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El elefante de Troya, o sobre el derecho a practicar la explotación


Por Rogelio M. Díaz Moreno

La nueva Ley de Inversión Extranjera que regirá en Cuba se aprueba en estos momentos, por parlamentarios cuya postulación es totalmente turbia y se reúnen a puertas cerradas en el apartado Palacio de las Convenciones, sin la trasmisión en vivo de los medios de prensa. Ha provocado bastante revuelo y, es de prever, todavía levantará más.

Ahora quiero referirme a uno de sus puntos más álgidos, al que quisiera aportar la perspectiva que entiendo como revolucionaria y marxista. Como es sabido, la ley otorga todos los derechos habidos y por haber de explotación de trabajadores cubanos a los empresarios extranjeros. También se extiende este derecho a los empresarios de origen cubano, que residen en el exterior.

De acuerdo con cierta lógica, una persona acostumbrada al capitalismo se podría hacer la pregunta siguiente: ¿y por qué vuelven a quedar los cubanos, residentes en Cuba, excluidos de este derecho? Aquellas personas afortunadas, vecinas de Liborio pero mucho mejor dotadas, están naturalmente dolidas de que los dejen fuera del banquete. Ahí tenemos a Silvio Rodríguez, por ejemplo, al que evidentemente ya se le pasó la etapa de necio y ahora, vuelto más inteligente, no quiere tener menos oportunidades que Alfie Fanjul. Reclaman, pues, el “derecho” de explotar a sus compatriotas.

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Cartas de la Cofradía de la Negritud a los protagonistas del reciente XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba


Carta Abierta de la Cofradía de la Negritud a la Comisión Organizadora del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

La Habana, 17 de febrero de 2014

Compañero Ulises Guilarte de Nacimiento

Presidente de la Comisión Organizadora

del XX Congreso de la Central de Trabajadores De Cuba.

Distinguido compañero:

Reciba un saludo cordal de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano de activismo social, a nombre del que nos estamos dirigiendo a usted con el propósito de presentar públicamente, ante la entidad que usted preside, un reclamo referido a una cuestión que consideramos no debe dejar de ser tratada en la magna reunión de los trabajadores cubanos: la existencia de la discriminación racial en la esfera laboral.

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Congreso de trabajadores, con ideología de patrones


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Con bombo, platillo y discurso del presidente cerró el XX congreso de la central sindical cubana, CTC. Algunos vistazos y análisis sencillos alcanzan para percibir el porqué de la inutilidad supina de aquella institución supuestamente de las personas trabajadoras de este país.

Los medios oficiales reflejaron las facetas escogidas por los dirigentes para centrar el debate: los sempiternos temas organizativos; los afanes de elevar la productividad en los puestos de trabajo; la representatividad de la afiliación por parte de la organización, y las maltratadas cuestiones del trabajo “político e ideológico”.

La primera pista sobre las razones del gran ridículo la da el hecho de que, entre las cuatro bases mencionadas, apenas una pueda despertar algún atisbo de interés en una membresía preocupada por lo que van a poner en el plato de comida familiar, cada noche. Y esa en particular, la de la representatividad de la CTC, está tan desacreditada que se une a las otras tres, como una gota más en una llovizna anodina. Triste realidad, un país en crisis económica y el derroche de recursos en la organización de un cónclave de monumental irrelevancia.

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Bienvenidos compañeros señores capitalistas


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En estos últimos tiempos, el gobierno cubano está de lo más contento o, por lo menos, sus medios de prensa trasmiten esa sensación, con unas noticias que en otros tiempos resultarían muy inusitadas.

Sitios como Cubasi y Cubadebate publican, eufóricos, detalles sobre la cantidad y magnitud de negociantes brasileños, chinos, mexicanos y de otras nacionalidades interesados en asentar negocios en la Zona Franca del Mariel. El mes que viene, el Parlamento cubano se reunirá en su primera sesión extraordinaria de la historia, para aprobar una nueva Ley de Inversión Extranjera. Los hombres de negocios estadounidenses y cubanoamericanos intercambian besitos con la cancillería en La Habana.

