Archivo de etiquetas| derechos humanos

Arriba las manos, esto es un atraco (I)


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Se le cansan los brazos a uno de tanto sostenerlos en alto. Cuando se cree que se sale de un atraco y los cuatreros te van a dejar tranquilo un tiempo, ya está montado el siguiente asalto y hay que volver a pagar, por más que uno crea que el anterior ya lo dejó seco. Se confirma por enésima vez el concepto marxista de que aquel infeliz que solo posee su fuerza de trabajo para ofrecer en el mercado, será víctima sistemáticamente de los abusos de los dueños de los recursos, los Estados y las leyes.

El anuncio de la subida de los salarios en un limitado sector laboral de nuestro país –la salud pública– apenas se había asentado, cuando volvieron a caer rayos sobre el bolsillo de los trabajadores cubanos. La noticia salió hasta en el oficialista diario Granma, como para no dar margen a especulaciones: aumentan los precios de la leche en polvo. La ya de antes incosteable bolsa del producto sube otro 15%, para desolación de todas las familias que dependen de los salarios del Estado cubano. La razón ofrecida en el comunicado oficial invoca una supuesta subida del producto en el mercado mundial. Eso mezcla, descubrimos, el cinismo más alevoso con la mentira más desvergonzada. Pero vamos por orden, y con los trapitos de marxismo que conocemos por delante.

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Cartas de la Cofradía de la Negritud a los protagonistas del reciente XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba


Carta Abierta de la Cofradía de la Negritud a la Comisión Organizadora del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

La Habana, 17 de febrero de 2014

Compañero Ulises Guilarte de Nacimiento

Presidente de la Comisión Organizadora

del XX Congreso de la Central de Trabajadores De Cuba.

Distinguido compañero:

Reciba un saludo cordal de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano de activismo social, a nombre del que nos estamos dirigiendo a usted con el propósito de presentar públicamente, ante la entidad que usted preside, un reclamo referido a una cuestión que consideramos no debe dejar de ser tratada en la magna reunión de los trabajadores cubanos: la existencia de la discriminación racial en la esfera laboral.

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Comunicado de organización de afrodescendientes de Colombia sobre asesinatos


Una amistad nos hizo llegar un correo con el comunicado que transcribimos a continuación.

La Red Observatorio Crítico confirma, como siempre, su solidaridad con los movimientos populares que enfrentan la dominación, el racismo y todas las formas de explotación que atentan contra la dignidad de todos los seres humanos en todo el mundo. En este caso, la fuente es la organización AFRODES, que agrupa los esfuerzos de personas afrodescendientes en el hermano pueblo de Colombia. AFRODES trabaja por el reconocimiento de los valores y derechos HUMANOS, territoriales, culturales, ambientales, económicos, políticos y sociales de la población Afrocolombiana en situación de desplazamiento forzado, y está integrada por una red de 96 organizaciones de Afrocolombianos Desplazados y consejos comunitarios a nivel nacional.

COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA

Extermino de la Familia Ospina Córdoba

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Solidaridad con Sindicalista Iraní Preso


Por Adrian del Valle

shahabiReproduzco la declaración de solidaridad de los IWW a favor de la excarcelación del sindicalista y activista social iraní, Reza Shahabi. Shahabi lleva preso desde junio de 2010 por defender los derechos de los trabajadores iraníes y por ayudar a organizar y ser parte del naciente movimiento sindical iraní.

Sorprende la similitud entre este caso y la realidad cubana. Los cargos por los que lo condenan son “reunión y conspiración contra la seguridad nacional” y “difundir propaganda contra el sistema”. Bien podría ser un sindicalista cubano o cualquier disidente injustamente condenado por luchar por los derechos de los trabajadores. Difunde la información, solo la solidaridad puede ayudarnos. Leer Más…

Entrevista con Alicia Martínez, compañera de José Manuel del Moral


Un caso, entre tantos del irregular funcionamiento de la justicia en Venezuela, es el del joven José Manuel Delmoral, privado de libertad desde noviembre del 2009, acusado de ser el presunto responsable de la llamada “Masacre de Guanipa”, cuando en diciembre del 2008 un pastor evangélico Jean Carlos Salazar fue brutalmente asesinado junto a su esposa y su pequeña hija en el estado Anzoátegui. A pesar que familiares y amigos se han movilizado activamente para demostrar su inocencia y las pruebas presentadas en el proceso han sido
insuficientes y contradictorias, el tribunal acaba de ordenar el reinicio del juicio cuando faltan pocos días para cumplir 4 años de privación de libertad de un inocente. Leer Más…

Prosperidad para quiénes


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Con el tradicional triunfalismo de nuestra prensa, mezclado con los nuevos aires de demagogia reformista, presenta el diario Juventud Rebelde su artículo sobre los resultados del Censo efectuado en nuestro país el año pasado. A partir del
título y un puñado de tablas con promedios estadísticos, se intenta convencer al lector de que el país experimenta un proceso maravilloso, y que comienza a florecer el bienestar de sus habitantes.

