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Primavera en Miami con una esquina rota


Por Yasmín S. Portales Machado

Salí del aeropuerto de Miami muerta de hambre, como es usual.

No por los 45 minutos de vuelo, sino por las tres horas que pasé en el aeropuerto de La Habana, más una hora (de pie) en el control de aduanas norteamericano. Suman unas cuatro horas adicionales al tiempo de viaje real. Los vuelos internacionales cortos ponen al descubierto cuánto tiempo se gasta en seguridad en el mundo post 11 de septiembre.

Yo no tengo nada en contra de la seguridad aérea, pero si contra los precios de las cafeterías del “José Martí”. También agradecería un puestecito de perros calientes –con sus refrescos y su opción vegetariana– en el control de fronteras norteamericano. Podrían girar las ganancias a los fondos para la lucha contra el terrorismo, a la que es tan aficionada Washington. Leer Más…

Sobre el Anteproyecto de Código de Trabajo de Cuba. (I)


El presente artículo fue publicado por el autor el 24 de septiembre de 2013 en Kaos en la Red, cuando se debatía el anteproyecto de Ley de Código de Trabajo. Aunque ya el Código ha sido aprobado con algunas modificaciones, ponemos el texto a la consideración de nuestrxs lectores, considerando que su análisis contiene elementos de crítica novedosos, que no fueron incluidos en nuestros debates.

Por Karel Negrete

 “La democracia no puede entenderse sino como el mundo cierto de la voluntad de las grandes mayorías nacionales, y una de las mayorías, para nosotros la más genuina, es el pueblo que trabaja, es decir, el proletariado. Falsa democracia sería democracia traidora la nuestra, si de esta Asamblea no salieran definidos y defendidos los derechos que al trabajador reconoce el Estado Moderno”.
Juan Marinello Vidaurreta
Intervención como delegado a la Convención Constituyente de 1940.

Cuando se habla de derechos y libertades concretas, siempre aludo a los derechos laborales y sindicales. Pienso que es una manera de llegar a la realización de la universalidad de los derechos de los seres humanos, concretizados en el diario de nuestras relaciones sociales y jurídicas; de quienes como diría Marinello forman parte de las “mayorías poblacionales”. Pero no entraré en reflexiones subjetivas a partir de sentimientos e impresiones, sino que analizaré el anteproyecto desde dos perspectivas que me parecen fundamentales: lo político y jurídico.

Para un análisis político sería bueno establecer que las bases de mi análisis son fundadas desde las izquierdas sindicalistas, a partir de las conquistas internacionales de los derechos de los trabajadores en sistemas capitalistas y desde las condiciones de posibilidad de los fundamentos políticos y jurídicos del Socialismo en el siglo XXI y no del Socialismo “realmente existente” en Cuba.

Como documentos para este análisis utilizaré el libro cubano de Derecho Laboral cubano (actualizado, 2001) que es libro básico en esta materia de la profesora universitaria Dra. Viamontes Guilbeaux Eulalia, así como el Código de Trabajo (Ley no. 49/ 85) vigente actualmente y otras legislaciones anexas. También desde el derecho comparado, utilizo el Código de Derecho Laboral francés y la guía jurídica 2013 elaborada por la CGT francesa para la defensa de los derechos de los asalariados y de sus familiares. Estas dos últimas con la intención de valorar desde el Derecho Comparado, como bien lo enuncia el Anteproyecto; “el estudio comparado de legislaciones similares en 16 países”, los avances y los retrocesos de la nueva legislación. Leer Más…

Sobre el Anteproyecto de Código de Trabajo de Cuba. (I)


por Karel Negrete

Este anteproyecto es una acción desesperada del gobierno cubano, ante los cambios económicos que se están implementando en la isla.
“La democracia no puede entenderse sino como el mundo cierto de la voluntad de las grandes mayorías nacionales, y una de las mayorías, para nosotros la más genuina, es el pueblo que trabaja, es decir,el proletariado. Falsa democracia sería democracia traidora la nuestra, si de esta Asamblea no salieran definidos y defendidos los derechos que al trabajador reconoce el Estado Moderno”.
Juan Marinello Vidaurreta
Intervención como delegado a la Convención Constituyente de 1940.

