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Un mal año y la persistencia de la esperanza


Por Rogelio M. Díaz Moreno

El año que concluye este lunes 31 de diciembre, según el calendario occidental, no fue muy feliz para la inteligencia, el debate o la libre expresión de las diferencias inevitablemente existentes entre las visiones y aspiraciones de cada cubano. Específicamente, varios blogs de mucho valor vieron su fin este año por efecto de la censura.

Pido perdón si no puedo abundar en las malvadas muestras de represión en otras latitudes. No vivo ni conozco demasiado de otros países, así que escasamente puedo abordar ni intentar mejorar desde aquí lo que ocurra por allá, y menos me serviría de consuelo pensar que están peor que nosotros. Me duele lo que conozco que azota mi propia cabeza, y para ensayarle remedios es que tomo la palabra.

Debo hacer una salvedad; voy a exceptuar de este análisis la cuestión de los grupos cubanos que presentan lazos relevantes con las agencias del gobierno estadounidense. Me interesa aquello que hacemos aquí por nuestra propia voluntad, guiados por nuestros auténticos ideales de nación, típicamente de izquierda y anticapitalistas; por lo tanto, generalmente en contradicción antagónica con aquella potencia, que reitera periódicamente sus intervenciones para socavar nuestra independencia. Esto no le impedirá a nadie hacer su propio resumen con los aspectos que más le ocupen.

La primavera del 2012 abrió con un encuentro entre blogueros de todo el país, iniciativa interesante pero ensombrecida por la poca claridad del criterio empleado para seleccionar los invitados. Los organizadores del BlogazoxCuba, el colectivo matancero La Joven Cuba, otorgaron la etiqueta de revolucionarios a discreción; se aseguraron de marcar solo las direcciones políticamente correctas e integradas, en fin, las conocidas como oficialistas y dejaron fuera visiones que hubieran podido aportar riqueza conceptual y de contenidos desde otras sendas del socialismo democrático y la participación popular. Los roces no se hicieron esperar y se cruzó un volumen de fuego, reflejado en las bitácoras de uno y otro espacio.

Los agrupados bajo la sombrilla oficialista, de acuerdo con la tradición, siguieron empleando las armas de acusar al resto de adoptar posturas diversionistas y manipulables por un enemigo a cuyos fines se estarían prestando. El único pensamiento pertinente, según este partido, parece ser aquel que siga los canales establecidos, el momento y el lugar adecuados, cuidadosamente cribado de todo cuestionamiento de los líderes históricos, y que preferiblemente solo reproche a los malos del otro lado del estrecho de la Florida mientras se ensalze todo lo posible la política interna. Por el lado alternativo, se fustigó esta visión maniquea de bien y mal, la doblez de defender incondicionalmente la política que fuere que estuviera en boga, por contradictoria que fuera con ideales sociales sostenidos antaño o incluso, opuesta a políticas defendidas con el mismo acrítico entusiasmo en años anteriores.

Un punto tragicómico en esta historia es lo cuestionable de su trascendencia. El insignificante alcance de la Internet en nuestro país excluye a la aplastante mayoría de la población de estos debates, así que su mayor impacto lo producen a través de su divulgación entre élites de intelectuales, su seguimiento por las autoridades gubernamentales y el eco en los círculos internacionales interesados por nuestra tierra, ya sean cubanos emigrados, colectivos solidarios con Cuba y también las atentas miradas de consorcios turbios poco proclives a desearnos el bien.

Los meses del verano trajeron las mayores zozobras. El mismísimo colectivo de La Joven Cuba se tornó excesivamente molesto para el sistema, y sufrieron una flagelación brutal. Nunca han tenido el valor de denunciar claramente los detalles del defenestramiento, pero ha trascendido lo suficiente para permitir hacerse una idea bastante precisa: reuniones con altas autoridades, puñetazos sobre la mesa, cuestionamientos de su condición de revolucionarios, acusaciones de hacerle el juego al enemigo, las obvias amenazas de despedirles del trabajo como profesores de la Universidad de Matanzas, etc.

Hay que introducir aquí un par de detalles importantes. El blog La Joven Cuba no surge, a diferenta de otras columnas asalariadas del pensamiento oficial, por una orientación de los niveles superiores, con facilidades otorgadas para el propósito de conexión y navegación, estímulos por metas a cumplir y demás. Estos jóvenes admiradores de Antonio Guiteras se tiraron al agua del Morrillo por su propia cuenta y sin salvavidas, y emplearon para ello las limitadas posibilidades de conectividad con que contaban en su centro. De hecho, el emprendimiento navegó por aguas prohibidas desde un principio, si bien por un tiempo las autoridades, medianamente satisfechas, eligieron hacerse de la vista gorda. Ayudaba el detalle de que LJC manifestara intensamente y con frecuencia toda la afinidad posible por la conducción estatal, pero también parece ser un hecho que partieron de una motivación legítima, auténtica, de preocupación social y nacional. De ahí que produjeran materiales y despertaran debates de mucho interés, de contenido crítico y con exigencias combativas contra lacras burocráticas y autoritarias existentes. Estos dos (o tres) elementos, el proyectarse espontáneamente (con los recursos de la Universidad) y el emitir algunas críticas con seriedad, decretaron el fin de su romance con las autoridades. De nada les ha servido reivindicar sistemáticamente sus simpatías por el sistema; igualmente frustrante debe haberles resultado el virón de espaldas de la mayoría de los invitados a su reunión de blogueros revolucionarios.

Antes de sacar las conclusiones pertinentes, se deben contemplar otros hechos. Elaine Díaz, una de las voces más reconocidas de la blogosfera cubana, anunció de manera igualmente súbita el fin de su actividad para, según una argumentación que no convenció a nadie, concentrarse en su desarrollo profesional. Los que conocemos a esta valiente persona, apenas podemos imaginar la intensidad de la presión a la que debió ser sometida, las amenazas y reuniones con que la exprimieron, por su voluntad de proteger a su sufrida comunidad contra desmanes burocráticos, de convocar a acciones de defensa de la voluntad y el interés popular, las denuncias contra los acaparadores de las telecomunicaciones en Cuba y demás pecados de similar gravedad. También debe considerarse que Diaz siempre repudió todo intento de manipulación contrarrevolucionaria, y su bitácora intentaba mantener abiertos los canales establecidos por el gobierno.

El ocaso de Bloggers Cuba se consumó también en el 2012. Los últimos y aislados escritos, subidos al otrora pujante sitio, no hacían sino confirmar su desgracia. Este era otro colectivo que marcó durante varios años un espacio alegre, dinámico, informativo y variado, sin cesiones al oficialismo maniqueo ni escarceos con una disidencia de poco prestigio. Después de permitirle un período de esta suerte de navegación entre dos aguas, las autoridades le asestaron sucesivos golpes, por separado, a varios de sus miembros, y el colectivo no resistió la presión, hasta el punto que se perdió hasta el dominio del blog.

Elaine Díaz, justamente, era una de las voces destacadas de BloggersCuba. Sandra Álvarez también, y su bitácora personal porta el provocativo título Negra Cubana tenía que ser. En este espacio, la autora fustiga las lacras de discriminación contra la mujer, el racismo y la homofobia actuantes en la sociedad y las instituciones cubanas. No es un secreto que Álvarez también ha sufrido presiones y cuestionamientos agudos de agentes del estado, que hasta ahora no han podido acallar esta poderosa y valiente voz.