Tal vez si el título hubiera sido un poco menos pretencioso, no nos hubiera motivado a asentar aquí un puñado de cuestionamientos. Unos cuantos de los índices y estadísticas que presentan en el material, no pueden enarbolarse como señal de llegada de bienestar sino con una muy alta dosis de cinismo. En última instancia, se puede hablar de una magra disminución de la situación de precariedad que viven tantos compatriotas. Por ejemplo, los muchos que, después de 60 años del Programa del Moncada, todavía no poseen una vivienda digna y se hacinan en cuarterías sin baño propio, o carecen de acceso a agua corriente.

Se lanzan al ruedo de Juventud Rebelde, además de estos datos sobre las viviendas, unos índices de posesión de equipos electrodomésticos, como para ilustrar que los cubanos estamos muy bien apertrechados. Pero no me convencen. Para empezar, los periódicos cubanos se la pasan hablando mal de lo que ellos tildan de consumismo, que consistiría en el consumo de artículos como esos. ¿Se volvieron buenos, ahora que llegan a nuestras manos? Y antes que nada, ¿de verdad llegan a nuestras manos?

Cuando me dicen que existen 0.78 televisores en color por cada vivienda y 0.2
aparatos en blanco y negro , ¿es eso un verdadero índice de prosperidad, u otro
valor más de precariedad? Porque lo que indica es que hay menos de uno, del tipo que sea, por cada hogar. Lo mismo pasa con los refrigeradores. Yo sé que hay
países que están mucho peor. Pero no me pretendan convencer que estamos en algún
lugar aventajado. Y si vamos a la cifra de teléfonos, ya sean fijos o celulares, nos hundimos en los niveles más retrasados que se pueda encontrar en el mundo. La de automóviles ni se dice aunque yo no sea fanático de ese medio de transporte, no deja de ser un indicador de boyancia material.

Lo más triste del caso es pensar que, en la época del capitalismo, podíamos hacernos envidiar en cuanto a esos mismos promedios por unos cuantos países de Europa, como España o Portugal. Es verdad que en aquella época, las desigualdades implicaban una masa de cubanos hundidos en la miseria, el tiempo muerto, el desempleo crónico, la desnutrición y el analfabetismo. Porque, como
se sabe, los promedios en abstracto son ciegos a las diferencias sociales. No es propaganda comunista, se puede encontrar en encuestas de organizaciones como la Agrupación Católica Universitaria.

Y eso es lo otro y más escandaloso que no se refiere en el artículo de Juventud
Rebelde. Se habla de un crecimiento de bienestar, como si este alcanzara a todos por igual. Como si no se acrecentaran cada día las desigualdades de nuestra sociedad. Yo sí creo, porque lo puedo ver a cada paso, cómo en este país, los panes y los peces se multiplican en las canastas de unos cuantos. Sin embargo,
por aquellas residencias que todos sabemos, que tienen un televisor, reproductor de video y un aire acondicionado por habitación; en donde todos los residentes
tienen uno o dos teléfonos celulares, entre otras condiciones, ¿cuántas familias existen en niveles de marginalidad y pobreza, para equilibrar los promedios exhibidos con tanta autosatisfacción en el periódico? ¿La saciedad de unos se puede promediar con el hambre de otros? ¿Los pies descalzos de los niños que pululan ya en tantos barrios se compensan con los tenis de marca que portan un número de afortunados?

¿Actualización hacia el pasado? Si se analiza entre líneas la mismísima prensa oficial, se pueden apreciar algunas consecuencias del rumbo reformista actual. Me pregunto qué tipo de prosperidad implica el cierre de los pequeños centros escolares en zonas de difícil acceso, los mismos que antaño eran un motivo de orgullo del sistema educativo cubano. Esta misma falta de prosperidad parecen
sufrir algunas escuelas de arte y centros de atención de salud racionalizados, sobre todo aquellos a los que asisten los parientes pobres de Liborio. Todos estos eran símbolos de lo que se entendía, hasta hace poco, como prosperidad, en el socialismo. !Perdón, lo olvidaba!, el socialismo es un modelo obsoleto,
como explicó el papa Benedicto cuando vino aquí, y ningún periodista oficialista le llevó la contraria.