 

Cuando se habla de derechos y libertades concretas, siempre aludo a los derechos laborales y sindicales. Pienso que es una manera de llegar a la realización de la universalidad de los derechos de los seres humanos, concretizados en el diario de nuestras relaciones sociales y jurídicas; de quienes como diría Marinello forman parte de las “mayorías poblacionales”. Pero no entraré en reflexiones subjetivas a partir de sentimientos e impresiones, sino que analizaré el anteproyecto desde dos perspectivas que me parecen fundamentales: lo político y jurídico.
Para un análisis político sería bueno establecer que las bases de mi análisis son fundadas desde las izquierdas sindicalistas, a partir de las conquistas internacionales de los derechos de los trabajadores en sistemas capitalistas y desde las condiciones de posibilidad de los fundamentos políticos y jurídicos del Socialismo en el siglo XXI y no del Socialismo “realmente existente” en Cuba.
Como documentos para este análisis utilizaré el libro cubano de Derecho Laboral cubano(actualizado, 2001) que es libro básico en esta materia de la profesora universitaria Dra. Viamontes Guilbeaux Eulalia, así como el Código de Trabajo (Ley no. 49/ 85) vigente actualmente y otras legislaciones anexas. También desde el derecho comparado, utilizo el Código de Derecho Laboral francés y la guía jurídica 2013 elaborada por la CGT francesa para la defensa de los derechos de los asalariados y de sus familiares. Estas dos últimas con la intención de valorar desde el Derecho Comparado, como bien lo enuncia el Anteproyecto; “el estudio comparado de legislaciones similares en 16 países”, los avances y los retrocesos de la nueva legislación.
Fundamentos políticos:
En una nota por el 1ro de mayo denuncié como el gobierno había convocado el debate del Anteproyecto de Ley Código de Trabajo en los centros laborales y no su publicación y difusión para su discusión en otros espacios. Días más tarde el anteproyecto fue publicado y diversas reacciones desde las izquierdas han sido publicadas en el blog de la Red Observatorio Critico desde Cuba.
Este anteproyecto es una acción desesperada del gobierno cubano, ante los cambios económicos que se están implementando en la isla. Si bien es cierto que la apertura económica requiere una actualización legislativa para regular las relaciones sociales, económicas y laborales que se establecen en la realidad social. En este anteproyecto se ven vacíos legislativos, violación de principios derechos los laborales reconocidos por los sindicatos internacionales y las leyes revolucionarias cubanas. La actualización de un Código del trabajo no debe ser en función de la apertura de las relaciones económicas a un modo de producción mixto (entre ellas fuertemente acentuada la capitalista), porque sino sería más bien un código de comercio o administrativo. Un Código de Trabajo debe regular las relaciones laborales, dejando bien claro las estructuras jurídicas y políticas, los procedimientos, los deberes y DERECHOS, de los trabajadores y las relaciones entre las diferentes estructuras de las relaciones laborales.
No hay mejor temporalidad para el análisis de un código de trabajo que los tiempos de crisis económica internacional. Los derechos laborales han sido las primeras víctimas en los países de sistemas democráticos, no importó cuántas personas fueron a las calles a protestar, las reformas económicas neoliberales eran (son) para sus gobiernos un “imperativo” para salir de la crisis.
En este contexto predomina el pragmatismo económico como solución para disminuir el gasto social y equilibrar el déficit fiscal. Se disminuyó las subvenciones a la agricultura, educación, salud pública, se flexibilizó el sistema laboral dejando a muchas trabajadores en las calles o con contratos muy precarios (trabajar más por menos salarios). Se redujeron los gastos de las pensiones aumentando la edad de jubilación, todo esto justificado por la necesidad de reducir la deuda pública y el aumento de la esperanza de vida. La palabra de orden son los “recortes”.
Ya denunciaba en unos de mis artículos como los asesores económicos del gobierno cubano o aquellos asesores indirectos desde el exterior, promueven la aplicación de las políticas económicas que tienden a reproducir las mismas medidas enunciadas por el FMI aun sin que Cuba pertenezca a esta organización.
Si analizamos las políticas del actual gobierno desde el 2008, notaremos que ha seguido la guía de los economistas liberales. En el 2009 entró en vigor la reforma Ley 105/09 que derogó la Ley No.24 de Seguridad Social que aumentó la edad de jubilación para todos los trabajadores. Lo más reprochable en este sentido fue la complicidad del único sindicato cubano en apoyo a todas las leyes implementadas por el gobierno, mostrando su traición a los trabajadores. El aumento de las pensiones de jubilación fue un acto simbólico, si tomamos en cuenta el aumento del costo de la vida en Cuba y la reducción de subvenciones del Estado.
¿Qué nos propone y que debemos denunciar en el Anteproyecto Ley de Código de Trabajo?
1. En lo esencial el Anteproyecto cambia los sujetos de la relación jurídica laboral (administración= patrón privado+ trabajador), donde antes decía administración ahora dice empleador. Es una legislación que unifica dos sujetos diferentes en una misma relación jurídica, las estatales con las del sector privado. Por lo que se puede considerar que esta propuesta de Ley es conservadora y que no avanza en el reconocimiento a los derechos laborales sin hacer distinción entre la función pública y el sector privado, sino que fortalece la relación de producción del Socialismo (capitalismo) de Estado.
2. El anteproyecto renuncia al derecho de capacitación de los trabajadores, anteriormente regulado en el artículo 226 del actual código de Trabajo (Ley No.49/84), donde era reconocido “derecho de los trabajadores a su superación”. La nueva ley estipula que el trabajador sólo podrá estudiar utilizando su tiempo libre y la utilización de las vacaciones acumuladas. Propuesto en los cambios fundamentales, inciso 3, “Fundamentación Anteproyecto de Código de Trabajo”, respaldado en el artículo 34 del mismo anteproyecto, se atribuye responsabilidad al empleador o a la dirección la planificar la superación profesional. Cuando son los sindicatos quienes debieran asumir dicha responsabilidad, ya que se trata de un derecho. Todo esto se puede realizar con la concurrencia del conjunto de actores de la relación laboral (sindicatos, empleador y trabajadores).
En comparación con la legislación francesa “ le droit individuel à la formation (DIF)”, que permite a todo asalariado obtener un crédito de horas de formación al año de haber trabajado. Cada año es renovado, la iniciativa parte del asalariado en coordinación con el empleador. El derecho de formación es de 20 horas cada año en el término de seis años y de 120 horas como límite si no le es suficiente. En esta legislación si la formación se realiza fuera del horario laboral el empleador debe pagar al trabajador un 50% por hora de formación de su salario neto. Si el asalariado realiza su formación en horario laboral este hace uso del crédito (DIF) enunciado antes.
