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De Silvio, Metallica y la madre de los tomates


Por Julio Tang Zambrana

…creo que tuvieron que crecer rápidamente [los grupos de punk de los ´70]. Algunos tuvieron éxito, firmaron contratos y se percataron de que debían colaborar con el sistema para lograr algo. Algunos lo lograron, otros se desplomaron y ya no fueron creativos, no tenían hambre. O compraban más drogas y terminaban muriéndose. Sólo aquellos que planteaban las cosas con real contenido pudieron salvar aquel obstáculo

Don Letts, fundador de Big Audio Dynamite

…don llou cri, toni, ai estil lobe llou babi,

don llou cri, toni…

Porno Para Ricardo, versión de Don´t Cry, de Guns ´N Roses.

lo que hacíamos se había convertido en una cosa, era sólo el mismo rock ´n roll, noche tras noche había perdido el sentido. Era casi igual a una gira de los Rolling Stones, demasiado grande Y cuando las cosas se ponen así, hay que parar. Es lo más fácil del mundo, sencillamente se para y ya si no quieres ser una estrella de pop, sólo deja de serlo

Johnny Rotten, cantante de Sex Pistols

Cierto día de varios años atrás me sorprendí, mientras conversaba con un amigo, diciéndole que los Metallica no eran tan malos como querían aparentar. Ya por esos momentos teníamos pleno conocimiento en Cuba del reciente Álbum Negro y, aunque no poseía las herramientas necesarias para diseccionar ese disco y enfrentarlo a lo que habían dejado atrás, entendí perfectamente que mis ídolos de antaño ya no serían más los mismos. Después vinieron los desgracias para unos, acercamientos para otros y definitivamente dinero para ellos- intentos de Load y Reload. Inmerso como estaba en la vorágine del rock alternativo, me pareció lo más inteligente que podían hacer, el mundo se venía abajo y con él todos los estereotipos y rutinas de siempre. Tiempo después ahora- me di cuenta que no lo habían hecho creo- por aventura o experimentación, sino más bien por desorden, desubicación y tal vez desidia, aunque gritaran a los cuatro vientos que estaban rindiendo culto a sus influencias de siempre.

Ahora, después de experimentar y analizar hasta en sueños los St. Anger y Death Magnetic, y habiéndome despabilado en el asombro, el cinismo y la angustia del documental Some Kind of Monster[1], me insisto cada vez más que todo lo que me llegó en Cuba sobre ellos no fue más que una pose. Que todo el andamiaje de carrera prevista de cambios y catapulteos hacia nuevos mundos, no fue otra cosa que, amén de destellos de genialidad y lirismo del Dueto Hetfield-Ulrich, la completa ubicación en el mainstream del negocio, el dinero y el desencanto. Al final, diez años bastaron para crear un mito que, como todos, se desinfla como plomo ante la fuerza del entendimiento. Un mito que descansaba, más allá de la fuerza e imaginación del Dueto, en el espíritu y consagración de Cliff Burton: sin él, la banda dio su último estertor existencial And Justice for All- y junto al primer video-clip a gozar se ha dicho. Y los fans que no se enojen, nunca hubo traición pues, conscientemente o no, ellos anotaron con fuego que no podían seguir más por el camino de la gloria: la negativa a utilizar un bajista-artista no sólo mostró el lado siempre oscuro del Dueto, también reveló sus miedos y constancias más rutinarias y decisivamente desvanecedoras.

Con el conocimiento sobre el lío Napster[2] y Some Kind of Monster acabé por convencerme que los ídolos tienen su momento y nos toca a nosotros, los de abajo, destronarlos o mantenerlos en el pedestal. Pues, al final, casi todos ellos, años después de cantar o decir ciertas cosas, se convierten en vampiros que como sanguijuelas nos exigen más y más dinero, o más y más lealtad para tener ellos más dinero. Cualquiera podría argüir que la música, desde los ´60 no es otra cosa que negocio Es cierto, mas también lo es que se pueden tender ciertos puentes entre las ganancias monetarias y las viscerales, esas que mueven multitudes a través de la autocomprensión, de posiciones auténticamente positivas y definitorias en lo mejor del individuo. Quién puede decir que a los System Of A Down y a Jared Leto y su 30 Seconds to Mars no les gusta el dinero y, sin embargo, aún siguen gritando y preguntando a veces las preguntas son más definitorias.