Una figura tan comprometida con el régimen como Raúl Antonio Capote observa con preocupación que las mujeres llevan las de perder en este proceso de prosperidad de timbiriche y reguetón. Aunque algunos quisieron linchar al escritor Roberto Zurbano por su atrevimiento, quedó en evidencia nuevamente la falta de capacidad del sistema de eliminar la brecha racial en la sociedad cubana. Yo entiendo que hablen de prosperidad aquellos que pasan sus vacaciones en Golf resorts en Varadero, o hasta en París y Nueva York, pero, qué tipo de prosperidad le toca al que solo le queda el insalubre y peligroso Malecón, o al no menos peligroso empleo del alcohol como medio recreativo más ahora que la espada de las prohibiciones cae alegremente sobre cuales quiera medios particulares de holganza. Y ni un médico chino especialista en malabares con
distintas monedas parece capaz de arreglar el problema de la ínfima remuneración salarial de la población trabajadora cubana sin acceso a monedas fuertes. Y si pensamos en la reducción continua de la subvención de los alimentos racionados, o en los ancianos sin otro sostén que su minúscula pensión, escarbando en los basureros nos preguntamos, angustiados, dónde ven los periodistas la dichosa prosperidad.

Me parece prematuro, cuanto menos, ponernos a hablar de prosperidad general,
para las personas trabajadoras de Cuba, en las condiciones que estas atraviesan. Espero que la redacción de Juventud Rebelde no se acomode de ese lado rosado, donde se olvidan las penurias de los prójimos menos favorecidos.

Carta de Victor Fowler Calzada sobre cierre de cines 3D y salas de juego electrónico en Cuba


Por Victor Fowler Calzada

A la UNEAC

ICL

MINCULT

ICAIC

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene que como objeto el expresar pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuedo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.

Pienso que si bien cualquier Estado tiene el derecho y la obligación de regular y normar las actividades económicas que en el territorio que abarca son realizadas, ninguno lo tiene para decidir (y esto es de lo que principalmente trata el conflicto) cuál debe de ser el consumo cultural de sus nacionales. Al Estado le corresponde la obligación de facilitar una mejor educación y disfrute de la cultura realmente universales, durante la ejecución de sus proyectos esboza y presenta la meta de aquello que considera la virtud ciudadana respecto a la relación entre el individuo nacional y la cultura; pero como tal el Estado no es un maestro ni la sociedad un conjunto de estudiantes sentados en los pupitres de un aula permanente, sometido a exámenes periódicos de habilidad y temoroso de obtener bajas calificaciones o de una vez por todas suspender. Dicho de otro modo, el Estado es un enorme facilitador, no un juez severo (lo cual queda pasra el mundo sangriento de la guerra)..

Tan continuada insistencia en el tema de la banalidad, fantasma que en las más diversas intervenciones sobre cultura nacional aparece una y otra vez, hace pensar que en algún punto existe (o tendría que existir) algo así como el ser banal, especie de arquetipo negativo del consumidor cultural. En este punto, lo más difícil de entender (y aceptar) es que coexistiendo con el consumo cultural de (o con) calidad- igual debe de existir espacio de existencia para el consumidor banal.

En este sentido, ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen, en especial los del nivel más bajo desde el punto de vista de la estética. Esto último resulta fundamental, ya que la efectividad de una democracia se prueba en la capacidad de acción (de realización, de vida) que de manera concreta existe para aquellos portadores del límite negativo del proyecto.

Más allá de esto, y acaso lo principal, es que el fantasma de la banalidad fabrica una figura de supuesta alienación y que, prácticamente, equivale a un nuevo enemigo social, puesto que se trata de alguien que insiste en mantenerse externo a la supuesta corriente sana de la calidad en el consumo; entonces, contrario a ello, no sólo es necesario defender el ser banal como un derecho humano, sino denunciar la falsedad de establecer equivalencias entre la calidad del consumo cultural de la persona y el altruismo, sentido solidario y valor de su aporte social.

Se pierde la brújula cuando en lugar de orientar la discusión hacia la erosión de la solidaridad, los logros en el trabajo, la pérdida de amor o bondad en el trato entre las personas, el aumento del egoísmo, etc.- la energía se moviliza para extraer, de la calidad del consumo cultural, indicadores que alumbren la dinámica de los flujos sociales; como si la pregunta al reflejo pudiese sustituir el encuentro con el objeto.

