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Si ardemos, es porque nos hemos quemado


Por Rogelio M. Díaz Moreno

El estimado periodista Luis Sexto anda atribulado. En su preocupación, se pregunta si no necesitará un teléfono de ciberbomberos pues, aprecia, ciertos incendiarios aplican el gatillo alegre a sus lanzallamas virtuales en los espacios de la blogosfera cubana.

Luis Sexto no necesita que este humilde servidor le elabore detalladas apologías. Sin embargo, puede ser positivo clarificar ideas a lectores curiosos. Junto a José Alejandro Rodríguez y alguna que otra honrosa excepción, lo considero como una de las contadas voces dentro del periodismo oficial que ha realizado la difícil labor de expresar consideraciones objetivas, análisis profundos, opiniones no maniqueas y críticas dentro de un sistema autoritario. Por estas razones, podría mantener discrepancias con él, incluso proponer alguna polémica, pero nunca como aquellas que nos despiertan el bulto de sus otros colegas, calificados por el presidente Raúl Castro como superficiales, chatos y triunfalistas, entre otras bellezas.

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Arriba las manos, esto es un atraco (I)


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Se le cansan los brazos a uno de tanto sostenerlos en alto. Cuando se cree que se sale de un atraco y los cuatreros te van a dejar tranquilo un tiempo, ya está montado el siguiente asalto y hay que volver a pagar, por más que uno crea que el anterior ya lo dejó seco. Se confirma por enésima vez el concepto marxista de que aquel infeliz que solo posee su fuerza de trabajo para ofrecer en el mercado, será víctima sistemáticamente de los abusos de los dueños de los recursos, los Estados y las leyes.

El anuncio de la subida de los salarios en un limitado sector laboral de nuestro país –la salud pública– apenas se había asentado, cuando volvieron a caer rayos sobre el bolsillo de los trabajadores cubanos. La noticia salió hasta en el oficialista diario Granma, como para no dar margen a especulaciones: aumentan los precios de la leche en polvo. La ya de antes incosteable bolsa del producto sube otro 15%, para desolación de todas las familias que dependen de los salarios del Estado cubano. La razón ofrecida en el comunicado oficial invoca una supuesta subida del producto en el mercado mundial. Eso mezcla, descubrimos, el cinismo más alevoso con la mentira más desvergonzada. Pero vamos por orden, y con los trapitos de marxismo que conocemos por delante.

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El elefante de Troya, o sobre el derecho a practicar la explotación


Por Rogelio M. Díaz Moreno

La nueva Ley de Inversión Extranjera que regirá en Cuba se aprueba en estos momentos, por parlamentarios cuya postulación es totalmente turbia y se reúnen a puertas cerradas en el apartado Palacio de las Convenciones, sin la trasmisión en vivo de los medios de prensa. Ha provocado bastante revuelo y, es de prever, todavía levantará más.

Ahora quiero referirme a uno de sus puntos más álgidos, al que quisiera aportar la perspectiva que entiendo como revolucionaria y marxista. Como es sabido, la ley otorga todos los derechos habidos y por haber de explotación de trabajadores cubanos a los empresarios extranjeros. También se extiende este derecho a los empresarios de origen cubano, que residen en el exterior.

De acuerdo con cierta lógica, una persona acostumbrada al capitalismo se podría hacer la pregunta siguiente: ¿y por qué vuelven a quedar los cubanos, residentes en Cuba, excluidos de este derecho? Aquellas personas afortunadas, vecinas de Liborio pero mucho mejor dotadas, están naturalmente dolidas de que los dejen fuera del banquete. Ahí tenemos a Silvio Rodríguez, por ejemplo, al que evidentemente ya se le pasó la etapa de necio y ahora, vuelto más inteligente, no quiere tener menos oportunidades que Alfie Fanjul. Reclaman, pues, el “derecho” de explotar a sus compatriotas.

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Si no estamos en venta, estamos en subasta


Por Rogelio M. Díaz Moreno

A estas alturas, faltan acaso un par de días para que el Parlamento cubano apruebe, como mínimo por inmensa mayoría, una nueva ley de inversión extranjera. Ya he soltado un par de mal – escribencias sobre el tema y he plasmado los recelos que siento al respecto, pero me quedan unos apuntes adicionales que bien creo que vale la pena añadir.

