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Arriba las manos, esto es un atraco (I)


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Se le cansan los brazos a uno de tanto sostenerlos en alto. Cuando se cree que se sale de un atraco y los cuatreros te van a dejar tranquilo un tiempo, ya está montado el siguiente asalto y hay que volver a pagar, por más que uno crea que el anterior ya lo dejó seco. Se confirma por enésima vez el concepto marxista de que aquel infeliz que solo posee su fuerza de trabajo para ofrecer en el mercado, será víctima sistemáticamente de los abusos de los dueños de los recursos, los Estados y las leyes.

El anuncio de la subida de los salarios en un limitado sector laboral de nuestro país –la salud pública– apenas se había asentado, cuando volvieron a caer rayos sobre el bolsillo de los trabajadores cubanos. La noticia salió hasta en el oficialista diario Granma, como para no dar margen a especulaciones: aumentan los precios de la leche en polvo. La ya de antes incosteable bolsa del producto sube otro 15%, para desolación de todas las familias que dependen de los salarios del Estado cubano. La razón ofrecida en el comunicado oficial invoca una supuesta subida del producto en el mercado mundial. Eso mezcla, descubrimos, el cinismo más alevoso con la mentira más desvergonzada. Pero vamos por orden, y con los trapitos de marxismo que conocemos por delante.

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Cartas de la Cofradía de la Negritud a los protagonistas del reciente XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba


Carta Abierta de la Cofradía de la Negritud a la Comisión Organizadora del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

La Habana, 17 de febrero de 2014

Compañero Ulises Guilarte de Nacimiento

Presidente de la Comisión Organizadora

del XX Congreso de la Central de Trabajadores De Cuba.

Distinguido compañero:

Reciba un saludo cordal de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano de activismo social, a nombre del que nos estamos dirigiendo a usted con el propósito de presentar públicamente, ante la entidad que usted preside, un reclamo referido a una cuestión que consideramos no debe dejar de ser tratada en la magna reunión de los trabajadores cubanos: la existencia de la discriminación racial en la esfera laboral.

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Congreso de trabajadores, con ideología de patrones


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Con bombo, platillo y discurso del presidente cerró el XX congreso de la central sindical cubana, CTC. Algunos vistazos y análisis sencillos alcanzan para percibir el porqué de la inutilidad supina de aquella institución supuestamente de las personas trabajadoras de este país.

Los medios oficiales reflejaron las facetas escogidas por los dirigentes para centrar el debate: los sempiternos temas organizativos; los afanes de elevar la productividad en los puestos de trabajo; la representatividad de la afiliación por parte de la organización, y las maltratadas cuestiones del trabajo “político e ideológico”.

La primera pista sobre las razones del gran ridículo la da el hecho de que, entre las cuatro bases mencionadas, apenas una pueda despertar algún atisbo de interés en una membresía preocupada por lo que van a poner en el plato de comida familiar, cada noche. Y esa en particular, la de la representatividad de la CTC, está tan desacreditada que se une a las otras tres, como una gota más en una llovizna anodina. Triste realidad, un país en crisis económica y el derroche de recursos en la organización de un cónclave de monumental irrelevancia.

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Asesinan a Tony Díaz


Un duro golpe para el teatro cubano y la comunidad LGBT

Por Julio César González Pagés

Historiador, Profesor de la Universidad de La Habana, Escritor

Con mucha tristeza recibí la muerte el pasado 29 de enero del destacado director y diseñador escenográfico Tony Díaz. Al momento de su muerte preparábamos una versión de “Escándalo en la trapa” de José R. Brene, basándonos en mi libro Por andar vestida de hombre sobre la vida de la suiza Enriqueta Favez.

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Año Nuevo para no sorprendernos


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Ya pasa la resaca de las fiestas. Volvemos a las labores cotidianas y nos reencontramos con los temas candentes que marcan este período de cambios que vivimos en la mayor de las Antillas. Vale la pena recapitular alrededor de algunos puntos significativos, relacionados con principios de equidad y democracia que deseamos por aquí por el Observatorio Crítico, para nuestro país.

