Sin Renacimiento espiritual; no habrá futuro próspero…

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Crónicas Cubanas

Por Félix Sautié Mederos

Una reacción casi instintiva de las personas es plantearse propósitos concretos para el inicio de cada nuevo año. Siempre, en estas circunstancias festivas, universalmente, tendemos a concebir algún que otro propósito reiterado, nuevo o renovado, con vistas a asumir la etapa existencial que se iniciará en el enero que recién comienza. Considero, pues, que en el 2017, en mi criterio muy personal, se abrirá para los cubanos -estemos en donde estemos- una significativa etapa, no parecida a ninguna de las anteriores por la que hemos atravesado en los últimos cincuenta y tantos años. Pienso que en esta ocasión estará cargada de angustias e incertidumbres, dadas las aciagas circunstancias que estamos viviendo; y que a la vez, se añadirán dentro de nuestras conciencias con una mayor intensidad de reacción y respuesta defensiva las esperanzas y los deseos casi instintivos de alcanzar un futuro mejor, porque ya hemos tocado fondo en muchas de las cuestiones que nos aquejan y ¡no dan más!

En esas circunstancias tan especiales considero que los principales retos acuciantes que se abalanzan sobre nosotros en este 2017 y que, ante todo, considero que nos exigen que experimentemos un profundo renacimiento espiritual en medio de la realización de un gran diálogo nacional de todos con todos. Considero imprescindible en consecuencia, alcanzar en este diálogo que propongo los consensos necesarios que lógicamente no impliquen dejar a un lado los principios éticos de respeto a la libertad de opinión, de expresión y de pensar con cabeza propia. Este reto en mi opinión muy personal se pueden delimitar en varios aspectos muy concretos y a la vez abarcadores, tales como: Sigue leyendo

Lo que hay que comprender: dejar atrás todos los lastres para enfrentar el futuro

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En Las postrimerías del 2016 en Cuba

CRÓNICAS CUBANAS.

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas,
les escribo como es mi costumbre desde mi Rincón de Centro Habana, cuando ya nos quedan tan solo unos pocos días para culminar el azaroso año 2016, que ha transcurrido cargado de acontecimientos dramáticos que, en mi opinión y valoración muy personal que quiero con
reiteración compartir con ustedes, nos evidencian sin que haya posibilidad de albergar las dudas al respecto, que algunos insisten retrógradamente en plantear, el hecho -ya incontrovertible- de que nos encontramos inmersos en un drástico cambio de época que,
inmisericordemente, dejará atrás por mucho tiempo a quienes no lo comprendan y no actúen en consecuencia.

“Es el momento de cambiar”, no debe haber más dilaciones y uso palabras premonitorias del Che, porque no se puede continuar con un ritmo tan lento que no avanza nada. Razón por la cual muchos cada vez más numerosos son impulsados a marcharse definitivamente de nuestro país en estos tiempos azarosos. Hay que estar ciegos y sordos para no comprender las realidades con que en Cuba nos acercamos al Fin del año 2016. Solo con recorrer un poco por las calles de La Habanal mal barridas y mal iluminadas a pesar de las muchas visitas que recibe en la actualidad, y entrar a sus tiendas y comercios cada día más desorganizados e, incluso, algunos muy importantes con las cajas de las mercancías sin abrir, amontonadas en los pasillos sustitutos de los almacenes con gran falta de ética comercial; así como observar el poco entusiasmo que se manifiesta en una etapa tan significativas como el Fin de Año, en que se deberían renovar las esperanzas y los propósitos de comprender mejor esa frase del Che que no me canso de repetir. Ya no hay más tiempo para más alternativas que no sean las de cambiar todo lo que hay cambiar sin más dilaciones y sin tregua. Sigue leyendo

En las navidades el fin de año 2016 en Cuba

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… pensar con cabeza propia y dejar atrás odios y rencores