Dejo para último el blog del Observatorio Crítico, del cual me honra formar parte, y que también ha tenido duro bregar bajo las andanadas oficialistas de quienes nos acusan de toda una serie de pecados inicuos. Las consecuencias las han pagado varios integrantes con sus puestos laborales, ya perdidos o en peligro inminente.

Terminada esta relación, caben un par de preguntas. ¿Por qué a la juventud, llamada a desempeñar roles protagónicos en todo proceso revolucionario y enaltecida con el llamado guevariano al Hombre Nuevo, le decapitan todo intento de desbordar el rol asignado de obediencia? ¿Qué mensajes clarísimos emiten estos sucesos? Evidentemente, que el horno no está para galleticas; que toda voz fresca, espontánea, que se atreva a poner en juicio las políticas de la burocracia imperante, está en peligro de ser suprimida en el momento en que así se estime conveniente. No habrá tolerancia al debate abierto, al análisis sincero de ideas diversas, ni siquiera dentro del campo de las corrientes que respeten ideales socialistas desde distintos matices. La unidad monolítica y la obediencia a la clase burocrática imperante seguirá siendo el único estandarte aceptable. El vocerío de Lagarde, de Ubieta, de quien sea que se esconde tras el seudónimo Yohandry, de Jorge Ángel Hernández, Noel Manzanares Blanco y resto de la comparsa se vuelca en primer lugar contra cualquier nota discordante y luego, si el aludido persiste, caerán las represalias en el centro de trabajo, de estudios, el hostigamiento, los cortes de conexión o el despido llano y simple en un país donde el Estado sigue siendo la única opción laboral para ejercer una labor profesional de calificación universitaria.

Con este panorama, mal puede prosperar el propósito del General en Jefe, Raúl Castro, de respeto a las discrepancias y diferencias honestas dentro del mismo fin e ideales sociales. A pesar de todo, siempre existiremos aquellos, quienes creemos que la juventud generará eternamente nuevas voces y proyectos, colectivos y espacios de ideas y debate, con elevadas convicciones sociales y valores revolucionarios y democráticos de la mejor estirpe que, aún cuando sean aplastados una y otra vez, alimentarán continuamente el renacer de la esperanza.

Respuesta contaminada a Ubieta, desde abajo y a la izquierda



Por Isbel Díaz Torres

Enrique Ubieta Gómez publicó recientemente en su blog La Isla Desconocida, un nuevo artículo de descalificación contra la izquierda crítica en Cuba. Después de su última incursión en estos ejercicios (donde salió bastante mal parado), el periodista decidió retornar las armas con un candoroso texto, escrito “desde la buena fe”, según él mismo considera.

“La añorada contaminación de la crítica revolucionaria” es un material bastante poco explícito, comenzando por el título, que no deja claro quién es el sujeto que añora, ni define cuál es el “espacio crítico revolucionario” contaminado. Tales definiciones son importantes para que los implicados puedan sentirse aludidos.

En cualquier caso, mi intuición me dice que la izquierda en la que creo habita nichos un tanto distantes de los de Ubieta, por lo que en principio me doy por aludido. Sobre todo sabiendo que las lógicas del autor en cuestión comúnmente convierten en oponente al otro diferente.

Adentrándonos en el texto, Ubieta nos presenta su sagaz descubrimiento: la contrarrevolución intentará “anular la diferenciación entre la derecha (…) y la izquierda”.

A partir de ahí, articula su discurso asumiendo una serie de posturas bien cuestionables. Por ejemplo, se preocupa porque el enemigo intente “quebrar la identidad histórica entre Gobierno y Revolución”. Yo, que me siento revolucionario porque entiendo esa identidad entre PUEBLO y revolución, descubro ahí una de las diferencias entre la izquierda crítica cubana y la izquierda… como le podríamos llamar… de protocolo. Izquierda de protocolo.

Para Ubieta, “la izquierda revolucionaria todavía no acaba de superar la parálisis teórica en torno a sus errores y desvíos históricos” aspecto en el que ciertamente debo coincidir. Pero ¿qué hace él para superar esa parálisis? ¿Cómo intenta él corregir esos desvíos? ¿No será él uno de los precursores? En realidad no me molesta que la izquierda de protocolo invierta su tiempo en denunciar a Posada Carriles y defender la causa de Los Cinco, pues ambas son causas nobles y justas; no obstante, me preocupa cuando esa izquierda dogmática nos exige a todos que le sigamos los pasos, y cuestiona cualquier posicionamiento si antes no se aclara que se está en contra de Posada, a favor del regreso de los cinco, o de Elián, o en contra de la deuda externa… según sea el siglo de que estemos hablando. En mi criterio, una parte de la parálisis que refiere el articulista está muy relacionada con esa insoportable costumbre de convertir las agendas gubernamentales de política internacional en agendas políticas personales, cuestión que diluye al actor social, al hombre/mujer mirando su realidad y transformándola.

Ubieta no cree en la crítica al gobierno cubano que “presuntamente construye hoy en secreto un nuevo capitalismo”. La realidad es que ese capitalismo ni es nuevo, ni se construye en secreto, pero el autor no puede verlo. ¿Habrá que recordarle que aunque la prensa oficial no da parte de ello, no significa que no esté ocurriendo? Ah, claro, él es parte de la prensa oficial… la parte inmovilista.

Más adelante, Ubieta refiere una “alianza de una supuesta izquierda —que declara estar más a la izquierda que los gobernantes cubanos— y una muy clara derecha en la subversión del Estado revolucionario, para construir un Estado… ¿democrático burgués?, con el aplauso y los fondos de todos los imperialismos, resulta una evidencia esclarecedora.”

Pero Ubieta olvida mencionar a los actores de esa alianza ¿Dónde se verifica exactamente? ¿Pretende Ubieta que toda la izquierda es homogénea, incluso dentro de la llamada izquierda crítica? Al menos yo no busco construir un estado “democrático burgués”, ni de ninguna otra denominación. Busco autotransformarnos en colectivo, gestando relaciones (que pudieran y debieran convertirse en instituciones) sin ningún patrón preestablecido. Ahora, en mis intenciones no puedo ignorar que existe un espacio público donde las personas, cualesquiera sean sus posturas políticas, pueden encontrar demandas, gustos, voluntades comunes. No habría que escandalizarse por ello: ¿acaso no fue eso lo que pasó en la reciente visita del Papa, o todos los asistentes a las misas eran fervientes católicos? Aquello no fue una alianza, sino que las personas coincidieron en un espacio, muy posiblemente con móviles diferentes: fervor católico, curiosidad, miedo a represalias en el trabajo, aburrimiento, disciplina, acompañar a la abuela, etc.