Quiero empezar con una apreciación sobre la continuación de la discriminación presente en la televisión cubana, a favor de las religiones de origen cristiano. No tengo nada en contra de las mismas, pero se debe exigir que si se trasmiten ceremonias de las iglesias de esa naturaleza, relacionadas con las festividades navideñas, de año nuevo, etcétera, se preste la misma importancia a otras actividades ceremoniales de semejante importancia para personas con otras creencias. La Constitución nacional cubana asienta el carácter laico del Estado, y el tratamiento equitativo a todas las religiones. Creyentes o no creyentes, debemos respetar este principio, base de la convivencia respetuosa y solidaria entre todos los cubanos y cubanas.

En segundo lugar, un tema que no logro dejar atrás, que me sorprende por su capacidad inagotable de generarme motivos de escándalo. Se trata del famoso proyecto de Código Laboral, en principio aprobado pero sin saberse bien qué. La versión rectificada tras el simulacro de debate popular no ha sido publicada en ninguna parte, que sepamos, para no hablar de que todavía debe pasar otra ronda de reescritura.

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Prosperidad para quiénes


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Con el tradicional triunfalismo de nuestra prensa, mezclado con los nuevos aires de demagogia reformista, presenta el diario Juventud Rebelde su artículo sobre los resultados del Censo efectuado en nuestro país el año pasado. A partir del
título y un puñado de tablas con promedios estadísticos, se intenta convencer al lector de que el país experimenta un proceso maravilloso, y que comienza a florecer el bienestar de sus habitantes.

Tal vez si el título hubiera sido un poco menos pretencioso, no nos hubiera motivado a asentar aquí un puñado de cuestionamientos. Unos cuantos de los índices y estadísticas que presentan en el material, no pueden enarbolarse como señal de llegada de bienestar sino con una muy alta dosis de cinismo. En última instancia, se puede hablar de una magra disminución de la situación de precariedad que viven tantos compatriotas. Por ejemplo, los muchos que, después de 60 años del Programa del Moncada, todavía no poseen una vivienda digna y se hacinan en cuarterías sin baño propio, o carecen de acceso a agua corriente.

Se lanzan al ruedo de Juventud Rebelde, además de estos datos sobre las viviendas, unos índices de posesión de equipos electrodomésticos, como para ilustrar que los cubanos estamos muy bien apertrechados. Pero no me convencen. Para empezar, los periódicos cubanos se la pasan hablando mal de lo que ellos tildan de consumismo, que consistiría en el consumo de artículos como esos. ¿Se volvieron buenos, ahora que llegan a nuestras manos? Y antes que nada, ¿de verdad llegan a nuestras manos?

Cuando me dicen que existen 0.78 televisores en color por cada vivienda y 0.2
aparatos en blanco y negro , ¿es eso un verdadero índice de prosperidad, u otro
valor más de precariedad? Porque lo que indica es que hay menos de uno, del tipo que sea, por cada hogar. Lo mismo pasa con los refrigeradores. Yo sé que hay
países que están mucho peor. Pero no me pretendan convencer que estamos en algún
lugar aventajado. Y si vamos a la cifra de teléfonos, ya sean fijos o celulares, nos hundimos en los niveles más retrasados que se pueda encontrar en el mundo. La de automóviles ni se dice aunque yo no sea fanático de ese medio de transporte, no deja de ser un indicador de boyancia material.

Lo más triste del caso es pensar que, en la época del capitalismo, podíamos hacernos envidiar en cuanto a esos mismos promedios por unos cuantos países de Europa, como España o Portugal. Es verdad que en aquella época, las desigualdades implicaban una masa de cubanos hundidos en la miseria, el tiempo muerto, el desempleo crónico, la desnutrición y el analfabetismo. Porque, como
se sabe, los promedios en abstracto son ciegos a las diferencias sociales. No es propaganda comunista, se puede encontrar en encuestas de organizaciones como la Agrupación Católica Universitaria.