Lo primero que merece la pena recalcar es que el proyecto de ley se ha mantenido muy bien resguardado del escrutinio popular. Será, como consideran ciertos diputados, que no vale la pena exponerles el tema a “la plebe”, y mejor mantenerlo entre los que “tienen algo que aportar”. Eso sí, es probable que tantas delegaciones de empresario brasileño y chino y de los otros países como las que han venido a explorar el terreno, ya conozcan las cláusulas que se le regatean a la ciudadanía cubana.

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Liborio en inversiones extranjeras: nada que aportar


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Los voceros del oficialismo en Cuba señalan, como una gran prueba de la democracia local, los procesos de discusión colectiva que se han realizado en determinadas ocasiones, alrededor de proyectos legislativos y otros documentos rectores de la política nacional. La influencia real de las opiniones populares en la conformación de estas políticas es harina de otro costal y, de eso, pocos privilegiados tienen alguna constancia.

No obstante, si la participación referida con todo y sus defectos es prueba de la calidad de la democracia cubana, qué se podría decir de los casos de leyes y procesos que se hacen sin siquiera este acto masivo de discusión. Así tenemos, por lo pronto, que en cuestión de unos días se va a aprobar –dese por sentado– una nueva Ley de Inversiones Extranjeras, en sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional. Las altas autoridades nacionales, pareciera, no han apreciado en esta ocasión la necesidad por someter al criterio de Liborio la nueva política nacional en este campo.

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El trabajo, la prosperidad y las desigualdades “necesarias”: una postura marxista; o los intelectuales no debe n ser payasos del liberalismo


Por Rogelio M. Díaz Moreno

El actual proceso de reformas que experimenta la sociedad cubana viene acompañado de varias operaciones de travestismo ideológico. Una de las más peligrosas de estas operaciones es aquella que proclama que, para lograr que el trabajo sea la base de la prosperidad individual y colectiva, se hace “necesario” aceptar la profundización de las desigualdades sociales. Los propagandistas del oficialismo, después de décadas defendiendo el igualitarismo a ultranza –con odas a la libreta de la bodega incluidas–, se han cambiado al bando opuesto con la misma naturalidad que de camisa.

En ocasiones como esta, convendría que personas honestas y versadas en el marxismo le dieran, a estos tracatanes, la respuesta que merecen. Yo no sé tanto de esas filosofías políticas como quisiera, pero no deseo sentarme a esperar así que, mientras tanto, suelto mi diatriba particular.

En primer lugar, partamos de reconocer que no hay nada de malo en conseguir que las personas, en una sociedad, puedan prosperar en base a su trabajo. Ojalá logremos eso, cuanto antes mejor. Ahora bien, para ese estado de cosas, las dichosas desigualdades no tienen por qué ser un acompañamiento sempiterno ni lacerante. Vamos a tratar de ilustrar esta tesis, y sus consecuencias, con las pizquitas de marxismo que se me han pegado por aquí y por allí.

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Congreso de trabajadores, con ideología de patrones


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Con bombo, platillo y discurso del presidente cerró el XX congreso de la central sindical cubana, CTC. Algunos vistazos y análisis sencillos alcanzan para percibir el porqué de la inutilidad supina de aquella institución supuestamente de las personas trabajadoras de este país.

Los medios oficiales reflejaron las facetas escogidas por los dirigentes para centrar el debate: los sempiternos temas organizativos; los afanes de elevar la productividad en los puestos de trabajo; la representatividad de la afiliación por parte de la organización, y las maltratadas cuestiones del trabajo “político e ideológico”.

La primera pista sobre las razones del gran ridículo la da el hecho de que, entre las cuatro bases mencionadas, apenas una pueda despertar algún atisbo de interés en una membresía preocupada por lo que van a poner en el plato de comida familiar, cada noche. Y esa en particular, la de la representatividad de la CTC, está tan desacreditada que se une a las otras tres, como una gota más en una llovizna anodina. Triste realidad, un país en crisis económica y el derroche de recursos en la organización de un cónclave de monumental irrelevancia.

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Bienvenidos compañeros señores capitalistas


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En estos últimos tiempos, el gobierno cubano está de lo más contento o, por lo menos, sus medios de prensa trasmiten esa sensación, con unas noticias que en otros tiempos resultarían muy inusitadas.