Crónicas Cubanas

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas:
en estas últimas semanas cargadas de dramatismos, sentimientos y preocupaciones; cuando, además, nos acercamos a las navidades y al fin del año 2016, considero necesario tomar muy en consideración que, en la Cuba actual, hemos llegado definitivamente a un punto de inflexión drástico; que hace tiempo era factible de vislumbrar aunque algunos no lo consideraban así y continuaban en sus trajines como si nada estuviera sucediendo al respecto. Pero ahora la evidencia de las características muy especiales de las situaciones que atravesamos salta a la vista. En especial, después de lo mucho que ha sucedido en las postrimerías del 2016 que pienso no hace falta repetirlo, porque todos lo hemos vivido; y porque especialmente estamos comenzando lo que se ha dado en denominar como la Era Trump, cargada de
interrogantes y presagios.

Vivimos un momento muy significativo y dramático, en mi opinión muy personal, en el que no pueden continuar las dilaciones y lentitudes para hacer lo que se tiene que hacer; tomando decisiones concretas en lo referido a los cambios imprescindibles que nos exige el inicio de la Era Trump, acentuada decisivamente por causa de la reciente desaparición física de Fidel. Considero que comienza para Cuba, y su proceso socio político en consecuencia, una nueva etapa en la que pensar con cabeza propia, sin dejarse amilanar por quienes quieren impedirlo, será lo determinante para la efectividad de los análisis de las realidades que estamos viviendo y para poner en práctica concreta una actuación consecuentemente positiva, conforme a las exigencias de un momento extraordinario en mucho tiempo y como nunca antes. Y eso de la necesidad de pensar con cabeza propia no es un concepto exclusivo de mi cosecha personal. Esa necesidad la planteó Fidel hace ya mucho tiempo, y muchos nos la creímos efectivamente y la hicimos nuestra para siempre.
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En el Adviento del 2016

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¿Y ahora qué? Mirar hacia adelante

Crónicas Cubanas

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas,

El tiempo de Adviento -que comenzamos hace algunos días en medio del Duelo Nacional por la desaparición física de Fidel-, conformado por los cuatro domingos previos a la Navidad que para los cubanos tradicionalmente es la Noche Buena del reencuentro familiar, el amor, la paz y la esperanza, constituye un muy importante período litúrgico del Calendario Cristiano, que siempre me ha motivado un especial sentimiento de “esperanza esperanzadora”, como diría don Pedro Casaldáliga, importante referente de la Teología de la Liberación en Latinoamérica. Me refiero a una espera ante lo que ha de venir, en función de lo que plantea el significado del término en cuestión. Esta liturgia cristiana abre una etapa propicia para el examen de conciencia, que nos conduzca a los firmes propósitos de las enmiendas necesarias que requieren nuestras faltas y errores. Así como también para la preparación de la Navidad, en que se conmemora el nacimiento de un niño que significó el más dramático cambio de la historia de todos los tiempos. Por esa circunstancia navideña de alegría y paz, la historia universal la analizamos con una periodización de dos grandes conjuntos de acontecimientos que se desenvuelven antes de Cristo y después de Cristo; o como se les desee clasificar más allá de lo religioso: de Antes de nuestra Era o Después de nuestra Era. Sigue leyendo

“Santa y Andrés”: nuestro eterno retorno de lo idéntico


Por Juan Antonio Garcia Borrero

En estos días de duelo oficial por la muerte de Fidel, decidí refugiarme en el silencio, la relectura intensa de algunos de sus textos, y la reflexión. Sabía que un hecho como ese desataría la más encontradas pasiones, así que opté por alejarme un rato de las redes y el blog.

Respeto a quienes usan Facebook para expresar sus emociones (a favor o en contra) vinculadas al líder de la Revolución cubana, pero el análisis del pensamiento de Fidel Castro (que es lo que me interesaría) no cabe allí. Me refiero a un análisis serio que revise las esencias de eso que, al margen de las filias y las fobias, seguramente trascenderá en forma de fidelismo.