Y eso es lo otro y más escandaloso que no se refiere en el artículo de Juventud
Rebelde. Se habla de un crecimiento de bienestar, como si este alcanzara a todos por igual. Como si no se acrecentaran cada día las desigualdades de nuestra sociedad. Yo sí creo, porque lo puedo ver a cada paso, cómo en este país, los panes y los peces se multiplican en las canastas de unos cuantos. Sin embargo,
por aquellas residencias que todos sabemos, que tienen un televisor, reproductor de video y un aire acondicionado por habitación; en donde todos los residentes
tienen uno o dos teléfonos celulares, entre otras condiciones, ¿cuántas familias existen en niveles de marginalidad y pobreza, para equilibrar los promedios exhibidos con tanta autosatisfacción en el periódico? ¿La saciedad de unos se puede promediar con el hambre de otros? ¿Los pies descalzos de los niños que pululan ya en tantos barrios se compensan con los tenis de marca que portan un número de afortunados?

¿Actualización hacia el pasado? Si se analiza entre líneas la mismísima prensa oficial, se pueden apreciar algunas consecuencias del rumbo reformista actual. Me pregunto qué tipo de prosperidad implica el cierre de los pequeños centros escolares en zonas de difícil acceso, los mismos que antaño eran un motivo de orgullo del sistema educativo cubano. Esta misma falta de prosperidad parecen
sufrir algunas escuelas de arte y centros de atención de salud racionalizados, sobre todo aquellos a los que asisten los parientes pobres de Liborio. Todos estos eran símbolos de lo que se entendía, hasta hace poco, como prosperidad, en el socialismo. !Perdón, lo olvidaba!, el socialismo es un modelo obsoleto,
como explicó el papa Benedicto cuando vino aquí, y ningún periodista oficialista le llevó la contraria.

Una figura tan comprometida con el régimen como Raúl Antonio Capote observa con preocupación que las mujeres llevan las de perder en este proceso de prosperidad de timbiriche y reguetón. Aunque algunos quisieron linchar al escritor Roberto Zurbano por su atrevimiento, quedó en evidencia nuevamente la falta de capacidad del sistema de eliminar la brecha racial en la sociedad cubana. Yo entiendo que hablen de prosperidad aquellos que pasan sus vacaciones en Golf resorts en Varadero, o hasta en París y Nueva York, pero, qué tipo de prosperidad le toca al que solo le queda el insalubre y peligroso Malecón, o al no menos peligroso empleo del alcohol como medio recreativo más ahora que la espada de las prohibiciones cae alegremente sobre cuales quiera medios particulares de holganza. Y ni un médico chino especialista en malabares con
distintas monedas parece capaz de arreglar el problema de la ínfima remuneración salarial de la población trabajadora cubana sin acceso a monedas fuertes. Y si pensamos en la reducción continua de la subvención de los alimentos racionados, o en los ancianos sin otro sostén que su minúscula pensión, escarbando en los basureros nos preguntamos, angustiados, dónde ven los periodistas la dichosa prosperidad.

Me parece prematuro, cuanto menos, ponernos a hablar de prosperidad general,
para las personas trabajadoras de Cuba, en las condiciones que estas atraviesan. Espero que la redacción de Juventud Rebelde no se acomode de ese lado rosado, donde se olvidan las penurias de los prójimos menos favorecidos.

Trabajo y Democracia en Cuba: Voces, silencios y miedos


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Como habrán notado las personas que visitan más asiduamente nuestro portal, los miembros del Observatorio Crítico prestamos una tremenda atención a los procesos que ocurren actualmente en nuestro país, particularmente alrededor de la proposición y discusión del Anteproyecto de Código Laboral. En este momento, consideré que bien valía la pena referirnos a algunas notables voces que se han expresado o callado elocuentemente en el panorama nacional.