Años después de comenzar a cavilar sobre todo lo anterior, y todavía en Cuba, comprendía entonces la aparente posición contradictoria de los Van Van, cuando a través de Formell, y en plena efervescencia de la entrada de la música enlatada cubana al Mercado, convenían en que la piratería musical es nociva para los músicos. Contradictoria, pues con esas declaraciones tanto el mítico beatle cubano como su tropa se alineaban con McCartney y se olvidaban de sus orígenes y los Diez Millones. Y no es que uno quisiera que fueran revolucionarios también, lo que jodía era que nos restregaran en la cara que el bailoteo del público no es más que dinero pa ellos, que ya no importaban los momentos en que iban al Latino a descargar codo a codo con el gentío; que ya se acababa la experimentación de ritmos; que ya no estaban pa hacer gozar a la gente; que pa lo que estaban era pa buscarse la estilla y que los cabrones que bajaban música gratis por Internet no eran más que eso, jodedores que les estaban rebajando el poco dinero que las disqueras les daban de que valieron entonces las orgullosas miradas de ser los primeros timberos del mundo, cuando se habían convertido en la versión cubana de los Boney M, Backstreet Boys, Usher o Greenday.

Y me jodió mucho ver como se me desdibujaban Silvio, Amaury, Polito, a la vez que me reconstruía a Habana Abierta, Pedro Luis Ferrer, Frank Delgado Y cualquiera puede decir que cada músico, o artista, tiene su generación, públicos, momentos que es muy difícil ser trascendente, genial auténtico. Y de inmediato pienso en Virulo, un tipo que tal vez muy pocos recuerden, que se ha pasado pila de años viviendo en México derechísimo que tiene a hacerlo- después de que el proyecto al que le dio la vida se desvaneciera con la crisis de fin de siglo y los ´90 Pues, el hombre ha regresado a Cuba varias veces: el mismo artista, el mismo cáustico, el mismo jodedor. Y no es que no haya cambiado, que no haya (r)evolucionado su existencia, que se haya esta estancado, no, es que sigue siendo él, los pilares de su existencia retan el tiempo, los patrones de su análisis artístico y humano se aplican a cualquier escenario porque son poderosamente dialécticos no tengo otra palabra más esclarecedora.

Siempre me gustó Silvio, pero nunca me gustó su Canción en harapos me parecía que ese manifiesto tan directo que no por directo lo rechazaba- no concordaba con lo que normalmente hacía. Otras canciones políticas suyas me resultaban, todavía lo son, más cercanas. Pero aquella y El Necio me resultaban algo más que poses también. Al final opté por la salida salomónica que un amigo me brindó, me quedé con lo mejor de él. Lo mismo hice con Amaury y Polito. Sin embargo, ello no significó otra cosa que comenzar a considerarlos intrascendentes, estancados, encriptados, aunque me gustara enormemente su obra pasada. Y ahora se aparecen con que casi no dan conciertos en Cuba, con que hacen programas televisivos de evidentísima factura kistch que, amén de su buena calidad visual, me recuerdan más a las cajas de Mcdonalds-, con que están más pa sus lados introspectivos, con que ya no hacen casi nada de calidad, con que han perdido la energía de antaño y ahora no están pa otra cosa que pa decir banalidades y verdades sociales nada convincentes.

Recientemente vi otro documental cuyas imágenes me mostraban la ira de aquellos jóvenes de los ´60 y ´70 de Estados Unidos cuando comprendieron la transición de los artistas que adoraban, y que fueron ejemplos de una de las contraculturas mundiales más icónicas, hacia la mercantilización espuria. Y los grandes se defendían alegando que era difícil tratar con los jóvenes, que estos no entendían sus imperativos artísticos y que había que respetarlos sobretodo porque iban a los conciertos a cantarles y que tenían cosas que decir. Qué bien esta decir cosas desde un escenario a 20 metros del público o desde un aparato de televisión, o desde una página web aunque sean cosas que tengan que ver con el destino de millones de gentes, como los de Cuba, por ejemplo.

Desde que el futuro artista siente la necesidad de compartir su existencia públicamente y hasta en intimidad con otras personas, deja de ser él en cierta forma para convertirse en icono. Ello no quiere decir que tenga que atar su existencia a la veleidad de los fans. Pero sí debe tener en cuenta que sus acciones y palabras influyen en todo un mundo de personas que quizás no puedan decir o pensar tan claramente como ellos, y esto los lleva a construir incluso aunque no lo quieran- responsabilidades comunicativas y comunitarias que tienen que tener en cuenta de lo contrario, solo quedarán para buscarse el dinero y hacer pensar a los que gustan de ellos que traicionaron sus ideales (porque, al final, ¿quién les dijo que alguien los quería escuchar o ver? Todo fue porque quisieron, pero al hacerlo dejaron de ser coyotes solitarios para renacer en lobos de manada). Las responsabilidades y actitudes adoptadas en un momento determinado son difíciles de mantener, pero no es imposible hacerlo. Esa es la fina línea que separa al artista de la figura cultural Es triste comprender esto después de años de trabajo y consagración pero los mejores tiempos quedaron atrás y la gente cambia, como todo el mundo, hay que aceptarlo, caballero.

Sólo los que lo merecen quedan en la memoria de los hombres como el árbol, de la raíz a la copa, el mismo pero a la vez otro aunque no lo quieran

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