Y ahora que lo leo ¿dónde están, por cierto, esos fondos que recibe la izquierda… y que además son evidencia esclarecedora? La difamación es un delito en este país, aunque ya sabemos que el código penal es aplicado de manera arbitraria y discrecional por las autoridades. Y si existieran tales fondos, y se conocieran, entonces el periodista debería hacerse la más elemental pregunta. ¿Si son ilegales, por qué quienes los reciben no son puestos tras las rejas? Si la legislación cubana condena el mercenarismo ¿por qué no es fiel a su letra? ¿Cómo interpretará el autor la legitimidad de quienes – dentro de organizaciones de la oficialmente reconocida “sociedad civil socialista”- reciben fondos provenientes de entidades foráneas, estatales o no, previa bendición del estado/partido?

Por ejemplo, si nos apartamos del debate en torno a la muerte de Payá -que no es el tema de debate aquí, ¿cómo se entiende que el estado cubano libere sin la más mínima sanción al político sueco Jens Aron Modig, quien declaró a la prensa que entregó dinero para financiar al opositor Movimiento Cristiano Liberación (MCL)? ¿El caso no es similar al de Alan Gross? ¿Y qué pasó con quienes recibieron ese dinero? Mi análisis no se enfoca en el MCL o sus mecanismos de financiamiento, sino en la discrecionalidad con que el gobierno cubano aplica sus políticas, esas mismas que Ubieta parece defender a capa y espada. Si verdaderamente considerara que se trata de cuestiones de fondo, ¿por qué no emplaza al gobierno, como un “verdadero hombre de izquierda”? (espero que no pretenda ofrecer aquí argumentos de real-politik). Por otra parte, el mismo análisis puede aplicarse en los casos del resto de la estigmatizada disidencia cubana, que parece ser tan plural y contradictoria en objetivos y métodos como la izquierda de la isla.

“Mi enemigo es todo aquel que intente restaurar el capitalismo en Cuba, reciba dinero o no de una potencia extranjera”, dice Ubieta, pero no lo he visto manifestarse en contra la presencia de monopolios brasileños y chinos – y sus millonarias inversiones contaminantes y megaexplotadoras del trabajo asalariado- en la economía cubana, ni en contra de medidas antipopulares y neoliberales, como el despido de miles de trabajadores, apoyado cínicamente por la CTC Nacional, o la reducción de prestaciones sociales, otrora presentadas como “conquistas de la Revolución” y hoy denunciadas como “gastos excesivos”. ¿Si el Estado o alguna fracción de su élite dirigente intentan restaurar el capitalismo, también estaría Ubieta contra ese Estado y élite?

No soy un analista político, y queda fuera de mi alcance el fin último de las maniobras estatales. Existe una real falta de información real y pública sobre los planes, la forma atomizada en que se presentan los proyectos de desarrollo: transgénicos brasileños en Sancti Spíritus, campos de golf con usufructo por 99 años para extranjeros en Matanzas, Puerto del Mariel con maquilas incluidas en el occidente, créditos increíbles desde China, médicos haciendo dinero para el Estado en Venezuela…. Todo ello va “salpicado” con un finquita agroecológica en Bauta, un médico que salva gratis una vida en Buey Arriba, una revista ecologista para proteger la Bahía de la Habana…, así, con la ayuda de los medios de prensa que magnifican las salpicaduras y minimizan las inversiones millonarias, es difícil saber la realidad del terreno que se pisa. Pero lo cierto es que hay más elementos para temer una restauración capitalista, que los que pudiera tener Ubieta para decir que la izquierda crítica busca construir un Estado democrático-burgués.

En su gratuito y contaminado discurso, Ubieta lanza otra frase descalificatoria, cuando refiere los “presupuestos de una izquierda no revolucionaria” Sin embargo, no dice cuáles son esos presupuestos. La única izquierda no revolucionaria que reconozco en Cuba es ese sector burocrático estatalista y autoritario, articulado con las estructuras del PCC, que se autotitula de izquierda, pero que tiene como único afán el cabal sostenimiento del sistema, y muy poco se relaciona con causas altermundistas, emancipadoras, y desenajenantes. De hecho, explorar el patrón de consumo cultural y material de los intelectuales orgánicos de estas élites pudiera ser muy instructivo: la imagen aún en mi cerebro de Ubieta tomando café en la cafetería del muy caro hotel Habana Libre, en lugar de consumirlo a una cuadra de distancia, en la cafetería de 23 frente al Coppelia, donde el café “popular” vale solo 1 peso cubano; pudiera ser bastante ilustrativo de lo que intento decir. A partir de aquí pudiera seguir una retahíla de expresiones descalificatorias, pero me halo las orejas y corrijo el rumbo. Aunque sea una manera hegemónica, no es posible crecernos si reproducimos tales prácticas antiéticas.

La realidad es que la izquierda que conozco sí profundiza en el dilema “socialismo-capitalismo” que menciona Ubieta, pero a la vez, reconoce la necesidad de un ámbito de respeto, de legitimidad para acceder al espacio público de todas las tendencias y propuestas de sociedad, incluidas las ajenas a su proyecto ideológico. El tradicional silenciamiento de las otras propuestas es uno de los elementos que ha llevado a los empoderados dirigentes cubanos a quedarse muchas veces sin propuestas propias. Como dijo una vez el Ché: “Opinión que haya que destruirla a palos, es opinión que nos lleva ventaja a nosotros” ¿Tendrá el Guerrillero Heroico, según los raseros y cánones de Ubieta, problemas ideológicos?

Coincido con el autor en que “la democracia real es anticapitalista, y que el capitalismo es por naturaleza totalitario”. Es por eso que nuestro cartel (que la Seguridad del Estado presionó para que bajáramos en la marcha del 1º de mayo de 2010) decía “SOCIALISMO ES DEMOCRACIA, PA’L LATÓN LA BURROCRACIA”. Es una pena que tan pocas personas comprendan esa visión que compartimos, y se empeñen en imponer esquemas antidemocráticos, arguyendo que con ello salvaguardan alguna Revolución. Por supuesto, en realidad salvaguardan sus propias prebendas y privilegios.

Seguidamente, el articulista menciona el tercer objetivo de la contrarrevolución: “romper el nexo histórico entre rebeldía juvenil y Revolución”. Ubieta, ese objetivo no es necesario perseguirlo, dado que ya que el sistema cubano se ha encargado de ello. Si este fuera un nuevo objetivo ¿cómo se explica la emigración de millones de jóvenes desde hace décadas? ¿Cómo es que la burocracia se devana los sesos tratando de inventar fórmulas (siempre infelices) que atraigan a la juventud? ¿Cómo es que las juventudes “comunistas” parecen cualquier cosa menos comunistas, y sus líderes, cualquier cosa menos jóvenes? No han comprendido que ya no se trata de defender la Revolución sino de desarrollarla, ampliarla, radicalizarla. Eso sí sería estimulante para los jóvenes. “Ahora le toca al padre la manzana en la cabeza”, pero la élite está demasiado apegada a sus raciones, por eso no se atreve a ceder el arco a sus hijos.

La historia de los adjetivos puede ser bastante confusa y manipuladora. Ubieta debería explicitar lo que él entiende por “crítica revolucionaria” y “crítica contrarrevolucionaria”. Espero que no sean los fines. Por ejemplo, decir por qué los servicios de salud para el pueblo son de baja calidad sería revolucionario si:

- persigue castigar a los profesionales y administrativos de salud que hacen un mal trabajo en detrimento del pueblo y de las planillas de los nobles burócratas que se atienden en el CIMEQ, además de reconocer los esfuerzos de la Revolución, la “gratuidad”, y los médicos “internacionalistas”;

- y sería contrarrevolucionario si lo que se busca con ello es desprestigiar y deslegitimar al gobierno tirano que se complace en ver a la gente humilde en colas durante horas para acudir a un especialista.