Así que mientras en lontananza llegaba hasta mis oídos el reiterado rumor televisivo de las multitudes expresando el dolor de muchos, yo me puse a releer en la intimidad de mi cueva “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet, “Palabras a los intelectuales” (el famoso discurso de 1961), y el concepto de “Revolución” que acabamos de asumir como algo programático.

Debo confesar que mis lecturas de las ideas de Fidel no defieren de las otras que me importan: es decir, son lecturas críticas, en el sentido que siempre se le ha exigido al pensamiento que intenta revolucionar el mundo y nuestras maneras de representarlo. Revisemos la historia de las ideas: solo han sobrevivido aquellas que todavía generan grandes diferendos intelectuales; allí está Marx, describiendo como ninguno las profundas contradicciones del sistema capitalista; sospecho que lo mismo pasará con Fidel Castro, que seguirá siendo una inspiración para ese nutrido ejército de desposeídos que jamás aparecen como noticias en los medios más poderosos del planeta.

Pero como ya alerté, no me interesa apropiarme de las ideas del líder como si se tratara de un catecismo, sino al contrario, como una invitación permanente al debate creativo. “Palabras a los intelectuales”, por razones obvias al inspirarse en la censura de una película cubana, ha sido uno de los textos que más he estudiado, precisamente porque aún me escandaliza la sistemática contextomía a que es sometida por tirios y troyanos.

Como se sabe, el origen de todo estuvo en la prohibición decretada por el ICAIC contra el cortometraje PM (1961), de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, pero en realidad, detrás de la censura se escondían (como se solapan ahora también, que seguimos prohibiendo películas cubanas) muchísimos intereses y contradicciones. No era la Revolución en abstracto lo que se estaba defendiendo (tampoco hoy), sino los intereses humanos, demasiado humanos, de varios de los protagonistas de aquel diferendo.

Duele ver la manera facilista en que todavía se apela al célebre apotegma “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, como si en ese discurso expresado por alguien en su juventud solo se hubiese dicho eso. Y duele ver el modo en que, de manera involuntaria, se sugiere que Fidel Castro alcanzó el máximo de su lucidez intelectual aquel año, y que por eso hay que seguir repitiendo como un dogma aquello que se dijo.

¿No es acaso un contrasentido que asumamos como un gran rasgo de sagacidad el concepto de “Revolución” suscrito en los finales de su vida, y, en cambio, sigamos apelando de modo acrítico a lo que afirmara Fidel en fechas tan tempranas de su trayectoria política? Mi criterio es que Fidel fue capaz de enriquecer sus ideas en el tiempo sin renunciar a sus principios, mientras que muchos de nosotros seguimos mirando y pensando el proceso político y cultural que vive la nación como si viviéramos todavía en la mitad del siglo XX.

De allí que no me sorprenda lo que esté ocurriendo con Santa y Andrés, el filme de Carlos Lechuga. No acabamos de asumir que mientras falte el debate transparente, plural, actualizado, estaremos condenados a prorrogar esta suerte de Déjà vu que nos va colocando como protagonistas de lujo en una obra cansina que pudiéramos titular (parafraseando a Saramago) “Ensayo sobre la sordera”.

Hace un par de años fue Regreso a Ítaca. Y el año pasado, por estas mismas fechas, los cineastas cubanos decidieron organizar un foro con el fin de reflexionar sobre la censura y sus efectos paralizantes. ¿Para qué sirvió? No lo tengo claro. A mí por lo pronto me queda la incómoda sensación de la pérdida de un tiempo precioso invertido en construir una reflexión que intentaba pasar por encima de las dolorosas anécdotas, para contribuir al debate de los problemas que nos pueden afectar como comunidad nacional.

Y esto lo dice alguien que, como otras veces ha advertido, está interesado en fortalecer el sistema institucional de la cultura en Cuba, no en destruirlo. A mí me interesa que el ICAIC siga siendo el gran ente rector de esa política cultural que, en principio, ha de ser inclusiva, y heredera de toda esa tradición que ha definido a la institución como una entidad crítica, hereje. Pero ese liderazgo solo lo podrá conservar si consigue interpretar de modo eficiente y eficaz el espíritu de la nueva época.