Alguien con suficiente curiosidad, se preguntará de dónde salió la idea de que el país necesitaba actualizar el código viejo. Y no encontrará ninguna fuente que le indique un origen entre las personas trabajadoras. Si estas tienen un especial interés común, más bien se trata del imperioso clamor por elevar los salarios, cuyo paupérrimo nivel ha sido reconocido por el presidente del país, general en jefe Raúl Castro.

La máxima dirección sindical, cuyos oídos permanecen pétreamente sordos a tales demandas, despliega sin embargo una inusitada actividad en este asunto de la discusión del nuevo código. De aquí que su actitud vuelve a lucir impostada, mera voz de muñeco de ventrílocuo al servicio de los que verdaderamente cortan el bacalao acá en Cuba. La verborrea abundante de los exégetas de siempre no logra animar el tétrico panorama: en los centros de trabajo que conocemos, hemos recogido la misma impresión de enajenación, fatalismo e indiferencia entre los trabajadores, que apenas se han molestado en conocer los acápites del Código que más los van a afectar.

Otro silencio de lo más revelador es el de los grupos de la disidencia tradicional, por llamarlos de alguna manera que todos identifiquen fácilmente. Estas personas, que acostumbran a criticar y demonizar todo lo procedente del gobierno, permanecen esta vez plácidamente al margen. Y nos resulta evidente que la causa de este silencio debe estar relacionada con la felicidad de encontrar que el gobierno que todavía proclama defender el socialismo les facilita, espontáneamente, una parte importante de sus programas políticos, dígase, la ampliación y el fortalecimiento de las estructuras capitalistas en Cuba.

Ahora, no todo ha sido silencio, ni el Observatorio Crítico ha sido el único en percibir los mortales peligros que presenta el engendro de marras. No hace mucho llegó a nuestras manos un documento preparado por trabajadores de la empresa de la goma de San José de las Lajas, municipio cubano de gran actividad industrial. Este colectivo fue de los que no se resignaron a quedarse con los brazos cruzados y elaboraron un concienzudo estudio sobre la peligrosa evolución que significa el nuevo documento. Donde más me impresionaron, fue al señalar un hecho que yo había pasado por alto por mi desconocimiento del Código viejo: la nueva mentalidad que nos pretenden imponer abandona el principio de que el trabajo es un deber, así como un derecho, para toda la ciudadanía del país.

Como periodista de medios oficiales, Francisco Rodríguez Cruz, Paquito el de Cuba, ha hecho, desde Trabajadores, un loable trabajo al destacar cuántas lagunas debe solventar también el documento en materia de protección de minorías y sectores discriminados. Finalmente, José Alejandro Rodríguez publicó, en su columna de Juventud Rebelde, un trabajo de mérito excepcional, que demuestra a la vez que acrecienta el tremendo prestigio que se ha ganado este valiente redactor. Rodríguez ha sentido un número de preocupaciones, extraordinariamente parecidas a las nuestras, y demostró el nervio necesario para plasmarlas en la edición del 28 de septiembre del periódico, bajo el título La luz de la discrepancia. Estas preocupaciones se relacionan con los aires neoliberales del proyecto de Código de Trabajo y la necesidad de acción por parte de organizaciones sindicales de mucha más valía que las actuales, para proteger un poco a las vapuleadas masas, humildes y trabajadoras, que son apartadas cada vez más del protagonismo en el proyecto de país que tiene la clase burocrática, autoritaria, dirigente cubana.

Este sábado, un valioso miembro de nuestro grupo, Isbel Díaz Torres, ha sido citado por la policía por un motivo que desconocemos, pero presumimos relacionado con nuestra actividad pública de crítica contra el famoso proyecto de Código Laboral. Obviamente, todo el Observatorio Crítico es partícipe de la zozobra de nuestro hermano y comparte el resultado y sus consecuencias. De poseer la necesaria ecuanimidad y discernimiento, el oficial u oficiales que lo interroguen no podrán sino reconocer la justicia de nuestros argumentos; nuestro compromiso con una causa que puede ser la de cualquier familiar, compatriota nuestro y de ellos mismos.