¿Es eso? Si fuera así, se estaría olvidando que hay muchos más pensamientos detrás de esa crítica, pero la realidad seguiría siendo la misma: el servicio es de mala calidad.

Por otra parte, el autor no se da cuenta que lo que él llama “el cansancio, la renuncia a ser diferentes, la aceptación acrítica del consumismo, el individualismo burgués” no es otra cosa que la propuesta cultural del Estado cubano a la población de la isla. Nada más cansón que los actividades político-culturales de la izquierda de protocolo, los matutinos, las galas, los homenajes forzados a los Cinco Héroes, que como una plaga carcomen el más elemental sentido de la estética, el arte, la alegría, la belleza en Cuba. Por su parte, la izquierda crítica privilegia el arte alternativo, la ruptura, la búsqueda de nuevas formas y estilos, es iconoclasta, queer (en el sentido más amplio del término).

El periodista venía hablando de la izquierda, y de pronto, como por arte de magia, se enfoca en el proyecto Estado de Sats, sobre el que vierte sus criterios, siguiendo “un razonamiento lógico” muy particular, totalmente desprovisto de argumentos probatorios, pero que al parecer a él le satisface. En realidad, con tales procedimientos, no sé para qué hace falta la Seguridad del Estado, si con el entusiasmo “revolucionario” de Ubieta ya todo queda probado. ¿Pero, y el análisis que venía haciendo sobre la izquierda dónde queda?

Cuando Ubieta declara quiénes son sus enemigos, no aclara qué métodos utilizará para vencerlos. Al parecer, los mecanismos extrajudiciales, ilegales, difamatorios, antidemocráticos, estalinistas, violentos, podrían servirle igual que cualquier otro. Aquí veo una profunda diferencia entre nosotros. Para mí, el enemigo ideológico es respetable, y la batalla debe ser limpia, de frente, y en igualdad de condiciones. No es posible que una parte tenga todos los medios a su alcance, mientras la otra deba recibir los palos justos e injustos que provengan de semejante poder.

A Ubieta no le tiembla el puño para escribir “la democracia revolucionaria que defendemos, no contempla a los capitalistas en el poder”, con lo cual hecha por tierra el sueño de la república martiana “con todos y para el bien de todos”. Pero si vamos un poco más allá, solo podemos sonreírnos ante la “ingenuidad” del autor, cuando miramos y vemos que los capitalistas hace rato están en el poder, protegidos bajo las casacas empresariales, militaristas, etc.

Ubieta finaliza su texto con una parrafada tan esquizo, que no resiste el más elemental análisis. Acepta lo diverso, pero no lo acepta; no desea la homogeneidad del pensamiento, pero excluye a los procapitalistas; habla de unidad nacional, pero no en “la orilla capitalista”. No entiendo cómo la lucha contra el capitalismo puede pasar por ignorar su real existencia en las estructuras y lógicas nacionales, y su avance evidente en las políticas económicas del país. Es demasiado ingenuo (u oportunista) ese intento por silenciar las voces disidentes, como si ello fuera a detener las finas telarañas de la Nestlé o Monsanto en la isla. Las neoliberales estrategias del “perfeccionamiento empresarial”, ensayadas décadas atrás, tienen ahora un caldo de cultivo fértil para recomenzar su expansión, y para colmo, profesionales de la palabra con acceso gratis a Internet pretenden descalificar a quienes luchamos por nosotrxs mismxs, y por quienes tenemos al lado, desde abajo y a la izquierda.

Presentan libro con artículos y ensayos publicados en blog cubano


Por Alina Perera y Alejandra García, estudiante de Periodismo

De izquierda a derecha: Rolando González Patricio, rector del ISA; Enrique Ubieta, y Osvaldo Martínez. Foto: Raúl Pupo/ Juventud Rebelde

Como libro de pelea, esencialmente cultural, como referente para quienes hacemos la Revolución y también para nuestros adversarios, ha sido calificado el texto Cuba: ¿revolución o reforma?, del periodista y filósofo cubano Enrique Ubieta Gómez, cuya presentación tuvo lugar este martes en la Casa del Alba Cultural, en La Habana.

El libro recoge los textos publicados por Ubieta en su blog La Isla desconocida, una de las más singulares de la blogosfera cubana, y se presenta como una isla que “navega en pos de sí misma, la utopía en pos de la utopía, buscándose y hallándose siempre a medias, en mares cercanos a los dominios reales”.

Durante la cita a la cual acudió un nutrido público del mundo intelectual, Ubieta llamó “amigos míos” a quienes lo acompañaron desde la mesa de presentación: el ensayista Omar Valiño, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial; Rolando González, director de Instituto Superior de Arte (ISA); y el filósofo y compañero de infinidad de proyectos, desde los días de la adolescencia, Rubén Zardoya.

El lanzamiento, que también contó con la presencia de Armando Hart, director de la Oficina del Programa Martiano, y de Kenia Serrano, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), resultó una oportunidad para mover ideas sobre el papel del individuo en el socialismo que ha de construirse en la era actual, tan preñada de paradojas y problemas.

El autor del libro, auspiciado por la Casa Editora Abril, agradeció el esfuerzo de quienes tomaron parte en el diseño, las ilustraciones, las fotografías y el trabajo de edición. Y dio paso a Rolando González, quien aludió a una obra que mira al futuro y que por vez primera reúne en una suerte de cartografía las principales ideas de los adversarios de la Revolución. “Ubieta también mira nuestras insuficiencias que pueden ser aliadas involuntarias de esos adversarios”, dijo.

Omar Valiño habló de un libro bien pensado, de lectura fluida, donde se combate a las ideas, no a las personas. Osvaldo Martínez, tomando como referencia a Ubieta, comentó que hoy en día la batalla es entre el individualismo burgués y la individualidad socialista, y retomó una frase del autor: “Casi todos los que vivimos en Cuba somos héroes”.

Según resaltó Zardoya en su invitación a leer Cuba: ¿revolución o reforma?, el texto muestra total coherencia de un pensamiento marcado por la cultura, sin una sola concesión que Enrique Ubieta haya hecho para que los adversarios de su ideología le tengan que perdonar algo.

Publicado en Cubadebate

Ocho respuestas libertarias para el señor compañero (o viceversa) Enrique Ubieta


Por Marcelo Liberato Salinas

1. Explorando desconciertos

Una de las cosas más desconcertantes y terribles que nos ha enseñado el siglo XX es que los gobiernos revolucionarios, socialistas, antiimperialistas, han reproducido en capacidad y en procederes represivos a los gobiernos mas clásicamente burgueses frente a la contestación anticapitalista universal. Más allá de los mentalmente limitados Libros negros del comunismo, que manejan el asunto de la comparación de los niveles represivos entre ambos sistemas opresores del siglo XX, a nivel de simple matemática y cálculo, la represión de los capitalismos estatales socialistas, ha tenido efectos más devastadores a nivel moral, porque han condenado los impulsos telúricos a la justicia y la igualdad de donde han surgido, a ser simples delirios incomunicables, que solo se pueden articular en lo adelante por medio de la política de los príncipes revolucionarios o por medio del retorno a formas más o menos encubiertas de capitalismo tradicional.