Hay que desterrar el mito de que el Estado cubano nunca se equivoca. En otro texto paradigmático de los sesenta, “El socialismo y el hombre en Cuba”, Ernesto Che Guevara nos alertaba sobre la complejidad de la tarea. Y anotaba aquello de que “no debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni “becarios” que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”. De allí la necesidad de que exista un cine crítico, que sea capaz de mirar desde la subjetividad incómoda todo lo que nos rodea, porque no son las películas las que destruyen un determinado sistema, sino que estas resultan el producto de relaciones concretas establecidas entre los individuos que viven y sobreviven en determinado período histórico.

En los cineastas cubanos ha estado mayoritariamente presente esa responsabilidad crítica, la cual ha propiciado abundantes desencuentros con la vanguardia política y la burocracia cultural. Recuerdo que Tomás Gutiérrez Alea anotaba sobre nuestro filme mayor Memorias del subdesarrollo lo siguiente:

Hay una raza especial de gente con la que tenemos que convivir, con la que tenemos que contar, para nuestro disgusto cotidiano, en esto de construir la nueva sociedad. Son los que se creen depositarios únicos del legado revolucionario; los que saben cuál es la moral socialista y han institucionalizado la mediocridad y el provincialismo; los burócratas ( con o sin buró); los que conocen el alma del pueblo y hablan de él como si fuera un niño muy prometedor del que se puede esperar mucho, pero al que hay que conocer muy bien, etcétera (y nos parece estarlos viendo, con el brazo protector por encima de los hombros de ese niño); son los mismos que nos dicen cómo tenemos que hablarle al pueblo, cómo tenemos que vestirnos y cómo tenemos que pelarnos; saben lo que se puede mostrar y lo que no, porque el pueblo no está maduro todavía para conocer la verdad; se avergüenzan de nuestro atraso y tienen complejo de inferioridad nacional”.

Pero se trata, obviamente, de algo mucho más complejo que el enfrentamiento dicotómico entre dos facciones. Como individuos que formamos parte de una realidad siempre dinámica, percibimos esa realidad de acuerdo a los signos dominantes que construyen, entre otros, los grandes medios. Y en ese proceso, la construcción de una memoria histórica que sirve de base a lo que hacemos en el presente, proyectándonos hacia el futuro, adquiere una importancia crucial.

En el caso de la Cuba revolucionaria, esa memoria histórica ha sido construida sobre bases sesgadas. A mí en lo personal no me interesaría borrar lo que ya sabemos que es cierto, dada la abundancia de argumentos y evidencias, pero necesitamos que esa memoria pase de lo selectivo a lo descriptivo, y con ello recupere su sentido dolorosamente humano. La memoria de los que en su momento fueron silenciados, invisibilizados, forma parte también de la memoria de esta nación construida sobre la voluntad de una mayoría que así lo ha decidido: los censores podrán decretar de modo temporal que no salga a la luz, pero la Historia termina por reintegrarlo a ese relato.

Si ello es inevitable, lo más saludable para una nación es que asuma el debate de su memoria histórica de un modo coherente. Lejos de interpretarse como signo de debilidad las contradicciones que han estado presentes en el día a día, se asumiría que han sido esos conflictos los que a la larga han permitido llegar a determinados consensos. Y sobre la base de esos acuerdos conseguidos, establecer políticas públicas que hablen del bien de la comunidad, no de determinados grupos.

No sé a dónde nos va a llevar esta nueva polémica. Por lo pronto veo algo diferente y que en lo personal aplaudo: el hecho de que Roberto Smith, presidente del ICAIC, y Fernando Rojas, Viceministro de Cultura, hayan decidido insertarse públicamente en el debate, nos invita a creer que la sordera institucional comienza a ceder. Ojalá ello fuera un aviso de que regresan aquellos tiempos en que Alfredo Guevara, Julio García-Espinosa, Gutiérrez Alea, entre otros, no temían defender sus convicciones en la esfera pública, que es donde verdaderamente se tienen que discutir los problemas que nos afectan a todos los cubanos, y no solo a los que responden a una determinada ideología.

