de dolor y el mar de lágrimas. Todas las que me han abrazado. Me han enseñado mucho, me he des-construido para mejorar. Gracias.

El Jueves 5 de septiembre cumpliré 40 años. Esta es la edad social en la cual, en este país de mente estrecha, lleno de inseguridades y complejos “wanna be”, te vuelves invisible: Ya no importan tu nombre, tus cualidades, tu arte, las batallas ganadas, ni las lecciones aprendidas: Es que “Eres Vieja” y eso lo explica todo: ¿Qué no estás de acuerdo con la opinión mayoritaria? Es que “Eres Vieja” ¿Grasa extra en la cintura? Cosa de “La Edad” ¿Te emocionaste con un libro? Ya no eres “Una niña” ¿No tienes un Machin Princeso a quien hacerle un sándwich el fin de semana? ¡Entérate! ¡Te dejó el tren y amaneciste lesbiana! #Chismosadixit

No voy a dar aquí la lista de clichés del abuso moral, que las mujeres de 40 y más tenemos que aguantar cada día; como la misoginia sonriente de los programas matinales, que nos encierran a todas en la categoría estándar amorfa de “Usted señora que está en la casa” o la publicidad, para la cual somos peligros públicos andantes de conducta voluble, tránsito lento y vaginas escupidoras de fluidos erráticos.

No, no les quiero hablar de eso. Convertirse socialmente en “una vieja” como yo, trae consigo algunas certezas como: Que no hay nada mejor que el queso Camembert para matar el hambre a media tarde; que Pet Shop Boys es la banda sonora de tu vida; que hay cosas que nunca podrás arreglar y que es obligatorio para las hijas rebelarse contra las madres, porque sólo así pueden ganar la libertad necesaria para descubrirse como sujet@s.

Y también están estas otras certezas: Les quiero decir, mujeres, que todo lo que ustedes son, es hermoso. Si son emocionales y lloran con facilidad, entonces son magníficas. Si son más reservadas, más analíticas, como yo suelo serlo, son preciosas. Son increíbles si tienen días de ira y otros llenos de reflexiones. No existe una manera “correcta ” de ser mujer y no hay una guía para llegar a serlo. Cada una de ustedes es Mujer porque lo es.

No existe – ni existirá – “La Mujer Perfecta”. Existimos las mujeres, como reales e imperfectas expresiones de vida. La Belleza es vida en movimiento. Esta vida que somos toma todas las formas: Directoras y fontaneras, madres, amas de casa y emprendedoras; doctoras y escritoras, científicas, creativas, profesoras. Todas las opciones son legítimas, siempre que sean las nuestras. Debemos seguir luchando para recuperar el poder de tomar nuestras propias decisiones, sobre nuestro cuerpo, tiempo y vida. Ser mujer no requiere que seamos víctimas.

La belleza no se basa en lo físico. Lo sé, porque es lo que dice mi cuerpo ante el espejo: Este cuerpo que es mío en el placer y reproducción, también lo es en sus cicatrices, lunares, rellenos, espacios libres y desgastes, que hablan de una vida que me pertenece. Yo soy hermosa de esta manera y tú lo eres a la tuya.

La belleza tiene diferentes expresiones, pero una misma fuente: Viene de la fortaleza. Esa que está ahí, en cada una de nosotras, a veces agazapada bajo las inseguridades. Como la fortaleza de mi mamá que me permitió nacer o la que nos permite resistir el dolor cuando nos devora y seguir adelante cuando tropezamos en el camino que hemos elegido.

Esa fortaleza que nos hace levantarnos una y otra vez, a lo largo de siglos de desvalorización; a pesar de esa voz autoritaria que nos ha dicho que debemos permanecer en casa porque somos menores, débiles, incapaces. La fortaleza que dice que podemos hablar por nosotras mismas y no necesitamos a nadie para ser nuestr@s portavoces. Cada una tiene su propia voz y aunque la historia no la oiga, nuestra sabiduría natural la reconoce.

Ya no pidan disculpas por estar en el mundo. Hay miles de voces allá afuera que nos dicen todos los días, a cada hora, que no somos suficiente, que no podemos, que no somos adecuadas o bellas. Tenemos que hablar más fuerte. Escúchense. Rompan los cristales de la Cultura del Silencio, que mantiene nuestro yo, separado de “las otras”. Construyamos el “Nosotras”.

Somos hermosas. Somos Poderosas. Somos Mujeres.

Por 40 y más vida. Con todo mi amor,

Vanessa

Publicado en http://vaneriveradelafuente.wordpress.com/2013/09/03/cumplir-40-anos/

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