Sitios como Cubasi y Cubadebate publican, eufóricos, detalles sobre la cantidad y magnitud de negociantes brasileños, chinos, mexicanos y de otras nacionalidades interesados en asentar negocios en la Zona Franca del Mariel. El mes que viene, el Parlamento cubano se reunirá en su primera sesión extraordinaria de la historia, para aprobar una nueva Ley de Inversión Extranjera. Los hombres de negocios estadounidenses y cubanoamericanos intercambian besitos con la cancillería en La Habana.

Recuerdo cómo me molesté mucho con una de esas noticias, relacionada con las obras del Mariel. El periodista refería, muy campante, cómo se había mandado a técnicos cubanos a Brasil, con los que más saben de esas cosas, para aprender de tecnologías y metodologías empleadas en la construcción de las obras que se iban a construir en el megapuerto cubano. Pocas líneas más abajo, se comentaba que la administración portuaria de las instalaciones cubanas (o cubano-brasileñas, o brasileño-cubanas, en realidad no sabemos) iba a ponerse en manos de una empresa de Singapur, porque era también de la que más sabe de esas cosas. El periodista no notaba ningún aire extraño en lo que exponía, pero yo me pregunto: ¿no podemos mandar Liboritos al extranjero –por ejemplo, a Singapur–para que aprendan a administrar y dirigir nuestros puntales económicos, pero sí podemos mandarlos a Brasil, donde aprenden a construir aquello que se va a poner luego en manos de otros?

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Sugiero otra política


Por Ramón García Guerra

Ésta es la política oficial.

El hecho que Granma haya publicado una nota aclaratoria sobre la venta de automóviles indica que el Gobierno tenía conciencia plena de que la medida era política.

Yo no me detendré en ese punto.

Cuando hablo de sentido político de la medida, aclaro, no limitó el análisis al efecto de aquella: es decir, el malestar que ha motivado ésta en la vieja clase media (VCM). [Creada por el régimen en los años ´70-80s, –base social de las reformas en curso– ahora esa VCM se haya colgada de la brocha.] No. Hablamos del sentido político que nace de la voluntad del Estado de modificar el pacto social (enfermo) que sostiene al régimen. Preciso lo dicho: no hablo de que lo que aquél se propone sea mejor o peor que lo que existe. Pienso, en cambio, que el dilema del Estado hoy es cómo cambiar el actual estado de cosas. En tal sentido han optado por la política del costo social mínimo .

La imagen del líder defensor de los oprimidos que se paraba en una tribuna y acusaba de miope político al tecnócrata de turno que hacía de chivo expiatorio ya no funciona. ¡Porque nadie en Cuba se traga esa historia!

[Insisto, la nota de Granma habla de cuán implicado está en esto el Partido.]

Entiéndase bien: Raúl Castro no va a descalificar en público al bodeguero que ha puesto al frente de las reformas; ni lo hará tampoco con el jefe de Campamento y Vivienda que hace de segundo en la Comisión .

Un gran amigo mío, cirujano, –quién fue llevado por su idealismo revolucionario a servir al mundo entero– siente que le han tirado la puerta en la cara y lo han dejado en la calle. Entonces poco le importó que el Estado se quedara con el 95% de sus ingresos. [“Es que… lo de menos es el auto”, me dice.] Confundió la ética médica: en su condición de médico revolucionario que estaría llamado a luchar en cualquier lugar en contra del dolor, con el deber de servir a una “patria” que es dibujada –según la ocasión– en las oficinas refrigeradas del Consejo de Estado. Pero el drama de mi amigo es compartido por miles de galenos en Cuba.

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Más sobre asociacionismo irregular: un caso de buena salud


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Poco después de publicar mi último libelo sobre asociaciones adelantadas en nuestro patio, me percaté que había pasado por alto la que más de cerca me toca. Enseguida le encontré un nombre adecuadísimo, fíjense: Asociación de Trabajadores (Paupérrimos) de la Medicina, o la ATRAPAME.

Enseguida se entiende de qué va el asunto. Somos el personal que labora en la atención médica, ya sean médicos, técnicos u otros profesionales. Como regla general, no poseemos ingresos regulares en moneda convertible y nuestros salarios en moneda nacional son un decir, en un país cada vez más caro y con menos subsidios; de ahí lo de paupérrimos. El esperado aumento de salario que se nos anunció, según mi cálculo, será apenas un ajuste de inflación según los precios al inicio de este milenio y los de ahora. Como en aquellos años ya estábamos bastante cerca del fondo de la pirámide socio-económica cubana, no se puede decir que hayamos progresado mucho.

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