Y finalizo esta reflexión como mismo la empecé: invocando la figura de Fidel. En la mencionada “Palabras a los intelectuales” hay un segmento que me interesa muchísimo más que la parte que cita y recita todo el mundo. Es esa en la que Fidel habla de un período que piensa ha quedado atrás para siempre: “En la época aquella”, anota, “en que no lo enseñaban a uno a pensar sino que lo obligaban a creer. Creo que cuando al hombre se le pretende truncar la capacidad de pensar y razonar se le convierte de ser humano en un animal domesticado”.

Esa es el motivo por el que siempre estoy intentando pensarlo todo por cabeza propia, sin hacerle demasiado caso a quienes (fidelistas o anticastristas) todavía creen que pueden pensar por mí.

Cuando vea Santa y Andrés, seguramente diré lo que piense. Y aunque me equivoque en lo que digo, la gente sensata agradecerá la autenticidad.

Y La Habana cumplió 497 años

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Un llamado habanero para todos los que la aman y respetan.

Crónicas Cubanas

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, hace unos pocos días La Habana, Capital de todos los cubanos y Ciudad Maravilla, cumplió 497 años de su fundación que ya es una significativa edad para una ciudad caribeña del nuevo mundo; y no lo podría pasar por alto aún en la coincidencia con la tristeza por la desaparición física de Fidel. Esta
conmemoración de produjo en medio de una situación muy compleja en la que se unen un criminal Bloqueo sostenido en el tiempo, incertidumbres por el futuro inmediato, desgastes, obsolescencias y carencias reales para realizar su mantenimiento más efectivo después de largos años de abandono. Empeoradas además todas estas situaciones por causa del inicio de la amenazadora Era Trump, así como por la desidia, los esquematismos burocráticos y el desamor de muchos que poco les importa la tradición, la historia pasada e incluso la cultura. No obstante, La Habana es una ciudad que se mantiene erguida y ha concitado la admiración universal por las muy especiales características de los habaneros, así como por su trazado, sus edificaciones que constituyen un muestrario de estilos arquitectónicos y verdaderas joyas
monumentales entre las que se destaca su sistema de fortificaciones coloniales alrededor de su amplia y resguardada Bahía, incluyendo a sus múltiples edificios, monumentos y sitios patrimoniales de la historia y la cultura cubana e incluso universal que sería muy extenso citar. Circunstancias todas que son capaces ejercer un embrujo y una atracción muy especial en quienes la visitan y quedan prendados para siempre por nuestra cosmopolita y augusta ciudad. La Habana es también hoy nuestro más importante polo turístico, junto con la inigualable Playa de Varadero apreciada internacionalmente.

En este orden de pensamiento nos encontramos con que Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez por solo citar dos grandes escritores, la reconocieron, admiraron y la describieron en sus obras inmortales y en sus intervenciones públicas. Baste solo el ejemplo de que García Márquez en una entrevista suya se refirió y para fraseo que con solo recorrer a La Habana él se encontraba con lo real maravilloso manifiesto y lo tomaba de inspiración.
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Ante la muerte de Fidel Castro


