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Apuntes para una cartografía en torno al debate del término Afrocubano/a


Por Alberto Abreu

En los últimos tiempos la impugnación del término afrocubano se ha colocado como un lugar común en diferentes intervenciones de intelectuales cubanos. Los intentos por descalificar este término provenientes, casi siempre, del ámbito académico institucional, y los argumentos esgrimidos por sus detractores trascienden la dimensión terminológica, y vehiculan un grupo de cuestiones relativas a la preservación de la identidad nacional, la historia de la nación y la unidad de la Revolución Cubana. Desde luego que tales impugnaciones no resultan nuevas. Me recuerdan la reacción que hacia finales de la década del ochenta produjo en el paisaje intelectual cubano el encuentro de un grupo de jóvenes artistas e intelectuales con los postulados teóricos del postestructuralismo y la postmodernidad, y los descalces de aquella generación emergente a ciertos marcos analíticos, paradigmas teóricos, así como al monolitismo de sentido, las percepciones enclaustradas del sujeto y la identidad nacional heredadas de los años setenta, las cuales se tornaban inoperante para analizar estos nuevos gestos culturales. Sobre la manera en que, tiempo después, esa misma academia recicló hasta hacer suyos tales presupuestos, discursos y obras -presentándolos, en muchas ocasiones, como una conquista suya-, es otra historia que no puede hacernos olvidar aquellas tensiones y encarnizados debates que, en el marco de las luchas interpretativas y en el plano de las relaciones saber-poder atravesaron el campo cultural cubano de la segunda mitad de los ochenta y primeros años de la década del noventa. En primer lugar, porque una zona importante de aquellas poéticas emergentes (René Peña, Armando Mariño, Douglas Pérez, Elio Rodríguez, Belkis Ayllón, Pedro Álvarez el método de actuación trascendente de Tomás González, la cultura hip hop) interpelaban las políticas de representación, hasta entonces vigentes, sustentadas en un sujeto nacional homogéneo, al tiempo que se abrían a provocadoras representaciones del cuerpo racializado negro deconstruyendo un grupo de mitos arraigados en el imaginario popular. Compulsadas por esa fascinación posmoderna por los bordes, la alteridad, la carnavalización, el neohistoricismo y la disolución de las fronteras entre lo culto y lo popular estas obras desmontaban ciertos silencios, estrategias de reducción que habían devenido en signo de la centralidad del poder del blanco frente al sujeto negro/a o mulato/a.

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Arriba las manos, esto es un atraco (II)


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En la segunda parte de esta diatriba, voy a abordar otro soberbio atraco que madura el Estado cubano contra sus trabajadores. Este está relacionado con la actividad en la llamada Zona Franca del Mariel.

En la Zona Franca del Mariel (ZFM), el gobierno cubano planea establecer un mega puerto y una planta industrial abierta a las inversiones de los empresarios extranjeros. Para ser competitivos en el área caribeña, el gobierno cubano ha establecido las condiciones más amables que ha podido concebir. Los inversores tendrán bajos impuestos, períodos prolongados de gracia fiscal, facilidades de repatriación de ganancias, etcétera. Uno se preguntaría, ¿dónde está la ganancia, entonces, para el Estado cubano?

Una nota en Cubadebate, aparecida hará un par de días, me esclareció esta duda. Se vuelve a manifestar otro principio del marxismo, relativo a la obtención de ganancias en base a la explotación. La ganancia está, como siempre, en apretarles los tornillos a los asalariados tan duro como sea posible.

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Arriba las manos, esto es un atraco (I)


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Se le cansan los brazos a uno de tanto sostenerlos en alto. Cuando se cree que se sale de un atraco y los cuatreros te van a dejar tranquilo un tiempo, ya está montado el siguiente asalto y hay que volver a pagar, por más que uno crea que el anterior ya lo dejó seco. Se confirma por enésima vez el concepto marxista de que aquel infeliz que solo posee su fuerza de trabajo para ofrecer en el mercado, será víctima sistemáticamente de los abusos de los dueños de los recursos, los Estados y las leyes.

El anuncio de la subida de los salarios en un limitado sector laboral de nuestro país –la salud pública– apenas se había asentado, cuando volvieron a caer rayos sobre el bolsillo de los trabajadores cubanos. La noticia salió hasta en el oficialista diario Granma, como para no dar margen a especulaciones: aumentan los precios de la leche en polvo. La ya de antes incosteable bolsa del producto sube otro 15%, para desolación de todas las familias que dependen de los salarios del Estado cubano. La razón ofrecida en el comunicado oficial invoca una supuesta subida del producto en el mercado mundial. Eso mezcla, descubrimos, el cinismo más alevoso con la mentira más desvergonzada. Pero vamos por orden, y con los trapitos de marxismo que conocemos por delante.