Trotsky en su, por demás, enjundioso libro La revolución traicionada creyó que el fin de la tiranía burocrática en la URSS comenzaría cuando la clase obrera, salida inmune mentalmente de la noche de horror, sangre y difamación, retomaría la lucha por tomar el control de su Estado proletario soberano; pero perdió de vista que la fuente más importante de existencia de ese Estado proletario, si alguna vez ha existido algo similar, es la propia vida y energía de los proletarios y que la muerte social, mental y hasta gramatical de los trabajadores es la única condición de existencia del Estado proletario soberano.

Es que, además de todas las expropiaciones en nombre de la Nación y el Estado, y por supuesto del socialismo, nos han dejado sin lenguaje. La gramática de la Transdominación -útil concepto desarrollado por uno de nuestros compañeros- es opaca y agotadora, desmoviliza y aliena. La de la dominación guarda el siniestro encanto de ser clara y transparente, y ante ella sólo queda el clásico ¡Libertad o Muerte! Si nosotros los libertarios que vivimos en Cuba saliéramos a la calle hoy con un cartel gigante que dijera ¡ABAJO EL CAPITALISMO!, que es una de las cosas que más tenemos ganas de hacer, la gente, a lo sumo, se compadecería de nuestra festinada inocencia; la Seguridad del Estado, por su parte, nos abordaría para preguntarnos quien nos autorizó a oponernos públicamente al capitalismo y finalmente Enrique Ubieta nos acusaría de agente encubiertos de la derecha reaccionaria. En fin, que estaríamos solos en el país de las multitudes socialistas

2. Un doctor muy ocupado con una imaginación tergiversadora enorme

Esa es la realidad concreta de la oscuridad transdominadora que estamos viviendo, la misma que puede explicar la dificultad que hemos tenido para decidir cómo definir a Enrique Ubieta. Él ha captado con sensibilidad atenta las resonancias implícitas que contiene el hecho de que lo hayamos definido como Doctor, lo que enérgicamente no ha aceptado. Pero no hay en su texto nada más parecido a un tono doctoral que cuando decide dictaminarnos, con el pulgar levantado, cuándo digerimos bien o no citas de autores, y si son pobres o no para responder la pregunta del examen, como todo un profesor de la más rancia academia. Lo que no atendió fue la urgencia de que nos respondiera la pregunta final de ese texto respecto a ¿en qué lugar de la barricada estará él al final de la aplicación de la política económica de los lineamientos del Partido Comunista Cubano?

Ahora el Sr. Co. Ubieta dice no tener tiempo para atender los textos que se le dedican, pero le recordamos que fue él quien primero tuvo tiempo para enfilar su batería de dardos venenosos y tergiversadores, de ciego interesado, sobre nosotros. Por nuestra parte nunca hemos dedicado ni un minuto a hablar ni bien, ni mal de él ni de su trabajo. Incluso, hemos seguido con interés lo que hace y por eso decidimos no lanzar invectivas al viento sobre su carácter de asalariado de la seguridad cultural y ubicar su obra en su contexto. Su libro fue comprado y leído por muchos en 1994 como una tabla salvavidas ante la evaporación histórica del Marxismo-Leninismo cubano fundado por Blas Roca para explicar la historia de Cuba. Por algo de eso fue premiado, y por eso mismo usted debió considerarlo propicio para enviar a concurso en esa coyuntura de inicios de los 90. Usted fue un adelantado niño prodigio en esas lides ¡qué le va a hacer ahora! No tiene de qué avergonzarse, gracias a esos resultados investigativos, para nada desechables, está donde está hoy y nadie podría pasar por alto su valioso trabajo en el periódico La calle del medio.

Pero lo que no podemos permitir es que delante de nuestras narices usted despliegue sin contestación su creativa capacidad de establecer asociaciones difamatorias que, como un mal espiritista, va tejiendo sobre la mesa hasta dejar al auditorio semi-(por suerte no lo logra del todo) hipnotizado ¿Qué vínculos nos puede impugnar con liberales, socialdemócratas, católicos, que no sea el de haber ido a los espacios que escasamente existen a participar en el debate de ideas que se está abriendo? A los libertarios no nos son suficientes los blogs y sitios electrónicos, que usted desde su casa y su privilegiada conexión a Internet prefiere. Nosotros vamos al debate de ideas donde se dé y sea útil. Le repito ¿por qué no asistió al evento de Estado de SATS a defender su capitalismo estatal que tantos dividendos le reporta? Tal vez porque estaba concentrado en sus investigaciones o haciendo su trabajo que más dividendos le reporta: mirar desde fuera para ver como tejía su telaraña de suposiciones conspirológicas. Eso lleva tiempo y es mejor desde fuera para ser objetivo, ¿no?

Decir que esta polémica es un pretexto bien manejado, es como decir que se auto felicita de haber logrado destapar públicamente este molesto nido de marcianos llamado anarquistas del Observatorio Crítico pues el pretexto fue bien manejado por usted que fue, repito, quien inició este, por demás, necesario debate. Quienes le escriben no tuvimos vínculos específicos con el Ted Hanken que usted ha tratado echar a andar en sus extraviadas teorías conspirativas, pero si usted quiere afinar el tiro le podemos dar información de primera mano a usted y a todos los interesados: averigüe qué es el periódico El Libertario de Caracas, quien fue Nerio Casoni, quién es Daniel Pinos, quién es Karel Negrete, quién es Octavio Alberola, quien es Frank Fernández, quién es Samantha Levens, quién es Gustavo Rodríguez, qué es la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de España y de Francia, qué es la Confederación General del Trabajo (CGT) de España, qué es la Federación Anarquista Ibérica (FAI), qué es el sindicato Solidaridad Obrera de España, qué es Movimiento Libertario Cubano, qué es la Industrial Workers of de World (IWW) qué es la revista Letra A de Italia, qué es la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, qué es la Revista Internacional de Estudios Libertarios Germinal, qué es la revista La Libertad de Costa Rica, qué es la video-revista Sinapsis de Chile, qué es la Editorial La Malatesta, y en fin qué es la declaración No están Solos (traducida en cinco idiomas) y quién es el mismo Marcelo Salinas, para que tenga un mapa preciso de los vínculos de nuestras ideas con lo mejor de la historia proletaria y popular cubana y los nexos internacionales de los desvalidos libertarios, y no el ditirámbico muñeco que su imaginación envenenada arma constantemente como un disco rayado y que siempre se detiene en reaccionarios surcos. Esas relaciones de solidaridad y apoyo, los anarquistas que trabajan en el Observatorio Critico las han puesto al servicio de todos, no sólo de los anarquistas. Y en gran medida gracias a eso el Observatorio ha logrado ser lo poco que es hoy. Por eso le digo infórmese y conozca antes de sus irresponsables asociaciones.