También existe el “congé individuel de formation (CIF)”, el cual es una licencia por formación. Se pide de manera formal, no necesariamente tiene que ver con los intereses del empleador y requiere de la negociación con todos los factores del centro laboral. Este puede llegar hasta nueve meses y se tiene en cuenta la cantidad de trabajadores (< 200). Tras acuerdo el asalariado puede obtener un crédito de 80% igual a su salario, que no exceda un año y 1200 horas[1].
Como podemos ver en Francia, país capitalista pero con gran tradición sindicalista, el derecho de formación está regulado tomando en cuenta el interés de superación del trabajador en acuerdo con la administración. Todo país que tenga un proyecto de desarrollo económico y social, no debe conformase con la educación media y superior, sino con la superación constante de los trabajadores para la actualización de los conocimientos y tecnologías, así como para la innovación, ya que son las bases de la competencia en el mercado internacional y facilita la eficiencia y la calidad del trabajo. La falta de competitividad en el mercado laboral internacional y del conocimiento actualizado de las nuevas tecnologías son grandes trabas que tiene hoy la economía cubana por motivo del atraso tecnológico de nuestro país, y el limitado acceso a internet para la búsqueda libre de información por causas del bloqueo/ embargo norteamericano y del autobloqueo del poder y de la burocracia política en el gobierno.
3.La fundamentación en los “cambios fundamentales” número 7 y en el artículo 78, ambos del anteproyecto flexibilizan la jornada de trabajo semanal entre 40 y 44 horas lo cual no es nada nuevo porque ya está establecido en el actual código, Ley No.49/84, artículo 67. El cambio fundamental se realiza en la jornada diaria que pasa de 8 horas a 9 horas. En este caso aunque establece que la jornada es de 8 horas, la flexibiliza y renuncia a la conquista internacional de los trabajadores de la jornada laboral. Recordando siempre que estamos hablando de Cuba, donde el discurso oficial se dice socialista con un partido comunista. Sólo recordar las palabras de Fidel Castro en este sentido:
“No pueden muchas veces disminuir las horas de trabajo como quieren hacer los franceses, porque entonces entran en competencia con los demás países que no han rebajado las horas de trabajo. Y eso es absurdo en una humanidad que ha creado máquinas capaces de reducir el trabajo físico de 60 horas que tuvo en el siglo pasado a 20 horas – estoy hablando de horas por semana-; hoy pudiera decirse, con la tecnología aplicada, que las producciones de todas esas cosas que va a sobrar y que no van a tener mercado, pudieran servir para satisfacer la demanda real, las necesidades reales de la población del mundo trabajando 20 horas a la semana y para convertir el excedente tiempo en cultura, en recreación, en estudio, en las mil formas que puede tener el ser humano de emplear el tiempo. No tendría que haber desempleados.”(Castro. Fidel: “Globalización neoliberal y crisis económica global. Discursos y declaraciones. Mayo de 1998 – enero de 1999”. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, Imprenta del Palacio de Convenciones, La Habana, 1999, p. 123.)[2]
Gran repercusión ha tenido el cambio fundamental número 8, en relación con el artículo 101 del anteproyecto que establecen “el empleador y el trabajador pueden acordar simultanear el cobro de las vacaciones acumuladas y el salario por el trabajo realizado, garantizando el descanso efectivo mínimo de siete días.” Esta nueva disposición flexibiliza las vacaciones acumuladas a una semana al año, es una vergüenza para un gobierno que se dice socialista. Ya está de estipulado en el actual código de trabajo (Ley No.49/84), sólo que este último en su artículo 94 desde una posición autoritaria y sin acuerdo de las partes podía posponer el disfrute de las vacaciones pero limitaba esta discrecionalidad con un procedimiento formal y con la participación de otros actores como los sindicatos y la administración superior: “la administración de la entidad laboral, oído el criterio de la organización sindical y previa autorización de la autoridad administrativa superior, puede posponer el disfrute de dichas vacaciones por un término que no exceda de seis meses. La posposición tiene que notificarse por escrito al trabajador…El tiempo de posposición acumula días y salarios a los fines de un nuevo período vacacional.”
“Artículo 95. La administración de la entidad laboral, siempre que pospone el descanso tiene que garantizar que el trabajador disfrute de no menos de siete días de vacaciones pagadas dentro del año de trabajo.” (Ley No.49/84)
En el anteproyecto se retrocede en los derechos de los trabajadores a las vacaciones, sólo cumpliendo el Convenio No.52 sobre Vacaciones Pagadas de 1936, sin reconocer todas las luchas sindicales posteriores a esta convención. Sólo imaginarnos que un ser humano tenga sólo siete días de vacaciones al año aun cuando éstas sean pagadas. Sabemos que este hecho existe en otros países (capitalistas) y que es parte del sistema de explotación capitalista neoliberal. A sabiendas que en los sectores de los servicios e industrias, los cuales son esencialmente privados, no existe acuerdo consensuado, sino que el trabajador se siente constreñido por causa de la competencia laboral e “idoneidad”, a trabajar sin vacaciones por el riesgo de ser despedido. Además esta norma va en detrimento de la igualdad de género en el trabajo, ya que todos sabemos que las mujeres con hijos, estarán en desventajas en el mercado laboral. Considero que ya existe una flexibilización a favor del empleador en el artículo 99 del anteproyecto, existente en la Ley anterior (artículo 91, Ley No.49/84) cuando éste puede regular, en negociación con el trabajador los períodos vacacionales siempre que su suma sea de 30 días naturales.
En este sentido sólo decir que en el derecho comparado, la legislación francesa establece: “Todo asalariado tiene derecho a las vacaciones pagadas, sin condición mínima de actividad. Se tiene derecho a 2,5 días laborables de vacaciones pagadas por mes de trabajo efectuado, siendo 30 días(o 5 semanas) por 12 meses de trabajo.”
En un próximo artículo continuaré estudiando este Anteproyecto, sobre todo analizando los vacíos legislativos, que dejan indefenso al trabajador remitiéndolo a un reglamento que no existe(o del que no se tiene conocimiento) y los fundamentos de derecho para impulsar un referéndum para la aprobación del Anteproyecto Ley del Código de Trabajo.
________________________________________
Laurent Milet, Le guide juridique 2013. Paris, La Nouvelle Vie Ouvrière, 2013.
Eulalia Viamontes Guilbeaux, Derecho Laboral Cubano. Teoría y legislación. La Habana, 2001.