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El elefante de Troya, o sobre el derecho a practicar la explotación


Por Rogelio M. Díaz Moreno

La nueva Ley de Inversión Extranjera que regirá en Cuba se aprueba en estos momentos, por parlamentarios cuya postulación es totalmente turbia y se reúnen a puertas cerradas en el apartado Palacio de las Convenciones, sin la trasmisión en vivo de los medios de prensa. Ha provocado bastante revuelo y, es de prever, todavía levantará más.

Ahora quiero referirme a uno de sus puntos más álgidos, al que quisiera aportar la perspectiva que entiendo como revolucionaria y marxista. Como es sabido, la ley otorga todos los derechos habidos y por haber de explotación de trabajadores cubanos a los empresarios extranjeros. También se extiende este derecho a los empresarios de origen cubano, que residen en el exterior.

De acuerdo con cierta lógica, una persona acostumbrada al capitalismo se podría hacer la pregunta siguiente: ¿y por qué vuelven a quedar los cubanos, residentes en Cuba, excluidos de este derecho? Aquellas personas afortunadas, vecinas de Liborio pero mucho mejor dotadas, están naturalmente dolidas de que los dejen fuera del banquete. Ahí tenemos a Silvio Rodríguez, por ejemplo, al que evidentemente ya se le pasó la etapa de necio y ahora, vuelto más inteligente, no quiere tener menos oportunidades que Alfie Fanjul. Reclaman, pues, el “derecho” de explotar a sus compatriotas.

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Si no estamos en venta, estamos en subasta


Por Rogelio M. Díaz Moreno

A estas alturas, faltan acaso un par de días para que el Parlamento cubano apruebe, como mínimo por inmensa mayoría, una nueva ley de inversión extranjera. Ya he soltado un par de mal – escribencias sobre el tema y he plasmado los recelos que siento al respecto, pero me quedan unos apuntes adicionales que bien creo que vale la pena añadir.

Lo primero que merece la pena recalcar es que el proyecto de ley se ha mantenido muy bien resguardado del escrutinio popular. Será, como consideran ciertos diputados, que no vale la pena exponerles el tema a “la plebe”, y mejor mantenerlo entre los que “tienen algo que aportar”. Eso sí, es probable que tantas delegaciones de empresario brasileño y chino y de los otros países como las que han venido a explorar el terreno, ya conozcan las cláusulas que se le regatean a la ciudadanía cubana.

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Liborio en inversiones extranjeras: nada que aportar


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Los voceros del oficialismo en Cuba señalan, como una gran prueba de la democracia local, los procesos de discusión colectiva que se han realizado en determinadas ocasiones, alrededor de proyectos legislativos y otros documentos rectores de la política nacional. La influencia real de las opiniones populares en la conformación de estas políticas es harina de otro costal y, de eso, pocos privilegiados tienen alguna constancia.

No obstante, si la participación referida con todo y sus defectos es prueba de la calidad de la democracia cubana, qué se podría decir de los casos de leyes y procesos que se hacen sin siquiera este acto masivo de discusión. Así tenemos, por lo pronto, que en cuestión de unos días se va a aprobar –dese por sentado– una nueva Ley de Inversiones Extranjeras, en sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional. Las altas autoridades nacionales, pareciera, no han apreciado en esta ocasión la necesidad por someter al criterio de Liborio la nueva política nacional en este campo.

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Diálogos francos ante encrucijadas complejas


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Este sábado termina, acá en La Habana, el evento Fe Religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales. Yo llevaba un buen tiempo, a decir verdad, ocupado con el peso que tienen en nuestra sociedad, esos temas de salario y el papel del trabajo. Esta aventura me ha desviado – aparentemente – de ese menester y me apresuro a ofrecer algunas “filtraciones” a los amables seguidores del Observatorio Crítico (OC).

El evento es auspiciado por la Arquidiócesis de La Habana, y cuenta con la eficiente conducción del equipo de Espacio Laical. Con gran deferencia, extendieron la invitación a los miembros del OC, que hemos tenido así la valiosa oportunidad de participar en los debates que se desarrollan en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

En primer lugar, extendamos el testimonio de los homenajes rendidos a una figura venerada de la cultura y la sociedad cubana, Mons. Carlos Manuel de Céspedes. Los y las participantes no han escatimado elogios respecto a la vida y aportes del religioso cubano, de grata recordación por estos lares.