Recuerdo cómo me molesté mucho con una de esas noticias, relacionada con las obras del Mariel. El periodista refería, muy campante, cómo se había mandado a técnicos cubanos a Brasil, con los que más saben de esas cosas, para aprender de tecnologías y metodologías empleadas en la construcción de las obras que se iban a construir en el megapuerto cubano. Pocas líneas más abajo, se comentaba que la administración portuaria de las instalaciones cubanas (o cubano-brasileñas, o brasileño-cubanas, en realidad no sabemos) iba a ponerse en manos de una empresa de Singapur, porque era también de la que más sabe de esas cosas. El periodista no notaba ningún aire extraño en lo que exponía, pero yo me pregunto: ¿no podemos mandar Liboritos al extranjero –por ejemplo, a Singapur–para que aprendan a administrar y dirigir nuestros puntales económicos, pero sí podemos mandarlos a Brasil, donde aprenden a construir aquello que se va a poner luego en manos de otros?

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Sugiero otra política


Por Ramón García Guerra

Ésta es la política oficial.

El hecho que Granma haya publicado una nota aclaratoria sobre la venta de automóviles indica que el Gobierno tenía conciencia plena de que la medida era política.

Yo no me detendré en ese punto.

Cuando hablo de sentido político de la medida, aclaro, no limitó el análisis al efecto de aquella: es decir, el malestar que ha motivado ésta en la vieja clase media (VCM). [Creada por el régimen en los años ´70-80s, –base social de las reformas en curso– ahora esa VCM se haya colgada de la brocha.] No. Hablamos del sentido político que nace de la voluntad del Estado de modificar el pacto social (enfermo) que sostiene al régimen. Preciso lo dicho: no hablo de que lo que aquél se propone sea mejor o peor que lo que existe. Pienso, en cambio, que el dilema del Estado hoy es cómo cambiar el actual estado de cosas. En tal sentido han optado por la política del costo social mínimo .

La imagen del líder defensor de los oprimidos que se paraba en una tribuna y acusaba de miope político al tecnócrata de turno que hacía de chivo expiatorio ya no funciona. ¡Porque nadie en Cuba se traga esa historia!

[Insisto, la nota de Granma habla de cuán implicado está en esto el Partido.]

Entiéndase bien: Raúl Castro no va a descalificar en público al bodeguero que ha puesto al frente de las reformas; ni lo hará tampoco con el jefe de Campamento y Vivienda que hace de segundo en la Comisión .

Un gran amigo mío, cirujano, –quién fue llevado por su idealismo revolucionario a servir al mundo entero– siente que le han tirado la puerta en la cara y lo han dejado en la calle. Entonces poco le importó que el Estado se quedara con el 95% de sus ingresos. [“Es que… lo de menos es el auto”, me dice.] Confundió la ética médica: en su condición de médico revolucionario que estaría llamado a luchar en cualquier lugar en contra del dolor, con el deber de servir a una “patria” que es dibujada –según la ocasión– en las oficinas refrigeradas del Consejo de Estado. Pero el drama de mi amigo es compartido por miles de galenos en Cuba.

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Más sobre asociacionismo irregular: un caso de buena salud


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Poco después de publicar mi último libelo sobre asociaciones adelantadas en nuestro patio, me percaté que había pasado por alto la que más de cerca me toca. Enseguida le encontré un nombre adecuadísimo, fíjense: Asociación de Trabajadores (Paupérrimos) de la Medicina, o la ATRAPAME.

Enseguida se entiende de qué va el asunto. Somos el personal que labora en la atención médica, ya sean médicos, técnicos u otros profesionales. Como regla general, no poseemos ingresos regulares en moneda convertible y nuestros salarios en moneda nacional son un decir, en un país cada vez más caro y con menos subsidios; de ahí lo de paupérrimos. El esperado aumento de salario que se nos anunció, según mi cálculo, será apenas un ajuste de inflación según los precios al inicio de este milenio y los de ahora. Como en aquellos años ya estábamos bastante cerca del fondo de la pirámide socio-económica cubana, no se puede decir que hayamos progresado mucho.

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Año Nuevo para no sorprendernos


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Ya pasa la resaca de las fiestas. Volvemos a las labores cotidianas y nos reencontramos con los temas candentes que marcan este período de cambios que vivimos en la mayor de las Antillas. Vale la pena recapitular alrededor de algunos puntos significativos, relacionados con principios de equidad y democracia que deseamos por aquí por el Observatorio Crítico, para nuestro país.