* Karel Negrete Vázquez. Observatorio critico de Cuba

Los fascistas de PROVEA


Por Armando Chaguaceda

En el verano de 2011, a propósito de una estancia académica realizada en Venezuela, un oficial de la contrainteligencia cubana cuestionó mis vínculos con la ONG de Derechos Humanos PROVEA. La minuciosa información sobre mi visita a tierras venezolanas, contrastaban con la deformada y simplista caracterización del trabajo y perspectiva política de quienes integran dicha organización. “Son agentes de la CIA”, me comentó el agente, ante lo cual me limité a recordarle el papel de estos activistas en la defensa de la integridad física y legal de los funcionarios chavistas perseguidos durante el golpe de abril de 2002.

Retomo esta anécdota porque las ofensas, acusaciones y rumores difundidos por personeros del estado venezolano, encabezados por el Ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, parecen seguir ese mismo libreto, poniendo en la mira a PROVEA y, con ellos, al trabajo de todas las organizaciones venezolanas de defensa de Derechos Humanos. A PROVEA se le acusa de ser “retaguardia del fascismo” y formar parte de una “derecha golpista y desestabilizadora”. La causa principal e inmediata de todo esto parece ser el estudio, realizado por la organización, sobre los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) supuestamente quemados por fuerzas opositoras en las jornadas siguientes al 14 de abril, día de las elecciones. En su informe, PROVEA –tras investigar in situ, recabar testimonios y revisar lo informado por la prensa- corrobora las contradicciones, inexactitudes y falsedades de tal acusación y deplora que los medios públicos la difundiesen sin mayores pruebas, avivando el fuego de la polarización postelectoral. Días atrás –y hasta al presente- había condenado toda la violencia, con independencia de su procedencia política, llamando al ejercicio pacífico de los derechos ciudadanos y a su respeto por el estado.