Con un muy humano sentimiento de miedo, esperamos a ver qué sucede. Mi opinión personal es que presionarnos, por divulgar públicamente nuestros criterios, sería tan disparatado como arrestar a todos los vendedores de la edición del 28 de septiembre pasado del Juventud Rebelde, luminoso portador de la discrepancia de José Alejandro Rodríguez. Por montones de razones, a pesar de nuestros miedos, persistimos en nuestra actitud, pues el miedo mayor, el que sí nos moviliza y compulsa a la acción, es el de que se concrete el advenimiento del sistema neoliberal en nuestro suelo, y que no se haya siquiera sembrado la semilla de las futuras luchas, resistencias y seguras victorias populares.

En el Observatorio Crítico enfrentamos la violencia sin parcialidades ni oportunismos


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Recientemente salió publicado en el medio Havana Times, para luego ser reproducido en nuestro propio sitio, el escrito de Alfredo Fernández, “Carta abierta a escritoras inconsecuentes”. Varios miembros del Observatorio Crítico estimamos que nuestros lectores merecen conocer una respuesta a los criterios emitidos por el Sr. Fernández.

La idea central del material que aludimos es que ciertas personas, mujeres escritoras cubanas para más señas, adoptaron una actitud criticable; en primer lugar, por defender una sanción penal emitida contra el escritor Ángel Santiesteban, acusado de maltratos físicos a su esposa; y, en segundo lugar, por abstenerse de defender el derecho de la actriz Ana Luisa Rubio, que declara haber sido víctima de un abuso semejante por individuos a los que no se ha perseguido. Entre el grupo criticado, se encuentra una integrante de nuestro Observatorio, así que nos toca darnos por aludidos.

Sepa el Sr. Fernández que los miembros del Observatorio Crítico hemos hecho, del enfrentamiento a la violencia y todas las formas de abuso, uno de los emblemas más respetados en nuestro accionar. Cuando llega a nuestro conocimiento la noticia de uno de estos hechos lamentables, nuestra solidaridad se posiciona inexorablemente del lado de la víctima y nuestra condena se expresa, inequívoca, contra el agresor. Esto sucede independientemente de los colores políticos de las partes en conflicto pues, a diferencia de otras voces, consideramos que la justicia, legal y moral, no debe conocer de dobles raseros.

Independientemente de ello, en una sociedad opaca a la información como la cubana, con frecuencia es difícil conocer los hechos y los acontecimientos precisos. La versión oficialista se proyecta siempre en el polo opuesto a la de los grupos de la disidencia y la verdad se resiente de la ausencia de investigaciones independientes, confiables para el público. A título personal, considero que el Estado-gobierno cubano es el principal responsable de ese déficit informativo. Las razones de ello ahora no vienen al caso, pero terminan por arrojar grandes sospechas sobre las actitudes de este último. Sin embargo, las estrechas relaciones de algunos individuos de la oposición tradicional reveladas por Wikileaks con los poderes del gobierno estadounidense, también debilitan la credibilidad del bando opuesto. Con frecuencia, uno se elabora una interpretación mixta, guiado por la experiencia y el conocimiento de las capacidades de los dos polos.

El enfrentamiento a todas las manifestaciones de violencia prosperará en la medida en la que obliguemos a las autoridades a actuar con mayor transparencia. Con frecuencia será necesario enfocarse en casos particulares, el de árboles aislados, pero sin perder de vista el cuadro general, el del bosque. Una mayor transparencia en el caso de Ángel Santiesteban, por ejemplo, hubiera permitido la constatación de las declaraciones de la víctima, de los doctores que la atendieron, de si por fin los testigos que sí pero no. El criterio público podría formarse en base a algo más sólido y, quienes lo cuestionaran, quedarían como charlatanes. Hoy día, la verdad concreta la conocen solo algunos protagonistas más cercanos del hecho. Los demás, que se pronuncian en uno u otro sentido, lo hacen porque confían en los seres humanos que conocen o porque así les conviene por sus propios intereses, y su conciencia les juzgará.