3. Un nacionalista ciego

Ahora usted dice no defender el nacionalismo burgués, pero no encontramos en ningún ensayo suyo nada que se salga del empeño de darle contenido y sustancia a esa Evolución Histórica de la Nación Cubana, fabricada, como toda teleología nacionalista, para dejar afuera o subalternizar las huellas populares sobre las que se levanta la nación libresca y escriturada, de la que usted ha fungido como uno de sus historiadores. Quisiéramos estar equivocados. Por otro lado es bueno que usted recuerde que Martí no es un nacionalista para que lo sepan los ideólogos del PCC que lo leen, porque así le exigen al Ministerio de Educación que se lo enseñen a los adolescentes en la escuela y con eso, entre otras cosas, borran el origen y el lugar de esa frase en la estrategia de Martí, que fue en un debate con los tabaqueros anarquistas, sus más fervorosos aliados después, que a mediados de 1890 platearon en su leído periódico El productor la necesidad de una postura crítica frente a los que se oponían a las huelgas obreras por cuestiones nacionalistas:

la patria la componen sus hijos y no existe una patria libre si esta mantiene a sus ciudadanos oprimidos dentro de sus fronteras. Poco importa si los que nos esclavizan son extranjeros o cubanos: la realidad es la misma

Ubieta, en una parte de su texto dice que nosotros como Rafael Rojas:

Diferenciamos la etapa marxista de la nacionalista, para canjear el antisocialismo por el anticastrismo en el discurso contrarrevolucionario más manejable, porque se asocia a una persona y no a una doctrina revolucionaria

La etapa marxista y la nacionalista del proceso político del Estado cubano está documentada en las Constituciones de 1976 y de 1992, si quiere puede leerlas y fue el castrismo quien llevó a cabo esa exitosa transacción ideológica que no produjo ningún contratiempos en el sistema político cubano. Rafael Rojas saca sus conclusiones políticas de esto, nosotros las nuestras. Lo único que nos une es la percepción común del hecho, a partir de ver lo que usted no quieres ver, pero le repito, lea sus constituciones y verá. El anticastrismo ha sido el nombre que ha recibido el dispositivo de polarización y neutralización de todas las formas de contestación que han existido en Cuba desde hace más de 50 años. Diversas tendencias políticas han asumido ese rótulo con ufana satisfacción, porque eso es lo que han sido: antis. Nosotros no lo necesitamos, porque nos interesan los procesos colectivos de aprendizaje de la autonomía y de la libertad, y no cambiar figuras malas (proyanquis) por buenas (antimperialistas), y viceversa

Son precisamente los castristas y los anticastristas los que necesitan la soberanía nacional (estatal). Los que son como usted, porque en el castrismo han encontrado la expresión concentrada del estable orden jerárquico que a usted lo inspira y sublima. Sus enemigos, los anticastristas (QUE POR CIERTO, MUCHOS PRONTO SERAN ENEMIGOS NUESTROS TAMBIEN), porque en el anticastrismo tienen la vía mas expedita para hacer el recambio de poder que necesitan para ellos. Los dos, usted y ellos, olvidan que Cuba está poblada de personas que piensan y deciden y desde ahí estamos tratando de hablar nosotros. El culto a la soberanía nacional ha sido un potente somnífero que ha permitido en todos lados el despliegue sin obstáculos de la dominación estatal y su eternización. Un partidario de la socialización (socialista, de ahí viene el término, Ubieta), adepto al culto de la soberanía nacional es un contrasentido tan gigantesco que se ha hecho algo normal, pero los fracasos de todos los socialismos de soberanía nacional nos recuerdan que la tierra todavía no está en el cielo y que el efecto de la droga no está garantizado contra la historia.

Insistir en la incompatibilidad de la soberanía nacional con el socialismo no es una simple estrategia blanda para destruir el socialismo desde adentro, como piensa la mente de Ubieta regimentada por el salario que recibe, sino un recordatorio de que la organización del tipo Estado nacional es la forma histórica institucional por excelencia de destruir toda organización y gestión popular, proletaria y local, de la cual debe nacer la sociedad comunista pura y dura que Ubieta dice desear. La soberanía nacional no es un atajo táctico para esperar la revolución mundial que estaba esperando Trotsky y defender mejor el socialismo frente a la indiscutible voracidad imperialista, sino que, bajo esa argumentación laudable, se ha larvado históricamente la vía más expedita para lograr parasitar el socialismo y construir un nuevo régimen de opresión sobre el prestigio de la lucha por la emancipación.

4. Un fascismo a la medida y los demonios inesperados de la soberanía nacional

Es en tal sentido que su versión del fascismo es muy discutible. El fascismo europeo triunfó en los corazones de las multitudes, en pueblitos de campo y en los barrios urbanos de muchas localidades de Europa central, no por el dinero del capital financiero, esa vergonzosa versión corrida por el stalinismo en voz del comunista búlgaro Gueorgi Dimitrov, que sólo describe el pomposo ascenso final del fascismo al poder en Roma, Berlin, Viena, Madrid, Budapest. Esa versión pasa por alto que los fascistas, antes que los bancos le pagaran, capitalizaron para sí el nacionalismo que los partidos socialistas europeos ya habían cultivado exitosamente desde fines del siglo XIX, y que los hizo auspiciar en 1914 la matanza colosal de trabajadores en la llamada I Guerra Mundial, en el empeño por demostrar su fidelidad ante todo a la soberanía nacional de sus Estados. El capital financiero reconoció en Hitler su hombre, después que las multitudes asalariadas, desempleadas, envilecidas por la barbarie bélica y descreídas de poder cambiar por sí mismas sus vidas, lo reconocieron como el Gran Hombre que le podía dar sentido nacional a sus vidas. Otro búlgaro, pero de origen hispano judío, Ellias Canetti, autor del interesante texto Masa y poder, un hombre sin militancia izquierdista explícita, describió con más honestidad el fenómeno que vio crecer ante sus ojos en la Viena donde se radicó en los años 20:

En esa época, para la gente corriente no había esperanzas de resolver con fuerzas propia la miseria y el desempleo. Muchos, no pudiendo soportar ese vacío, se dejaron contagiar de la peste alemana () pensando que absorbidos por una fuerza mayor la vida les sería más fácil ()

Fue la crítica al culto a la soberanía nacional de los maduros partidos socialistas europeos lo que hizo relevante mas allá de los medios socialistas rusos, incluso en los medios anarquistas, al poco conocido Vladimir Ulianovitch Lenine en 1916 y 1917, quien planteó en esa coyuntura que la única salida a todo ese lodazal de socialismo gubernamental era la revolución socialista de proletarios, soldados y campesinos. Todo el poder a los soviets significaba y significa ningún poder a los representantes permanentes y profesionales de las organizaciones populares y proletarias. Todo el poder a las organizaciones locales de creadores y productores de base y a la construcción de abajo hacia arriba, de lo pequeño a lo grande de la nueva sociedad. Cuando los bolcheviques sintieron que ellos tampoco podían controlar como pensaban esa presión instituyente desde abajo que venía de los soviets, echaron mano entonces nuevamente a la soberanía nacional, a las jerarquías militares y burocráticas y a la policía política para entronizarse por encima de la marea revolucionaria, creando el monstruo bicéfalo de la URSS.