Quiero empezar con una apreciación sobre la continuación de la discriminación presente en la televisión cubana, a favor de las religiones de origen cristiano. No tengo nada en contra de las mismas, pero se debe exigir que si se trasmiten ceremonias de las iglesias de esa naturaleza, relacionadas con las festividades navideñas, de año nuevo, etcétera, se preste la misma importancia a otras actividades ceremoniales de semejante importancia para personas con otras creencias. La Constitución nacional cubana asienta el carácter laico del Estado, y el tratamiento equitativo a todas las religiones. Creyentes o no creyentes, debemos respetar este principio, base de la convivencia respetuosa y solidaria entre todos los cubanos y cubanas.

En segundo lugar, un tema que no logro dejar atrás, que me sorprende por su capacidad inagotable de generarme motivos de escándalo. Se trata del famoso proyecto de Código Laboral, en principio aprobado pero sin saberse bien qué. La versión rectificada tras el simulacro de debate popular no ha sido publicada en ninguna parte, que sepamos, para no hablar de que todavía debe pasar otra ronda de reescritura.

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Nuevas luchas para viejos empeños. Notas de la intervención cubana en el evento del CWI


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En nombre de mi colectivo Observatorio Crítico y del mío mismo, deseo extenderle a nuestros lectores y seguidores el saludo, las felicitaciones y el agradecimiento por la atención que prestan a nuestra actividad. Les recomiendo mantener este seguimiento en un año que prevé importantes acontecimientos en nuestro país, y donde el trabajo de todas las personas de buena voluntad jugará un papel de la mayor importancia en el logro de los objetivos de la sociedad más hermosa a la que aspiramos. Aprovecho esta ocasión, además, para publicar finalmente la transcripción de las notas que me sirvieron de base para mi intervención en el evento del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CWI, siglas en inglés), celebrado entre el 1ro y el 7 del pasado mes de diciembre.

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Carta de Victor Fowler Calzada sobre cierre de cines 3D y salas de juego electrónico en Cuba


Por Victor Fowler Calzada

A la UNEAC

ICL

MINCULT

ICAIC

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene que como objeto el expresar pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuedo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.

Pienso que si bien cualquier Estado tiene el derecho y la obligación de regular y normar las actividades económicas que en el territorio que abarca son realizadas, ninguno lo tiene para decidir (y esto es de lo que principalmente trata el conflicto) cuál debe de ser el consumo cultural de sus nacionales. Al Estado le corresponde la obligación de facilitar una mejor educación y disfrute de la cultura realmente universales, durante la ejecución de sus proyectos esboza y presenta la meta de aquello que considera la virtud ciudadana respecto a la relación entre el individuo nacional y la cultura; pero como tal el Estado no es un maestro ni la sociedad un conjunto de estudiantes sentados en los pupitres de un aula permanente, sometido a exámenes periódicos de habilidad y temoroso de obtener bajas calificaciones o de una vez por todas suspender. Dicho de otro modo, el Estado es un enorme facilitador, no un juez severo (lo cual queda pasra el mundo sangriento de la guerra)..

Tan continuada insistencia en el tema de la banalidad, fantasma que en las más diversas intervenciones sobre cultura nacional aparece una y otra vez, hace pensar que en algún punto existe (o tendría que existir) algo así como el ser banal, especie de arquetipo negativo del consumidor cultural. En este punto, lo más difícil de entender (y aceptar) es que coexistiendo con el consumo cultural de (o con) calidad- igual debe de existir espacio de existencia para el consumidor banal.

En este sentido, ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen, en especial los del nivel más bajo desde el punto de vista de la estética. Esto último resulta fundamental, ya que la efectividad de una democracia se prueba en la capacidad de acción (de realización, de vida) que de manera concreta existe para aquellos portadores del límite negativo del proyecto.

Más allá de esto, y acaso lo principal, es que el fantasma de la banalidad fabrica una figura de supuesta alienación y que, prácticamente, equivale a un nuevo enemigo social, puesto que se trata de alguien que insiste en mantenerse externo a la supuesta corriente sana de la calidad en el consumo; entonces, contrario a ello, no sólo es necesario defender el ser banal como un derecho humano, sino denunciar la falsedad de establecer equivalencias entre la calidad del consumo cultural de la persona y el altruismo, sentido solidario y valor de su aporte social.

Se pierde la brújula cuando en lugar de orientar la discusión hacia la erosión de la solidaridad, los logros en el trabajo, la pérdida de amor o bondad en el trato entre las personas, el aumento del egoísmo, etc.- la energía se moviliza para extraer, de la calidad del consumo cultural, indicadores que alumbren la dinámica de los flujos sociales; como si la pregunta al reflejo pudiese sustituir el encuentro con el objeto.