Tras publicar tal resultado, se estableció una comunicación entre el ministro Villegas y el coordinador de PROVEA, Marino Alvarado, que pareció abrir un promisorio canal de diálogo respetuoso, tan necesario (y escaso) en la coyuntura actual. Sin embargo, no pasaron muchas horas para que dicho funcionario, en su cuenta de twitter y en canales del estado, lanzara una serie de descalificaciones y acusaciones contra el trabajo de la ONG y sus supuestas filiaciones políticas. Dejando prueba, una vez más, de la intolerancia de un estilo de gobernar que confunde el ejercicio y la defensa de derechos con la conspiración, y la autonomía de las organizaciones sociales con la disciplina y sujeción a los dictados del grupo dominante. Leer Más…

La teología de Francisco es la de Amós, más que la de Marx


Icono Cristiano-ortodoxo del Profeta Amós

Por Juan Arias

“El papa es más de gestos y símbolos, de ejemplos personales, de denuncias al poder, que de defensa de ideologías ultrapasadas”

A casi un mes de pontificado, los teólogos de la liberación andan un tanto desconcertados con el papa Francisco. ¿Pueden considerarlo o no como uno de ellos? De hecho las preguntas más inquietantes acerca del nuevo papa, el primer latinoamericano, cuna de la Teología de la Liberación, se refieren a su teología.

No es fácil encuadrar la ideología religiosa de Francisco. Los teólogos de la liberación, incluido Leonardo Boff, máximo exponente de dicha teología en América Latina, lo han recibido con un aplauso. Por ahora. Otros mantienen aún sus dudas. Lo cierto es que cada papa ha expresado un tipo diferente de teología. Ha habido papas tridentinos, tomistas, agustinianos, aristotélicos, enrrocados más en la teología que se elaboró tras haberse echado la Iglesia en manos del Imperio Romano y haber heredado de él pompa y poder, que en la teología pura y llana del evangelio. Que fue la de Francisco de Asís.

Las teologías de laboratorio, que mal rozan lo social se pierden en las famosas discusiones bizantinas y medievales, como la que pretendía saber si los ángeles tenían sexo.

La teología de Jesús de Nazareth fue doble. Con los pobres usó la teología de la felicidad: no soportaba su dolor ni les pedía que se lo ofrecieran a Dios para ganarse el cielo. “Curaba a todos”, dicen los textos sagrados. Y a los muertos los resucitaba. Multiplicaba el vino en las bodas para que siguiera la alegría y no imponía ayunos y penitencias a sus discípulos como hacía Juan Bautista. Con los poderosos, su teología era diferente. Usaba con ellos la teología de la “denuncia y del ejemplo”. Gritaba al rey “No te es lícito”. Y decía a los suyos: “Los que se visten de seda están en los palacios reales”. El vestía como los pobres. La forma que Jesús usaba contra lo que el marxismo llama de estructuras injustas, no era ideológica, ni de incitación a la lucha de clases. Era testimonial. Curar a un leproso, cuyas llagas eran vistas como castigo divino, era la mayor bofetada al poder tanto civil como religioso. Como lo era el lavar los pies a los apóstoles. O defender a la adúltera contra los fariseos que pedían su lapidación en nombre de la ley judaica.

Y Jesús poseía, en medio a su fuerte sentido de justicia hacia los arrinconados por el poder, una no menos fuerte fe en que Dios estaría siempre de parte de los últimos y no en los salones del poder. Dios sería siempre la garantía de los pisoteados por las injusticias sociales. La teología del papa Francisco parece nutrirse menos en la esencia de la Teología de la Liberación, que se inspiró, en su nacimiento, en la ideología social del marxismo que ve en las estructuras del poder la causa del mal del mundo.

La teología de Francisco se nutre más en la teología del profeta Amós, aquel pastor que ni siquiera pertenecía a la casta de los profetas y que fue quién con más dureza arremetió contra los mecanismos de explotación y opresión campesina llevados a cabo por los reyes opresores. Amós, sin embargo, arremetió tanto contra las injusticias sociales como contra los pecados de idolatría de su pueblo. Y para él, al final, como para Jesús ocho siglos después, Dios seguiría siendo el verdadero libertador de los oprimidos. No cabía en Amós, ni en el profeta de Nazareth, la moderna teología del ateísmo. Dios seguía siendo el centro de la vida: para castigar al opresor y para proteger al oprimido. Amós fue llamado el “profeta de los pobres”. Curiosamente como hoy Francisco es llamado el “papa de los pobres”. En esta vertiente, Francisco se enlaza con una parte de la Teología de la Liberación, que coloca como prioritaria la “opción por los pobres”.

Quizás se distancie de los instrumentos tomados por dicha teología del marxismo para luchar contra la injusticia social. No en vano, en sus conversaciones con el rabino Skorka, Bergoglio, le recuerda varias veces al profeta Amós y sus invectivas contra los poderosos de su tiempo y la defensa a ultranza de la justicia y de los perseguidos y “triturados” por el poder. Le dice Francisco al rabino que si los sacerdotes y obispos de hoy “usaran el lenguaje del profeta Amós” la misma Iglesia “se escandalizaría”, dada la dureza de sus palabras contra los opresores de los campesinos pobres de entonces.