Para mayor confusión, mientras que en una entrevista a Fernando Rojas, vice-ministro de Cultura (27/10/2013) este afirma que el Ministerio de Cultura estudia medidas que aplicar para que las salas 3D tributen a la política cultural de la Revolución, política cultural que Rojas señala que es una sola, en la nota oficial del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (2/11/2013), apenas una semana más tarde, es ordenado el cierre inmediato de tales salas y nada deja entrever que vayan a ser reabiertas. Con esto, y por más que la nota insista en que la medida no constituye un retroceso en la nueva política económica del país, de forma implícita acaba de consagrar el principio de que ningún nuevo oficio tiene posibilidades de existir hasta tanto no sea imaginado y comprendido por las más altas autoridades político-económicas del país.

Vale la pena señalar que -a reserva de algún descubrimiento- las películas proyectadas en las salas de video 3D (he asistido a tres diferentes) son las mismas que en cualquier sala de video del circuito estatal o en la televisión. Realmente es difícil entender de qué se habla cuando de la intervención de Rojas se deriva que lo normal de estas salas de video 3D es promover mucha frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.

Por desgracia, la ecuación entre frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad en absoluto es clara en el presente en que vivimos y hace ya más de 20 años que un conocido teórico cultural llamaba la atención acerca de que, en modo alguno, un espectáculo de Madonna (trabajado a un altísimo nivel organizacional, profesional y tecnológico) podía ser considerado baja cultura; cuando un fenómeno como el Cirque de Soleil hace de ese viejísimo entretenimiento una nueva forma de arte; cuando la amplia gama que va de la computadora al teléfono digital cambia la comunicación, el entretenimiento e incluso las formas de producir y consumir arte; cuando el refinado arte de la ópera encuentra, gracias a la canción popular, nuevos públicos.

Todo ha cambiado, incluso las bases en las cuales encuentra su apoyo el diseño de las políticas culturales.

Las prohibiciones constituyen cierres que niegan todo camino al diálogo, tanto en el presente como en un futuro situado a distancia razonable (préstese atención a la fuerza que en la nota oficial cobra el adverbio nunca) y, al cortar esa posibilidad, de inmediato dirigen la intensidad del poder (la enormidad del aparato administrativo y discursivo que lo conforma) en contra de procesos, actitudes y cosas.

Lo sorprendente que presenciamos aquí es la deriva según la cual una política pública (en este caso la política cultural), de servicio, cobra autonomía y se constituye en un objetivo en sí misma, por encima de los cambios que hayan tenido lugar en la temporalidad; es por eso que, aunque débil e incompleta, alguna explicación es ofrecida en cuanto a la prohibición de las salas de video 3D, a la vez que practicamente nada es dicho acerca de la prohibición de los salones de juegos de computadora. En este punto queda la amarga sensación de que la retórica (vieja) ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad.

Al final, y esta es la parte más nociva de las prohibiciones, es que actúan como si lo único que existiese fuesen las normativas y el control de un lado, mientras que del otro el objeto o la práctica que eliminar; de tal modo, puesto que no se discute, queda privado de voz (sin que tampoco se le ofrezca respuesta alguna) lo que a mi entender- es lo más importante: la alegría. Dicho de otro modo, el hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada.

Puesto que, junto con todo lo hasta aquí dicho, es loable exponer a la más severa crítica pública todo producto cultural que estimule el racismo, el machismo, el sexismo, la violencia, la prevalencia del dinero y sus formas de generar dominación por sobre la amistad, la solidaridad o el amor, pienso que, entre otros muchos temas, varios de los que motivan la presente intervención merecen ser discutidos en algunas de las Comisiones que realizarán su trabajo durante el venidero Congreso de la UNEAC. Por tal razón comparto preocupaciones y dudas con quienes, como ustedes, son mis colegas. Es algo que hago con la convicción de que debemos de discutir mucho, pero no con las pasiones de la agitación y propaganda, sino con la desgarrada profundidad de la ciencia.

Nota de OC: Victor Fowler Calzada (La Habana, 1960). Licenciado en Pedagogía. Notable intelectual y escritor cubano. Premio Nacional de la Crítica, 1998; Premios UNEAC de Ensayo y Poesía y Premio Nicolás Guillén de Poesía, entre otros. Consultar más aquí.

Trabajo y Democracia en Cuba: Voces, silencios y miedos


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Como habrán notado las personas que visitan más asiduamente nuestro portal, los miembros del Observatorio Crítico prestamos una tremenda atención a los procesos que ocurren actualmente en nuestro país, particularmente alrededor de la proposición y discusión del Anteproyecto de Código Laboral. En este momento, consideré que bien valía la pena referirnos a algunas notables voces que se han expresado o callado elocuentemente en el panorama nacional.