Para mayor confusión, mientras que en una entrevista a Fernando Rojas, vice-ministro de Cultura (27/10/2013) este afirma que el Ministerio de Cultura estudia medidas que aplicar para que las salas 3D tributen a la política cultural de la Revolución, política cultural que Rojas señala que es una sola, en la nota oficial del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (2/11/2013), apenas una semana más tarde, es ordenado el cierre inmediato de tales salas y nada deja entrever que vayan a ser reabiertas. Con esto, y por más que la nota insista en que la medida no constituye un retroceso en la nueva política económica del país, de forma implícita acaba de consagrar el principio de que ningún nuevo oficio tiene posibilidades de existir hasta tanto no sea imaginado y comprendido por las más altas autoridades político-económicas del país.

Vale la pena señalar que -a reserva de algún descubrimiento- las películas proyectadas en las salas de video 3D (he asistido a tres diferentes) son las mismas que en cualquier sala de video del circuito estatal o en la televisión. Realmente es difícil entender de qué se habla cuando de la intervención de Rojas se deriva que lo normal de estas salas de video 3D es promover mucha frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.

Por desgracia, la ecuación entre frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad en absoluto es clara en el presente en que vivimos y hace ya más de 20 años que un conocido teórico cultural llamaba la atención acerca de que, en modo alguno, un espectáculo de Madonna (trabajado a un altísimo nivel organizacional, profesional y tecnológico) podía ser considerado baja cultura; cuando un fenómeno como el Cirque de Soleil hace de ese viejísimo entretenimiento una nueva forma de arte; cuando la amplia gama que va de la computadora al teléfono digital cambia la comunicación, el entretenimiento e incluso las formas de producir y consumir arte; cuando el refinado arte de la ópera encuentra, gracias a la canción popular, nuevos públicos.

Todo ha cambiado, incluso las bases en las cuales encuentra su apoyo el diseño de las políticas culturales.

Las prohibiciones constituyen cierres que niegan todo camino al diálogo, tanto en el presente como en un futuro situado a distancia razonable (préstese atención a la fuerza que en la nota oficial cobra el adverbio nunca) y, al cortar esa posibilidad, de inmediato dirigen la intensidad del poder (la enormidad del aparato administrativo y discursivo que lo conforma) en contra de procesos, actitudes y cosas.

Lo sorprendente que presenciamos aquí es la deriva según la cual una política pública (en este caso la política cultural), de servicio, cobra autonomía y se constituye en un objetivo en sí misma, por encima de los cambios que hayan tenido lugar en la temporalidad; es por eso que, aunque débil e incompleta, alguna explicación es ofrecida en cuanto a la prohibición de las salas de video 3D, a la vez que practicamente nada es dicho acerca de la prohibición de los salones de juegos de computadora. En este punto queda la amarga sensación de que la retórica (vieja) ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad.

Al final, y esta es la parte más nociva de las prohibiciones, es que actúan como si lo único que existiese fuesen las normativas y el control de un lado, mientras que del otro el objeto o la práctica que eliminar; de tal modo, puesto que no se discute, queda privado de voz (sin que tampoco se le ofrezca respuesta alguna) lo que a mi entender- es lo más importante: la alegría. Dicho de otro modo, el hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada.

Puesto que, junto con todo lo hasta aquí dicho, es loable exponer a la más severa crítica pública todo producto cultural que estimule el racismo, el machismo, el sexismo, la violencia, la prevalencia del dinero y sus formas de generar dominación por sobre la amistad, la solidaridad o el amor, pienso que, entre otros muchos temas, varios de los que motivan la presente intervención merecen ser discutidos en algunas de las Comisiones que realizarán su trabajo durante el venidero Congreso de la UNEAC. Por tal razón comparto preocupaciones y dudas con quienes, como ustedes, son mis colegas. Es algo que hago con la convicción de que debemos de discutir mucho, pero no con las pasiones de la agitación y propaganda, sino con la desgarrada profundidad de la ciencia.

Nota de OC: Victor Fowler Calzada (La Habana, 1960). Licenciado en Pedagogía. Notable intelectual y escritor cubano. Premio Nacional de la Crítica, 1998; Premios UNEAC de Ensayo y Poesía y Premio Nicolás Guillén de Poesía, entre otros. Consultar más aquí.

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