A los teólogos de la liberación les gusta Francisco porque pide a la Iglesia que se “manche los pies de barro” en la búsqueda de los más desamparados. Quizás les guste menos cuando afirma que las ideologías, tanto del comunismo como el capitalismo, son igualemente idolátricas. El comunismo deifica su ideología absolutista y el capitalismo la explotación de los recursos, arrodillándose y haciendo que nos arrodillemos ante el dios del consumo. En ambos extremos, Dios aparece ausente.

En Francisco hay más evangelio que ideología; le interesan sobre todo las lágrimas de los oprimidos. Y Dios, para él, como para los profetas bíblicos, sigue siendo la garantía de esperanza libertadora de los pobres. Francisco es quizás más Amós que Marx, en su lucha contra las injusticias sociales. Para Francisco, la religión, vista y practicada en la línea del profeta Amós, no es el opio de los pobres sino su garantía de redención.

Es posible que las caravanas de pobres de América Latina entiendan mejor la teología “amosiana” de Francisco, enjugador de lágrimas y misionero de periferias, que la teología de la Liberación, que aún habiendo hecho la opción primordial por los pobres, sigue en este continente, más cercana a las clases pensantes que a las que luchan por el pan de cada día.

El arzobispo brasileño, Helder Cámara, gran defensor de los oprimidos, solía decir, criticando al poder: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando les pregunto por qué tienen hambre, me tildan de comunista”. Tenía razón. El problema es que hoy el comunismo está más preocupado en defender su poder y sus privilegios que en interesarse por qué hay aún gente que sigue pasando hambre. Quizás sea eso lo que advierta el papa Francisco que está inaugurando en la Iglesia una nueva teología, hecha más de gestos y símbolos, de ejemplos personales, de denuncias al poder con nombre y apellidos, que de defensa de ideologías ultrapasadas.

Publicado en El País (11 de abril de 2013)

Humanizar el ministerio del Papa: Sentido del sacerdocio cristiano


Por Benjamín Forcano

Resulta más que oportuno relacionar la renuncia del Papa Benedicto XVI con un pasaje de los Hechos de los Apóstoles. El apóstol Pedro visitaba en Cesarea a un tal Cornelio, hombre recto, que era capitán de la compañía itálica. Cuando Pedro estaba para entrar en su casa, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó diciendo: “Levántate que también yo soy un simple hombre”. (Hch 10). Palabras del primer Papa, que conectan con estas otras del concilio Vaticano II: “Se ha de reconocer cada vez más la fundamental igualdad entre todos los hombres” (GS, 29).

Desde este relato, creo entender la decisión tomada por el Benedicto XVI. Sin dejar de ser Papa, él no olvida su condición humana: “Para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meces, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

Nadie encontrará extraño que la Iglesia católica, en su concilio ecuménico Vaticano II , escogiera como categoría básica para expresar esta igualdad fundamental la de Pueblo de Dios. Este pueblo germinalmente abarca a todos los hombres y la Iglesia católica es como el sacramento visible de su unidad universal. En ella “Todos los fieles de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristina, con la cual se promueve un modo de vivir más humano” (LG, 40).

El cansancio e incapacidad del Papa apenas si puede sorprender a nadie. Joseph Ratzinger, antes que Papa, era teólogo y es para lo que, debidamente preparado, estaba dispuesto: investigar, enseñar, escribir y publicar; labor que venía cumpliendo con rigor y competencia, sin que se le ocurriera pensar en la tarea de gobernar. Fue elegido para ello, primero como obispo, más tarde como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y finalmente como Papa.

Ha sido en sus casi ocho años de Papa cuando más ha percibido el acelerado y traumático cambio de la sociedad actual, la gravedad de los problemas eclesiales y, más en torno a él, la peligrosa maraña de colaboradores suyos, algunos muy potentes y avezados en las ambiciones, intrigas y secretos curiales. Esa red le envolvía, iba en contra de su natural tímido y en casos graves de resolución se encontraba con posiciones opuestas, ante las que no se atrevía a proceder con coraje. Se vio abrumado, sobrepasado y con humildad decidió renunciar y no esperar a que, en sus últimos días, otros que sin duda pensaban que tenía que seguir hasta la muerte, pudieran manejarlo contra su voluntad. Benedicto XVI tenía en su memoria el angustioso final de Juan Pablo II, superadmirado y elogiado por los medios. Benedicto XVI decidió renunciar, seguro en su conciencia de que obraba bien. Acaso sea, entre los pocos que dimitieron (Celestino V, 1294; Gregorio XII, 1415;…) el único que lo ha hecho por decisión propia, sin otras razones y presiones exteriores. Ciertamente, era quebrar una tradición sacralizada, que presentaba al Papa como un vicediós. Pero su sabiduría teológica le ayudó a ahuyentar todo temor y duda. Y en nuestro mundo su gesto resulta adecuado y creíble, humana y teológicamente hablando.