En el mismo abismo reaccionario de los partidos socialistas europeos y los bolcheviques rusos, pero de manera más precipitada aún, cayeron los anarcosindicalistas españoles, fuerza obrera lúcida y poderosa si la hubo en el siglo XX. En 1937 un influyente sector dentro de ellos comenzó a pensar en su gobierno republicano, provocando una aceleradísima confrontación con las admirables formas de gestión obrera, campesina y popular que aterrorizaron a terratenientes, burgueses y estalinistas. Aquello dio lugar a las matanzas de colectividades enteras de productores y consumidores libres en Andalucía y en particular Aragón, dirigidas por el tristemente célebre general comunista Enrique Lister, o a la extraña muerte de Buenaventura Durruti, el gran anarquista social ibérico, y a la disolución de los colectivos que él lideraba, todo lo cual dio al traste con una de las revoluciones anticapitalistas más radicales que se hayan producido hasta hoy.

Si usted está de acuerdo con aquel cartel Socialismo es soberanía nacional que le echaron en cara a los trabajadores los autores de los Lineamientos el pasado 1ro de mayo, usted está de acuerdo en dar continuidad en Cuba a la misma alienación que condujo a las multitudes alemanas a encontrar su Gran Hombre; usted es partidario de la prolongación en nuestro país del oportunismo maquiavélico bolchevique, que se agarró de los extendidos sentimientos anti estatales y anti autoritarios de las masas rusas al final de la primera guerra mundial, como los que hoy reaparecen en Cuba, para desde ahí replantar el frondoso árbol de la autocracia y la dominación; usted está abriendo el camino para la reedición de la misma fuerza bruta que aplicó el general comunista Líster sobre las colectividades de productores libres aragoneses (con la neutralidad de los anarquistas gubernamentales) y de cualquier intento de socializar la propiedad estatal en Cuba. En fin usted está promoviendo la aplicación sin contratiempos de la política soberana del Estado cubano de apertura al capitalismo mundial, de forma tal que los productores agrícolas cubanos reciban tierras en usufructo temporal y los extranjeros, en propiedad por 99 años ¡vaya paradojas las de esta soberanía nacional donde los mismísimos defensores son los que están diseñando fronteras porosas a las empresas transnacionales y la apertura suave en Cuba, acusándonos a nosotros los anarquistas cubanos de ser sus promotores intelectuales!

Frente a estafas de semejante calado es que enjuiciamos la utilidad y el valor iluminador para la realidad que se vive hoy de obras tan disimiles y comunes entre sí como Rebelión en la granja de George Orwell, La fuente húngara de Cornelio Castoriadis o el concepto de transdominación desarrollado por uno de nuestros compañeros desde nuestra isla, para el mundo.

5. El internacionalismo de Estado y sus efectos

Dentro de los hechos lamentables del socialismo estatal implementado en Cuba está el pasaje histórico del inmenso caudal de solidaridad que ha derrochado el pueblo cubano en estos 50 años y cómo toda esa hermosa energía y sangre derramada en Africa al llevarse a cabo hizo cumpliendo órdenes superiores derivadas de acuerdos entre gobernantes, todo ese empeño colectivo no se revirtió en una profundización de la revolución mundial hacia adentro, ni hacia afuera. Angola se convirtió en un país dominado por el MPLA, que soberana y organizadamente ha abierto el país al saqueo de su naturaleza por todas las potencias mundiales. Namibia hasta hoy sigue condenada a la nada.

Para nosotros, el fin de la solidaridad militar con los pueblos de África nos condujo a las puertas de un periodo de Rectificación de errores y tendencias negativas en que el invicto comandante estratega de Kuito Kuanabale, tuvo que vestirse de jardinero para intentar podar el delirante florecimiento de una tecno burocracia que, sembrada bajo sus auspicios años antes, culminó el proceso de ingestión y paralización de la sociedad cubana y, por otro lado, pero vinculado a lo anterior, hacerle frente a una seria acusación internacional de tráfico de drogas a uno de sus muchachos generales, que con su fusilamiento se cerró un oscuro y enterrado laberinto que Ubieta seguramente ni mencionar quisiera.

Hoy el nuevo internacionalismo cubano, no con soldados sino con médicos y personal técnico, adolece de los mismos vicios de lo anterior: es por órdenes superiores. Localidades enteras se han quedado sin cobertura médica, sin poder tener ninguna capacidad de gestión sobre esa solidaridad de pueblo a pueblo, sencillamente se ha remodelado el sistema primario de salud cubano sin nuestra anuencia en función de pagar el petróleo que recibimos de Venezuela. Y el imaginario sociopolitico de los trabajadores y profesionales involucrado en esas misiones, manejados como fichas del ajedrez amigable de los Estados revolucionarios, más regresivoni por encargo. Esas misiones son la posibilidad de acceder a ingresos y a los bienes de consumo con que el capitalismo mundial ha domesticado a las masas asalariadas y que aquí son usados con idénticas funciones, sólo que en el marco sublime del internacionalismo proletario

Yo le preguntaría al Sr. Co. Ubieta ¿qué proyectos de hermanamientos existen entre colectivos laborales, comunidades o barrios entre venezolanos y cubanos? Todo parece indicar que el ALBA une a los pueblos, pero a unos pueblos más que a otros: a Miramar y a Miraflores. En fin, que como la leyenda del rey Midas todo lo que un poder superior toca, hasta los más sublimes e indiscutibles empeños de la solidaridad entre pueblos, lo convierte en oro-pel.

6. El asunto Ichikawa, Chávez y Zapatero el capital en cueros

Una cuestión nos parece remarcable en el texto del Sr. Co. Ubieta y es cuando nos dice:

[Liberato] se enreda en definiciones que no son propias del pensamiento anarquista. Por ejemplo, dice que Ichikawa, es un intelectual orgánico de la centro derecha cubana. ¿De qué centro habla?, ¿es que un anarquista postmoderno acepta esas clasificaciones que dividen y subdividen los programas de la derecha, como si fuesen opciones diferentes?

Si no fuera porque históricamente la maquinaria ideológica oficial cubana ha manejado el exilio cubano como una piedra monolítica inamovible, no hubiéramos introducido esta terminología que efectivamente nos desdice, como bien señala Ubieta. El asunto es que una de las formas más duraderas de secuestrar las capacidades del pueblo cubano de intervenir en los procesos sociales del país ha sido silenciando las tendencias de pensamiento existentes dentro del país y entre los millones de cubanos que viven fuera. No tenemos ningún motivo particular para sobarle el lomo a Emilio Ichikawa Morín, ni a nadie de su tendencia de pensamiento, pero si para incitar a conocer las corrientes de ideas que están bullendo entre los cubanos de afuera y adentro, no para caer en el paralizante carnaval de la diversidad, sino para fundamentar con más conocimientos, no con dogmas, el porqué de la utilidad y pertenencia de una perspectiva libertaria hoy para Cuba y el mundo.