Izquierda Socialista (sección de la UIT-CI en Argentina) emitió el siguiente comunicado sobre la muerte de Fidel Castro firmada por su dirigente y diputado nacional Juan Carlos Giordano.
El anuncio de la muerte de Fidel Castro ha generado un gran impacto mundial. El pueblo cubano está de luto. Millones en el mundo lloran al líder que condujo en forma directa, junto al Che, la revolución cubana de 1959 que fue un ejemplo para los revolucionarios y luchadores del mundo. Acompañamos el pesar del pueblo cubano y de los luchadores de la izquierda mundial, aunque como socialistas hemos tenido serias discrepancias con las posturas de Fidel Castro y de la conducción del PC cubano.
Repudiamos todas las expresiones de los reaccionarios del mundo, en especial de la gusanería de Miami y de Donald Trump, que salieron a festejar su muerte.
El Fidel con el cual todos los luchadores antiimperialistas y socialistas se identifican es el que junto al Che y Camilo Cienfuegos encabezó el triunfo del pueblo que aplastó a la dictadura de Batista en enero de 1959. Al Fidel de la reforma agraria, al que rompió con el imperialismo yanqui y expropió a las multinacionales del azúcar y el petróleo y a la burguesía y a los terratenientes cubanos. Medidas que posibilitaron que el pueblo cubano pasara a gozar de amplias conquistas en salud y educación. Al Fidel combatiendo la invasión yanqui en Playa Girón y al que en la segunda declaración de la Habana de febrero de 1962, declaró el socialismo en Cuba y dijo que “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”.
Pero lamentablemente existió otra faceta de Fidel Castro que no podemos dejar de señalar al momento de su muerte. Sabemos que esto puede incomodar a miles de luchadores que aún siguen creyendo en él.
El curso revolucionario que hemos descripto se truncó por el acuerdo de Fidel Castro con la burocracia del PC de la Unión Soviética. Desde mediados de los ´60 Fidel aceptó la política estalinista de “coexistencia pacífica” con el imperialismo y de abandonar la política del Che, de extender la revolución socialista a América y al mundo. A partir de ahí, Fidel Castro pasó a jugar en contra del avance de toda revolución. Se consolidó un régimen burocrático de partido único que aún perdura.
Cuando el pueblo de Checoslovaquia en 1968 se levantó contra la dictadura del estalinismo, Fidel apoyó la invasión de los tanques rusos que ahogaron en sangre aquella revolución antiburocrática. En Nicaragua, cuando en 1979 se derrotó al dictador Somoza, Fidel apoyó que los sandinistas formaran gobierno con los burgueses anti somocistas y no avanzaran en medidas de expropiación, aconsejando “no hacer de Nicaragua otra Cuba”. Más recientemente, en Venezuela, Fidel apoyó el falso “socialismo del Siglo XXI” de Chávez y Maduro, haciendo creer que ese país estaba “construyendo el socialismo”, cuando se está haciendo lo opuesto. El chavismo mantuvo la estructura capitalista, creó las empresas mixtas en petróleo pactando con las multinacionales, como Chevron, Total o Repsol, fomentado una boliburguesía, criminalizando la protesta y hambreando al pueblo venezolano. También en estos años Fidel y la conducción cubana avalaron los falsos “gobiernos progresistas” de Lula y Dilma en Brasil, Evo Morales y los Kirchner que aplicaron ajustes contra sus pueblos. Y al interior de Cuba, se fueron liquidando con el paso de los años las conquistas de la revolución.
Desde fines del siglo pasado se fue impulsando la política de confiar en los capitales extranjeros, abriéndose la economía cubana a las multinacionales canadienses y europeas, restaurándose el capitalismo.
Acompañamos el dolor del pueblo cubano por estas horas. Y seguimos llamándolo a luchar por volver a retomar las banderas de la revolución del ´59 y el mensaje del Che, “revolución socialista o caricatura de revolución”. Apoyando su derecho a la organización independiente -sindical, estudiantil y política- contra el régimen de partido único.
Cuba necesita una nueva revolución socialista con democracia para el pueblo trabajador, que vuelva a ser el faro para los luchadores anticapitalistas y antiimperialistas de Latinoamérica y el mundo.
Juan Carlos Giordano
Dirigente de Izquierda Socialista y diputado nacional del Frente de Izquierda.
26 de noviembre de 2016

http://uit-ci.org/index.php/noticias-y-documentos/cuba/1117-ante-la-muerte-de-fidel-castro

Mis sentimientos, Fidel es Fidel

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Eso ya nadie lo podrá negar, así lo pienso y así lo expreso

CRÓNICAS CUBANAS.