Entre los componentes de la Curia Romana, habrá quienes estarán estado en desacuerdo, pero ni antes, y menos ahora, se puede sostener que el ministerio del Papa debe ser vitalicio. Lo afirmaba el mismo Papa cuando como teólogo escribía: “Para la teología católica es imposible considerar la configuración del primado en los siglos XIX y XX como la única posible, necesaria para todos los cristianos”.

En este sentido, para diseñar un futuro más evangélico y moderno de este ministerio, sirve exponer las razones que debieran perfeccionarlo en lo sucesivo. Se trata simplemente de un derecho, el derecho del Papa a jubilarse, como acontece en todo ser humano.

El Papa es un ser humano

El Papa es un ser humano y, como tal, está sujeto a las limitaciones que le impone, sea por debilidad, enfermedad, envejecimiento, etc. La edad suele marcar en todas partes un límite, más allá del cual se considera que para una persona es justo y aconsejable verse liberada de determinadas responsabilidades públicas. Tal liberación se acrecienta ante las responsabilidades de la Iglesia católica, que se extienden a la tierra entera y alcanza a mil millones de miembros.

Los obispos se jubilan a los 75 años

La tendencia actual en la Iglesia, establecida por Pablo VI, es la de jubilar a los obispos a los 75 años, aunque estén en buenas condiciones, como le ocurría al cardenal Tarancón. El Papa es el primero de todos los obispos, pero es también obispo.

El carácter vitalicio del ministerio papal no es ningún dogma

De acuerdo con las leyes de la evolución histórica, hay normas y costumbres del pasado que no conviene mantener en el presente. El carácter vitalicio del ministerio del Papa no se apoya en ningún principio dogmático y contradice la vida democrática, propia de la mentalidad moderna y muy concorde con el mensaje evangélico.

La soberanía democrática es del pueblo de Dios.

Muchos tratan de cuidarse en salud, afirmando que la Iglesia no es una democracia. Se puede admitir, pero replicando que, en cuanto a la estructura y principios que la deben informar, la Iglesia es más que una democracia. Los principios de Jesús: “Sois todos hermanos”, “el que quiera ser superior que se haga inferior” , “los últimos serán los primeros”, etc. marcan un nivel de igualdad y fraternidad que aseguran relaciones más que democráticas .

En el parecer del teólogo José Mª Díez Alegría, “Los cristianos pedirían un Papa capaz de desmontar el monarquismo absolutista con que está funcionando el papado y que, sin negar el primado, lo hiciera compatible con la colegialidad, la subsidariedad”. Es éste el principio invocado por el Vaticano II: las cosas comunes se resuelven mejor entre todos que no por uno, en este caso por todos los obispos y no sólo por el obispo de Roma.

En Carta personal a Juan Pablo II, el obispo Casaldáliga le comenta que ciertas estructuras de la Curia no responden al testimonio de una simplicidad evangélica y de comunión fraterna, son centralizadoras e impositivas y no respetan una corresponsabilidad adulta ni, a veces, los derechos de la persona o de los pueblos diferentes: ”La curia romana reclama a gritos una profunda renovación. Me atrevería a calcular que un 70 % de lo que se adjudica la Curia romana podría resolverse mejor en las iglesias particulares y en las conferencias episcopales”.

El Papa solo no es la Iglesia, ni él solo es todo el colegio episcopal. Lo confirmaba también el cardenal Carlo María Martini: “Determinados puntos de la Iglesia necesitan para su solución de un instrumento colegial universal y autorizado”. El Papa es para la Iglesia, no la Iglesia para el papa. El Papa tiene un ministerio (servicio) que le confiere la misma Iglesia, no como una dignidad, prebenda, poder o premio sino como una misión que debe ejercer en función del bien y del buen gobierno de la misma. La magnitud y variedad de la Iglesia, sus situaciones históricas y socioculturales, políticas y religiosas tan distintas, exigen cercanas y especiales condiciones que no

Con razón, pues, Benedicto XVI ha reiterado que ha renunciado por el bien de la Iglesia. Su renuncia debiera promover el compromiso de una mayor democratización y corresponsabilidad eclesial a todos los niveles: continentales, regionales, diocesanos, parroquiales, etc.

La hegemonía clerical, favorecida por el poder del Papa acumulado en la historia, sobre todo a partir de la reforma gregoriana, no tiene fundamento en el Evangelio y se deslegitima a la luz del sacerdocio de Jesús, fundante de todo otro sacerdocio en la Iglesia.

La soberanía de la Iglesia la tiene el pueblo de Dios quien, en última instancia, la recibe de Dios, quedando en manos del pueblo –en su protagonismo, participación y corresponsabilidad- delegarla en aquellos miembros de la comunidad –local, parroquial, diocesana, etc.- que más idoneidad revistan.