A partir de este momento, téngase en cuenta que no podemos hacer un resumen lo suficientemente abarcador de todo lo que ha sucedido, y falta por suceder, en este evento. Las memorias del mismo ocuparán todo un número de la publicación Espacio Laical¸ al que ya le extiendo mi total recomendación.

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El trabajo, la prosperidad y las desigualdades “necesarias”: una postura marxista; o los intelectuales no debe n ser payasos del liberalismo


Por Rogelio M. Díaz Moreno

El actual proceso de reformas que experimenta la sociedad cubana viene acompañado de varias operaciones de travestismo ideológico. Una de las más peligrosas de estas operaciones es aquella que proclama que, para lograr que el trabajo sea la base de la prosperidad individual y colectiva, se hace “necesario” aceptar la profundización de las desigualdades sociales. Los propagandistas del oficialismo, después de décadas defendiendo el igualitarismo a ultranza –con odas a la libreta de la bodega incluidas–, se han cambiado al bando opuesto con la misma naturalidad que de camisa.

En ocasiones como esta, convendría que personas honestas y versadas en el marxismo le dieran, a estos tracatanes, la respuesta que merecen. Yo no sé tanto de esas filosofías políticas como quisiera, pero no deseo sentarme a esperar así que, mientras tanto, suelto mi diatriba particular.

En primer lugar, partamos de reconocer que no hay nada de malo en conseguir que las personas, en una sociedad, puedan prosperar en base a su trabajo. Ojalá logremos eso, cuanto antes mejor. Ahora bien, para ese estado de cosas, las dichosas desigualdades no tienen por qué ser un acompañamiento sempiterno ni lacerante. Vamos a tratar de ilustrar esta tesis, y sus consecuencias, con las pizquitas de marxismo que se me han pegado por aquí y por allí.

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Bienvenidos compañeros señores capitalistas


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En estos últimos tiempos, el gobierno cubano está de lo más contento o, por lo menos, sus medios de prensa trasmiten esa sensación, con unas noticias que en otros tiempos resultarían muy inusitadas.

Sitios como Cubasi y Cubadebate publican, eufóricos, detalles sobre la cantidad y magnitud de negociantes brasileños, chinos, mexicanos y de otras nacionalidades interesados en asentar negocios en la Zona Franca del Mariel. El mes que viene, el Parlamento cubano se reunirá en su primera sesión extraordinaria de la historia, para aprobar una nueva Ley de Inversión Extranjera. Los hombres de negocios estadounidenses y cubanoamericanos intercambian besitos con la cancillería en La Habana.

Recuerdo cómo me molesté mucho con una de esas noticias, relacionada con las obras del Mariel. El periodista refería, muy campante, cómo se había mandado a técnicos cubanos a Brasil, con los que más saben de esas cosas, para aprender de tecnologías y metodologías empleadas en la construcción de las obras que se iban a construir en el megapuerto cubano. Pocas líneas más abajo, se comentaba que la administración portuaria de las instalaciones cubanas (o cubano-brasileñas, o brasileño-cubanas, en realidad no sabemos) iba a ponerse en manos de una empresa de Singapur, porque era también de la que más sabe de esas cosas. El periodista no notaba ningún aire extraño en lo que exponía, pero yo me pregunto: ¿no podemos mandar Liboritos al extranjero –por ejemplo, a Singapur–para que aprendan a administrar y dirigir nuestros puntales económicos, pero sí podemos mandarlos a Brasil, donde aprenden a construir aquello que se va a poner luego en manos de otros?

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Pragmatismo, conciencia crítica y el amor interclasista en tiempos de actualización


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En nuestra opinión, el discurso de actualización del modelo cubano de socialismo no engaña ya ni al más incauto. El gobierno aún lo repite, ya sea por reluctancias inherentes a divisiones internas o por no haber reunido todavía la desfachatez necesaria para dar el gran salto. Esto no quita que se avance, entretanto, en la creación y consolidación de las condiciones ideológicas y materiales para la transición.

Miren qué ejemplo más lindo tenemos por estos días de reunión internacional. Todos los medios y vocales del sistema entonan loas a la reunión de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe, agrupados en la CELAC, en pachanga de cumbre habanera. Las cabezas gobernantes del continente, sin los Estados Unidos, hacen su evento y se dan abrazos y palmaditas. ¿Se puede tener algo en contra de esto?

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