Por Félix Sautié Mederos

Cuando alguien se muere, y cuando uno lo aprecia muy especialmente y ha convivido en su época, por demás dentro de su obra revolucionaria y ha compartido sus luchas, sus logros e incluso sus errores, no le es posible controlar que el dolor y los sentimientos lo embarguen, mientras que de momento se nos produce un choque de sentimientos y realidades tal, que nos da la impresión que no es verdad la noticia, aunque en estricto sentido de la objetividad sea una partida definitiva de este peregrinaje terrenal a la que todos habremos de enfrentarnos un día. Así me he sentido al despertar esta mañana del sábado 26 de noviembre 2016, en que abrí mi correo y lo encontré lleno de mensajes de condolencia por la muerte de Fidel. Estupor,
incredulidad ante la realidad sucedida que no va a cambiar por causa de nuestra voluntad humana, ya es así.
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Son los comunistas los que piensan como cristianos

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Precisamente por ser cristiano y comprender el Evangelio me hice revolucionario en 1957.

CRÓNICAS CUBANAS.

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas,

Recientemente, el Papa Francisco realizó unas declaraciones de prensa al diario “La República” de Italia, en las que expresó que “Son los comunistas los que piensan como cristianos”, lo que como muchas de las declaraciones y acciones suyas han causado un gran impacto, más bien revuelo, en los medios de prensa internacionales. Confieso que cuando leí ese planteamiento en un correo que me envió un muy apreciado amigo, me sentí profundamente implicado y comencé a buscar en la WEB lo expresado en detalles y las repercusiones concitadas, y encontré un texto más extenso al respecto “Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en dios o no, pero son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad”

Considero que lo que recientemente ha afirmado el Papa a La República de Italia, es un concepto que tiene una honda repercusión en mi vida de revolucionario, militante y cristiano. Incluso, sobre esa cuestión he publicado un extenso testimonio en el libro “Evangelio y Revolución” junto con dos importantes teólogos de la Liberación que manifiestan una radical opción por los pobres, el Obispo emérito Don Pedro Casaldáliga y el padre Benjamín Forcano del Centro Evangelio y Liberación de Madrid. Me refiero a un ensayo con el título “El testimonio de un cristiano marxista cubano” que ha sido declarado anatema por fundamentalistas de uno u otro signo, ya sean de extrema derecha o extrema izquierda, quienes en definitiva coinciden y se tocan en sus extremos. Tengo pues una íntima y raigal comprensión de lo que ha expresado Francisco y rechazo a los ataques que ha recibido por estas declaraciones; en consecuencia, no podía dejar de
manifestarme al respecto en Crónicas Cubanas.
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En el Centenario del Convento San Juan de Letrán del Vedado habanero

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Un lugar sagrado de recuerdos imborrables

Crónicas Cubanas

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, hay espacios y edificaciones que son sagrados para la patria, la cultura, las ideas y la religión. Unos por una causa y otros por otra y valgan las redundancias; pero también hay espacios y edificaciones que reúnen de conjunto todas esas causas y atributos como consecuencia de lo que han representado en el transcurso del tiempo para la vida en sociedad. Éstos últimos devienen verdaderas joyas patrimoniales de la historia, la identidad, la cultura y la nación integralmente, ya sean de origen laico y/o religioso, de los cuales en mi criterio el nuevo y centenario Convento de San Juan de Letrán de los dominicos del Vedado habanero es una muestra imposible de pasar por alto.

Estas consideraciones, que les planteo en mi crónica sobre el Centenario del Convento San Juan de Letrán en el Vedado habanero recientemente conmemorado, están determinadas por la sensibilidad y la espiritualidad que algunos no son capaces de apreciar, como resultado de su ateísmo y apego a una secularización a ultranza que niega estos atributos. A tales efectos, en mi opinión muy personal, esos que así se conducen se quedan vacíos, sin historia ni sentimientos, cuando manifiestan tales inconsecuencias en grado extremo. Personalmente, les respeto su opción conceptual, que parte del libre albedrío de la condición humana, que es por demás un don sagrado de la vida que nadie tiene derecho a ahogar.
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