La jerarquía eclesiástica, en cualquiera de sus niveles, es nada sin la comunidad. Jamás la autoridad en la Iglesia puede entenderse y erigirse como una realidad que tiene consistencia en sí y por sí. Tal concepción ha llevado a una hipertrofia de la cabeza y a una atrofia de los demás miembros del cuerpo eclesial. Tal desorden quedaría corregido y eliminado si conociéramos bien la naturaleza del sacerdocio de Jesús, norma y modelo de todo sacerdocio en la Iglesia.

El sacerdocio de Jesús, fuente del sacerdocio cristiano

Estoy convencido de que el sacerdocio de Jesús, comunicado a la Iglesia entera, es clave para poder entender la renuncia del Papa e impulsar una reorientación del mismo en la comunidad cristiana.

Como muy bien dice el Vaticano II: “Todos los bautizados, por la unción y generación del Espíritu Santo, son consagrados como cosa espiritual y sacerdocio santo” (LG. 10).

La Iglesia entera participa del sacerdocio de Jesús. Explicar esto es decisivo para evitar concepciones del sacerdocio que no responden a la novedad del sacerdocio de Jesús: “En Cristo se ha producido un cambio de sacerdocio” (Hb 7,12).

Este cambio comienza por saber que los discípulos de Jesús no lo tenían a él como sacerdote al estilo de entonces, seguramente porque seguramente vieron cómo se enfrentaba con los sacerdotes judíos y el templo.

Por su sacerdocio, Jesús “se hace semejante a sus hermanos”, de modo que se identifica con el pueblo, sin avergonzarse de llamarlos hermanos. Para ejercer su sacerdocio no necesita retirarse al ámbito de lo sagrado, de los ritos, sino que lo vive a través del sufrimiento y del amor llevado al extremo. Desde ese ejercicio, oye y hace suyo el clamor del pueblo y tiene experiencia de lo débil, de lo pobre y de lo excluido. Ejercicio que lo lleva a comprometerse con los más débiles y maltratados y a terminar clavado oprobiosamente en la cruz.

La vida de Jesús fue una vida sacerdotal en el sentido de que se hizo hombre, fue un pobre, luchó por la justicia, fustigó los vicios del poder, se identificó con los más oprimidos, los defendió, entró en conflicto con los que tenían otra imagen de Dios y de la religión y tuvo que aceptar por su fidelidad la persecución y el morir fuera de la ciudad , echado fuera de ella como a un estercolero. Los poderes establecidos, en este caso poderes de la muerte, lo matan ( y matarán a todos aquellos que se identifiquen con los marginados y oprimidos): “Por eso, él asumió la misma carne y sangre que los suyos, para con su muerte aniquilar al señor de la muerte y liberar a todos los que pasaban la vida entera como esclavos” (Hb 2, 14-15)

Este sacerdocio sólo lo conocemos en Jesús y es el que hay que proseguir en la historia y, así, la Iglesia entera , pueblo de Dios, prosigue y ejerce el sacerdocio de Cristo , sin perder la laicidad, en el ámbito de lo profano y de lo inmundo, de los “echados fuera”. No se trata de renegar de un sacerdocio que atiende como se debe al culto y celebraciones litúrgicas sino de ver que transcurre centrado en el mundo real: “Entre quienes viven en un mundo de miseria y opresión, ese modo es el que se ofrece al servicio sacerdotal” (Jon Sobrino).

Este sacerdocio, llamado común (de todos) pertenece al plano sustantivo, mientras que el presbiteral es un ministerio (servicio) y no puede entenderse desentendido del común. El sacerdocio común pertenece y acompaña al presbiteral, procede de él por delegación (de la comunidad sacerdotal) y, en consecuencia, está subordinado al común.

Queda así muy superada la figura del “sacerdote” que se ciñe casi exclusivamente al altar y a la administración de los sacramentos. El menester primero ( Cf. Presbiterorum Ordinis) del presbítero es el ministerio de la palabra , realizado de muchas formas y las más de las veces fuera del templo.

Conviene saber que este ministerio presbiteral, tal como se entendía en el primer milenio, tiene pleno sentido, pero con referencia y en dependencia de la comunidad.

Acaso lo más importante y significativo de la renuncia del Papa está por venir. Su gesto debiera ser un impulso para volver a tomar en serio en la Iglesia el sacerdocio de Jesús y aplicarlo con todas su consecuencias.

Es entonces cuando podemos entender palabras como las de los obispos Cipriano y León Magno: “No se debe ordenar obispo a nadie contra el deseo de los cristianos, y sin haberles consultado expresamente al respecto” , “El que ha de presidir a todos, que sea elegido por todos”, porque “al que es conocido y aprobado se le reclama con paz, mientras que al desconocido, es menester imponerlo por la fuerzas y será constantemente materia de discusión”.

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