En el caso de la actriz Ana Luisa Rubio existe la denuncia, por una parte, de la agresión de la que aquella habría sido víctima; y por otra, que las autoridades policiales dejaron sin investigar los hechos. Aunque hablo a título personal, reitero, puedo afirmar contundentemente que el criterio de todos los miembros del Observatorio Crítico es que todas las personas son titulares de derechos inalienables cuya protección, bajo los sistemas estatales actuales, es responsabilidad de las fuerzas del orden del gobierno que esté establecido. Independientemente de las filiaciones de la denunciante y de los denunciados, aquella tiene todo el derecho de exigir la investigación de los hechos en los que habría resultado tan lamentablemente agredida. La responsabilidad de llevarla a cabo, de manera exactamente igual a la que pondrían en práctica en el caso de cualquier otro ciudadano, cae sobre los agentes del orden. De fallar en este deber, aun cuando fuera falsa la versión de Ana Luisa, los agentes de la policía se harían cómplices de las actitudes de violencia y agresión física cometidas contra todas las personas indefensas, en cualquier lugar, vivienda, institución, en cualquier municipio, ciudad o escenario rural de nuestro país. Actitudes que merecen el repudio de todas las personas honestas y que, está demás decirlo, son fuertemente condenadas por todos los miembros del Observatorio Crítico.

Ni el disfraz de perseguido político disculpa actos delitos de este tipo, ni una posible condición de disidente de la víctima los vuelve menos graves. Una vez más, hay que repetir que las leyes de aplicación selectiva son meras herramientas del autoritarismo y de la ley del más fuerte, situación caótica y odiosa que todos debemos repudiar.

Los miembros del Observatorio respetamos profundamente estos preceptos. Nuestros propósitos abarcan tanto la defensa teórica y general de esta posición, como el manifestarnos en su defensa, en ocasiones puntuales de alguna significación que se ponen a nuestro alcance. En este proceso, procuramos alejarnos de parcialidades en su aplicación, como las que lastran y mucho las actuaciones de otros agentes.

La oposición a las agresiones y al ejercicio de la violencia contra seres indefensos es, para nosotros, una postura de principios, no un estandarte oportunista para servir agendas equívocas. Los sinsabores que ello nos asegura son asumidos por nosotros sin alegría, pero con orgullo. De esta suerte, contribuimos nuestro poquito a transformar el país en que hemos elegido quedarnos, trabajar, sufrir y amar, en pro de nosotros mismos, nuestros seres queridos y nuestros hermanos de toda la nación.

Otra diatriba sobre mi Círculo Social


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Será que se me ha vuelto alguna clase de hábito. Todos los años, a esta altura del verano, voy varias veces al club Otto Parellada, donde Rogelito y yo disfrutamos de baños en el litoral habanero. Y luego, malagradecido que soy, escribo algunas maledicencias. Las de este año, espero, aportan alguna que otra novedad y proposiciones para tener en cuenta. Espero, también, que sea la última. La esperanza, que no se pierda.

Como es del conocimiento público, este club o Círculo Social es el que le toca a los trabajadores del sector de la salud. Podemos asociarnos a éste, tras una sencilla gestión burocrática con foto carnet incluida como es mi caso. Teóricamente, somos entonces dueños del mismo. Tan dueños como lo es, de forma igualmente teórica, todo el pueblo de Cuba de sus empresas, minas, hoteles, etcétera.