Respecto a las diferencias entre Chavez y Zapatero, debe haberlas, el español trabaja para sostener el gigante con pies de barro que es el conglomerado empresarial español, con sus ínfulas de neo-imperiales que invadió a America Latina y a Cuba en los 90 y que ahora se muestra en su dependencia orgánica respecto a los malabares del euro. El comandante Chávez, está concentrado en empeños mayores: le prometió a su pueblo que rompería las cadenas de la monoproducción petrolera y ahora ¡descubre que tiene las reservas mundiales más grandes de petróleo!, el mismo combustible con el que se estarán moviendo en estos momentos muchos portaviones y demás máquinas de muerte yanqui para re-colonizar el Medio Oriente.

Con esos dineros está haciendo la misma revolución bolivariana que han hecho todos los anteriores gobiernos petroleros en Venezuela: remachar, siempre con más o menos generosidad financiera bolivariana, la dependencia estructural, mental y moral de la sociedad venezolana respecto a su Estado mágico (concepto desarrollado por el antropólogo venezolano Fernando Coronil) y a su petróleo, como la mercancía que da vida y sentido a ese Estado. Y para garantizar la manufacturación sostenida de esa doble dependencia, ahí está la actual Ley Orgánica de Educación Bolivariana, específicamente el literal e del Artículo 15 para comprobar lo que decimos, el cual prevé como un propósito central del sistema educativo bolivariano desarrollar en las nuevas generaciones la conciencia de Venezuela como país energético e hidrocarburífero.

No nos engañamos, podemos recargar la batería de la computadora con que escribimos ahora este texto gracias al suministro estable de petróleo venezolano, gracias a él podemos con nuestro ventilador soportar los calores nocturnos de este verano recalentado, pero no podemos imaginarnos qué revolución anticapitalista, liberadora y soberana puede salir de todo esto que crece ante nuestras narices, ni tampoco logramos anestesiar nuestra mente con los conceptos de pasta base que maneja el señor Ubieta, frente a las espeluznantes contradicciones que nos envuelven como sueños con serpientes, donde los designios de Nuestra América se convierten en el rótulo que permite pasar con nuevo rostro al viejo y reaccionario esquema rentista petrolero que pareciera contraponerse a los planes imperiales en el área. Pero más allá de los efectos simbólicos, realidades más burdas se entretejen.

7. Una propuesta de visión libertaria del neoliberalismo, para reconocerlo donde dicen que no está.

Hay una cuestión de fondo latente en todo el emplazamiento que el Sr. Co. Ubieta ha llevado a cabo desde el principio sobre nosotros y a través del cual fuerzas más amplias están ensayando los argumentos para combatirnos que, a la vez, puede explicar importantes aspectos de estos gobiernos progresistas. Como se ha venido observando, una cuestión clave para Ubieta ha sido demostrar las relaciones entre anarquistas y neoliberales a partir de la supuesta idea de que ambos compartimos el común empeño por destruir o debilitar los Estados, planteo este que, por una parte, denota una comprensión escuetamente acertada de nuestros propósitos como anarquistas y, a la vez, una visión miserablemente interesada del neoliberalismo.

Ya hemos expuesto lo que, más allá de hacer desaparecer Estados, sustituidos por la asociación y la planificación nacida de la libre asociación de productores y consumidores, nos hemos propuesto y nos proponemos hoy los libertarios en Cuba y en todos lados. Lo que nos han escondido todos estos años y pretenden seguirlo haciendo intelectuales como Ubieta es que a los neoliberales nunca les ha interesado debilitar a los Estados, sino concentrar y multiplicar hasta el infinito sus fuerzas, en función de la directa gestión, defensa y legitimación de los intereses del capitalismo global transnacional en los territorios nacionales . Esta verdad sencilla y transparente ha sido fundamental esconderla porque les ha permitido a los gobiernos progresistas del área maquillar y glorificar la verdadera función que les ha estado correspondiendo en la actual fase de implementación de las políticas neoliberales.

Si la primera etapa de ejecución de las políticas estatales y bancarias neoliberales, estuvo marcada por el reordenamiento jurídico, institucional, laboral, ideológico y de modernización represiva de los gobiernos, en función de abrirlos mucho más profundamente al capital global y regional, etapa concluida con grandes movilizaciones reivindicativas y de resistencia, reconducidas con éxito hacia los torneos electorales, excepción parcial en Perú, o Chile y Bolivia donde la contestación social renace con más o menos renovados bríos; en la segunda fase de implementación del neoliberalismo en que nos encontramos, se trata de echar a andar en co-gestión ( empresas mixtas nacionales y foráneas) el entramado productivo y de acumulación de capital nacional y foráneo, en un contexto de mayor perfeccionamiento e interconexión del dominio bicéfalo entre el Capital global y los Estados sobre la sociedad y borrar todas las huellas de contestación crítica que puedan erosionar y desnaturalizar esta alianza.

En Cuba esas dos etapas históricas del neoliberalismo se han entrecruzado, a pesar de los esfuerzos estatales desarrollados en los 90, y ahora hay que prácticamente llevarlas a cabo al mismo tiempo. Eso, a nuestro entender, puede explicar el por qué de la necesidad de la elite militar-tecnocrática cubana de implementar con toda celeridad sus Lineamientos y también la urgencia en Ubieta de encontrar un chivo expiatorio ante quien blandir lo que quedará de su amada soberanía nacional, porque en las condiciones actuales de neoliberalismo tardío o de mega-ensamblamiento productivo-represivo global entre los Estados y los capitales transnacionales, la única forma de garantizar la soberanía nacional (o lo que realmente es: el dominio parasitario de los Estados sobre la vida de las personas y los colectivos para que vivan como los agentes del capital quieren) será poniéndose en función de intereses cada vez más abstractos para las personas y los pueblos, más alienantes, más tóxicos, pero a la vez más adictivos.

Por otro lado, el caso Libia muestra que tampoco la subordinación desembozada a los designios del capital global de los anteriores gobiernos antimperialistas, garantiza la imposibilidad de intervenciones militares directas. Todas las perspectivas de futuro penden sobre la incertidumbre de un sistema galopantemente autodestructivo, con todos dentro. En este escenario una cuestión nada colateral en la cual los gobiernos progresistas pueden demostrar su condición de tal, es si demuestran voluntad de propiciar las capacidades, los saberes y las formas organizativas populares que, como en Irak y ahora en Libia emergen y son invocados luego que se evaporan estos gobiernos.

En fin, que a estas alturas del asunto, acusarnos de cínicos a nosotros por intentar enunciar el destino y las modalidades que adquirirá la dominación estado-capital en Cuba y Nuestra América en los próximos años, es como mandar a azotar a aquel niño que, en la plaza pública, en sesión solemne, donde el rey estrenaba un supuesto traje de oro, dijo que el rey estaba desnudo. El cinismo, señor compañero Ubieta, es el recurso por excelencia que le quedará a personas como usted para mantener la compostura, ante las tremendas contradicciones que se avecinan para un Estado como el cubano, que ha revolucionado hasta niveles insospechados sus condiciones de reproducción para seguir conservando la dominación de su casta mandante sobre los trabajadores y la sociedad, luego de la derrota histórica del orden burgués neocolonial.

Nosotros seguimos aquí, en lo de siempre, sencillo y colosal: creando autonomía social y capacidad de organización obrera y popular, con la misma certeza de aquellos trabajadores chilenos del cordón industrial santiaguino en 1972:

¡PUEBLO ORGANIZADO, PATRIA SIN ESTADO!

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