Alguien con suficiente curiosidad, se preguntará de dónde salió la idea de que el país necesitaba actualizar el código viejo. Y no encontrará ninguna fuente que le indique un origen entre las personas trabajadoras. Si estas tienen un especial interés común, más bien se trata del imperioso clamor por elevar los salarios, cuyo paupérrimo nivel ha sido reconocido por el presidente del país, general en jefe Raúl Castro.

La máxima dirección sindical, cuyos oídos permanecen pétreamente sordos a tales demandas, despliega sin embargo una inusitada actividad en este asunto de la discusión del nuevo código. De aquí que su actitud vuelve a lucir impostada, mera voz de muñeco de ventrílocuo al servicio de los que verdaderamente cortan el bacalao acá en Cuba. La verborrea abundante de los exégetas de siempre no logra animar el tétrico panorama: en los centros de trabajo que conocemos, hemos recogido la misma impresión de enajenación, fatalismo e indiferencia entre los trabajadores, que apenas se han molestado en conocer los acápites del Código que más los van a afectar.

Otro silencio de lo más revelador es el de los grupos de la disidencia tradicional, por llamarlos de alguna manera que todos identifiquen fácilmente. Estas personas, que acostumbran a criticar y demonizar todo lo procedente del gobierno, permanecen esta vez plácidamente al margen. Y nos resulta evidente que la causa de este silencio debe estar relacionada con la felicidad de encontrar que el gobierno que todavía proclama defender el socialismo les facilita, espontáneamente, una parte importante de sus programas políticos, dígase, la ampliación y el fortalecimiento de las estructuras capitalistas en Cuba.

Ahora, no todo ha sido silencio, ni el Observatorio Crítico ha sido el único en percibir los mortales peligros que presenta el engendro de marras. No hace mucho llegó a nuestras manos un documento preparado por trabajadores de la empresa de la goma de San José de las Lajas, municipio cubano de gran actividad industrial. Este colectivo fue de los que no se resignaron a quedarse con los brazos cruzados y elaboraron un concienzudo estudio sobre la peligrosa evolución que significa el nuevo documento. Donde más me impresionaron, fue al señalar un hecho que yo había pasado por alto por mi desconocimiento del Código viejo: la nueva mentalidad que nos pretenden imponer abandona el principio de que el trabajo es un deber, así como un derecho, para toda la ciudadanía del país.

Como periodista de medios oficiales, Francisco Rodríguez Cruz, Paquito el de Cuba, ha hecho, desde Trabajadores, un loable trabajo al destacar cuántas lagunas debe solventar también el documento en materia de protección de minorías y sectores discriminados. Finalmente, José Alejandro Rodríguez publicó, en su columna de Juventud Rebelde, un trabajo de mérito excepcional, que demuestra a la vez que acrecienta el tremendo prestigio que se ha ganado este valiente redactor. Rodríguez ha sentido un número de preocupaciones, extraordinariamente parecidas a las nuestras, y demostró el nervio necesario para plasmarlas en la edición del 28 de septiembre del periódico, bajo el título La luz de la discrepancia. Estas preocupaciones se relacionan con los aires neoliberales del proyecto de Código de Trabajo y la necesidad de acción por parte de organizaciones sindicales de mucha más valía que las actuales, para proteger un poco a las vapuleadas masas, humildes y trabajadoras, que son apartadas cada vez más del protagonismo en el proyecto de país que tiene la clase burocrática, autoritaria, dirigente cubana.

Este sábado, un valioso miembro de nuestro grupo, Isbel Díaz Torres, ha sido citado por la policía por un motivo que desconocemos, pero presumimos relacionado con nuestra actividad pública de crítica contra el famoso proyecto de Código Laboral. Obviamente, todo el Observatorio Crítico es partícipe de la zozobra de nuestro hermano y comparte el resultado y sus consecuencias. De poseer la necesaria ecuanimidad y discernimiento, el oficial u oficiales que lo interroguen no podrán sino reconocer la justicia de nuestros argumentos; nuestro compromiso con una causa que puede ser la de cualquier familiar, compatriota nuestro y de ellos mismos.

Con un muy humano sentimiento de miedo, esperamos a ver qué sucede. Mi opinión personal es que presionarnos, por divulgar públicamente nuestros criterios, sería tan disparatado como arrestar a todos los vendedores de la edición del 28 de septiembre pasado del Juventud Rebelde, luminoso portador de la discrepancia de José Alejandro Rodríguez. Por montones de razones, a pesar de nuestros miedos, persistimos en nuestra actitud, pues el miedo mayor, el que sí nos moviliza y compulsa a la acción, es el de que se concrete el advenimiento del sistema neoliberal en nuestro suelo, y que no se haya siquiera sembrado la semilla de las futuras luchas, resistencias y seguras victorias populares.

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