Así que no resulta para nada paradójico arribar en estos meses de julio y agosto únicos en que los dueños podemos entrar casi libremente a nuestro círculo y atravesar, con disciplina, un cordón de celosos guardias de seguridad, armados con porras. Están ahí, al parecer, para defender el lugar ¿contra sus dueños?

El otro día, dentro ya de la instalación, compramos unos pastelitos a una vendedora que logró colarse. Quiero decir, que logró entrar una jaba de los dulces sin que los guardias se percataran. A mí me gustaría decirle, a los guardias, que no tengo ningún problema con dejar entrar a mi propiedad, un puñado de honestos comerciantes particulares para que mejoren las ofertas del lugar. No creo que me vayan a escuchar.

En general, son limitados los servicios a los que tenemos derecho sus dueños, si no nos cae del cielo la posibilidad de acceder a algunos otros, en la forma de ciertas invitaciones. Con ellas se puede entrar, por ejemplo, a la piscina y al restaurant. Este domingo, me encontré allá a una doctora de mi hospital, que logró conseguir algunas de las repartidas esta semana.

Me quedé pensativo. Si nosotros somos dueños del lugar, ¿quién es la persona que nos puede ofrecer estas invitaciones? ¿Será alguna clase de superdueño? El secretario de la CTC del hospital no es, ese es un simple acatador de orientaciones superiores. ¿Será el secretario que encabeza la rama sindical en el ramo de la salud? ¿Será el mismísimo Ulises Guilarte, flamante ex cuadro del PCC, apuntado por el Dedo Divino como líder de la CTC?

Y aquí está, finalmente, mi propuesta. Al tono de los tiempos que se viven, en los que el Estado suelta las unidades de servicios y permite formar, en ellas, cooperativas con sus propios trabajadores. Propongo, pues, que se permita a los trabajadores del Otto Parellada que formen una cooperativa, y que administren el lugar como mejor les parezca. Pienso que así se arreglen muchas de las insatisfacciones que ya he plasmado en anteriores ocasiones. Yo renuncio, gustoso, a la parte que me corresponde como dueño de ese lugar, si con ello contribuyo a la formación de la tal cooperativa.

Lamentablemente, yo mismo me doy cuenta, mi disposición cuenta para muy poco. Entregar mi potestad de dueño a ese colectivo de trabajadores, es una de las potestades de dueño que no poseo. Supongo que eso solo lo pueden disponer con o contra mi voluntad el zar de las reformas económicas cubanas, Marino Murillo, o el presidente Raúl Castro.

¿Serán ellos los superdueños?

Solavaya con este Código


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Me tomó un tiempo, pero al fin terminé de hacer mis anotaciones sobre el Anteproyecto de Código del Trabajo que nos van a encajar en la cabeza a los cubanos. Mis impresiones se resumen con una palabra ¡solavaya!

El Anteproyecto, tal como está redactado, es inconstitucional, discrimina y miente. Pero para realizar una afirmación como esta, hay que estar en condiciones de demostrarlo.

Su primerísimo artículo reza: El derecho de trabajo [...] se aplica de conformidad con los fundamentos políticos, sociales y económicos regulados en la Constitución de la República. El derecho de trabajo está integrado por el presente Código y la legislación complementaria. Sin embargo, el proyecto de marras entra en contradicción abierta con la Constitución cubana actual en, como mínimo, dos puntos. El artículo 14 de la Constitución al que le queda poco, pero todavía está ahí proscribe, de nuestro país, la relación de explotación del hombre por el hombre. Mientras, el Anteproyecto acepta como natural el ejercicio de actividades económicas de capitalistas privados locales. Esto puede parecer bueno para algunos y malo para otros. En todo caso, no es coherente una ley determinada que viola la Constitución y, al mismo, diga conformarse a ella.

En segundo lugar, en los acápites dedicados a los días feriados o festivos, se declaran los días 25 de enero y Viernes Santo entre los que no vamos al trabajo. A mí me cuadra cualquier dia de pachanga, aunque no dejo de notar que estos parten de una religión particular, la cristiana. Y no tengo nada en contra de esta, pero el artículo 8 de la Carta Magna proclama que las instituciones religiosas están separadas del Estado. Y que las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración.

O sea, que el Anteproyecto viola el carácter laico del Estado y discrimina entre las religiones, puesto que una goza de dos días feriados y las restantes, ninguno. Por ejemplo, las personas practicantes de los cultos afrocubanos podrían reclamar, para feriado, el 17 de diciembre, en el que se honra a la divinidad de Babalú Ayé. Ah, pero no; parece que, para lograr un dia festivo, hay que tener un Papa que venga de visita.

Luego, el Anteproyecto no respeta la Constitución, aunque proclame que sí lo hace. Y una de las formas en que la viola, consiste en una discriminación entre personas por sus diferentes creencias religiosas. Tal y como expresamos al principio: es inconstitucional, discrimina y miente.

El mayor cinismo del anteproyecto, por otra parte, puede ser aquella que proclama el reconocimiento y respeto a las tradiciones históricas de organización sindical en nuestro país. Sin ser yo el más calificado, algo he conocido de los muchos movimientos sindicales de corte anarquista o libertario, y sus grandes aportes a la causa de los trabajadores en nuestro país. Y de cómo la oficialista CTC desplazó y anuló toda posible competencia, en connivencia con el aparato autoritario estatal. A cuántos militantes del sindicalismo libertario se les faltará el respeto, entonces, con tal desfachatez; y cuántos trabajadores extraterrestres se creerán la promesa de aceptar gremios que no cuenten con la orientación y el tutelaje estricto y centralizado.

Ahora, quiero regresar sobre el tema de la asimilación de la nueva empresa privada con sus empleados asalariados. Insisto, no deseo demonizar una realidad que, obviamente, es una necesidad histórica y económica. Ahora, sí encuentro preocupantes una serie de posibilidades en el futuro. Recuérdese que con este código se podría tener mucho que ver en los próximos diez, veinte años. Para esos tiempos, nos tememos muchos, la economía capitalista va a estar aún más sólidamente enraizada en nuestro país de lo que ya está. Las empresas privadas habrán crecido y se habrán consolidado. Los arquitectos de las reformas económicas, con su afán de desatar las fuerzas productivas favorecen sin tapujos las posibilidades de progresión de aquellas, con el incremento de riqueza y poder correspondiente para sus dueños.

Pues bien, percibo la redacción del Código de forma tal, que la mayor parte de las obligaciones del empleador, respecto a los empleados, parecen aplicarse a la economía pública o estatal. No me parece muy explícito que el empleador alternativo, el capitalista privado, tenga que ofrecer semejantes derechos a sus propios proletarios. Para el momento presente, puede que esto no impresione mucho, dados los salarios ínfimos que paga el Estado peor que eso, poco puede haber. Pero para el futuro, con uno o dos millones de asalariados en la ya no tan nueva economía privada, el dichoso código puede convertirse en la envidia de los mayores explotadores que hayan existido.

Se regulan para la empresa pública, insisto, muchos requisitos de derechos laborales, sin explicitarse su pertinencia para el terreno privado. Para aquella, se asienta el contrato colectivo mientras que, en la privada, la contratación es personal. Y si algún proletario de esta última esfera se les pone díscolo a los patrones, pues aquellos contarán con el inciso b del artículo 67: ¡fin de la relación laboral, por iniciativa de una de las partes! Sin que quede ¡ninguna! obligación pendiente. La difamada Walmart pasa más trabajo para despedir su personal que el que van a tener los nuevos patrones explotadores cubanos.

Tal es el engendro que tenemos entre manos. Y la central sindical cubana quiero decir, su dirigencia lo promueve con todo el entusiasmo de que es capaz.

Imagen: Trabajadores acatan la convocatoria de los niveles superiores y votan unánimemente a favor del Anteproyecto de Código del Trabajo.

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