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Primavera en Miami con una esquina rota


Por Yasmín S. Portales Machado

Salí del aeropuerto de Miami muerta de hambre, como es usual.

No por los 45 minutos de vuelo, sino por las tres horas que pasé en el aeropuerto de La Habana, más una hora (de pie) en el control de aduanas norteamericano. Suman unas cuatro horas adicionales al tiempo de viaje real. Los vuelos internacionales cortos ponen al descubierto cuánto tiempo se gasta en seguridad en el mundo post 11 de septiembre.

Yo no tengo nada en contra de la seguridad aérea, pero si contra los precios de las cafeterías del “José Martí”. También agradecería un puestecito de perros calientes –con sus refrescos y su opción vegetariana– en el control de fronteras norteamericano. Podrían girar las ganancias a los fondos para la lucha contra el terrorismo, a la que es tan aficionada Washington. Leer Más…

Oposición en Cuba: tender puentes en pro de la reconciliación


manos-reconciliacic3b3nPor Yohan González Duany (Desde mi ínsula)

Entre el 6 y el 8 de marzo tuve la oportunidad de ser invitado al evento “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales” que, organizado por la revista Espacio Laical, nos invitó a pensar en los desafíos para la construcción de la sociedad a la que aspiramos y en la que concurrimos diferentes personas con gran variedad de ideas, algunas en ocasiones no coincidentes. Agradezco al equipo de la revista, en especial a Roberto Veiga y Leinier González (editor y viceditor respectivamente), por la oportunidad de que varios jóvenes blogueros como yo fuéramos invitados y fuésemos ser escuchados.

Gran variedad de temas fueron tratados durante el evento, pero de entre ellos algunos valen la pena ser utilizados como caldo para el análisis al que se encaminará mi artículo. Leer Más…

Diálogos francos ante encrucijadas complejas


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Este sábado termina, acá en La Habana, el evento Fe Religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales. Yo llevaba un buen tiempo, a decir verdad, ocupado con el peso que tienen en nuestra sociedad, esos temas de salario y el papel del trabajo. Esta aventura me ha desviado – aparentemente – de ese menester y me apresuro a ofrecer algunas “filtraciones” a los amables seguidores del Observatorio Crítico (OC).

El evento es auspiciado por la Arquidiócesis de La Habana, y cuenta con la eficiente conducción del equipo de Espacio Laical. Con gran deferencia, extendieron la invitación a los miembros del OC, que hemos tenido así la valiosa oportunidad de participar en los debates que se desarrollan en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

En primer lugar, extendamos el testimonio de los homenajes rendidos a una figura venerada de la cultura y la sociedad cubana, Mons. Carlos Manuel de Céspedes. Los y las participantes no han escatimado elogios respecto a la vida y aportes del religioso cubano, de grata recordación por estos lares.

A partir de este momento, téngase en cuenta que no podemos hacer un resumen lo suficientemente abarcador de todo lo que ha sucedido, y falta por suceder, en este evento. Las memorias del mismo ocuparán todo un número de la publicación Espacio Laical¸ al que ya le extiendo mi total recomendación.

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Cartas de la Cofradía de la Negritud a los protagonistas del reciente XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba


Carta Abierta de la Cofradía de la Negritud a la Comisión Organizadora del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

La Habana, 17 de febrero de 2014

Compañero Ulises Guilarte de Nacimiento

Presidente de la Comisión Organizadora

del XX Congreso de la Central de Trabajadores De Cuba.

Distinguido compañero:

Reciba un saludo cordal de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano de activismo social, a nombre del que nos estamos dirigiendo a usted con el propósito de presentar públicamente, ante la entidad que usted preside, un reclamo referido a una cuestión que consideramos no debe dejar de ser tratada en la magna reunión de los trabajadores cubanos: la existencia de la discriminación racial en la esfera laboral.

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Congreso de trabajadores, con ideología de patrones


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Con bombo, platillo y discurso del presidente cerró el XX congreso de la central sindical cubana, CTC. Algunos vistazos y análisis sencillos alcanzan para percibir el porqué de la inutilidad supina de aquella institución supuestamente de las personas trabajadoras de este país.

Los medios oficiales reflejaron las facetas escogidas por los dirigentes para centrar el debate: los sempiternos temas organizativos; los afanes de elevar la productividad en los puestos de trabajo; la representatividad de la afiliación por parte de la organización, y las maltratadas cuestiones del trabajo “político e ideológico”.

La primera pista sobre las razones del gran ridículo la da el hecho de que, entre las cuatro bases mencionadas, apenas una pueda despertar algún atisbo de interés en una membresía preocupada por lo que van a poner en el plato de comida familiar, cada noche. Y esa en particular, la de la representatividad de la CTC, está tan desacreditada que se une a las otras tres, como una gota más en una llovizna anodina. Triste realidad, un país en crisis económica y el derroche de recursos en la organización de un cónclave de monumental irrelevancia.

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En Cuba ¿desde abajo y a la izquierda?


Por Armando Chaguaceda

La libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor; debe ser exigida por el que está siendo oprimido”.

Martin Luther King (1929-1968)

HAVANA TIMES — Hace unos días, en la antesala de la Cumbre de la CELAC, el canciller cubano anunció que en la Habana no se realizarían cumbres de los pueblos porque, señaló “los pueblos de toda Nuestra América estarán dentro de la Cumbre y Cuba es la tierra hermana de todos ellos”.

Y en efecto así sucedió: nada de Cumbres de los Pueblos, Coordinadoras contra el Libre Comercio -pese a que varios de los presidentes invitados son promotores de tales políticas privatizadoras- y, ni siquiera, Asambleas de los Movimientos Sociales integrados en el ALBA.

Ante el desconcierto y molestia que tal situación provocó, algunos amigos barajamos la hipótesis de una movida gobiernista; diversa en sus referentes ideológicos y prácticos, pero coincidente en el interés de reducir la molesta interpelación que todo movimiento social hace al gobierno que le toca sufrir.

Sin embargo, una entrevista reciente a la coordinadora del Programa de Solidaridad del Centro Memorial Dr. Martin Luther King (CMMLK), puede ser particularmente reveladora de otros factores -inherentes a los propios actores excluidos- capaces de explicar el porqué de estas ausencias.

En la entrevista, la joven cuenta cómo la alianza de movimientos bolivarianos se empezó a construir en 2008, avanzando en los años sucesivos en la construcción y articulación de plataformas nacionales.

Todo ello coordinado por una secretaría operativa integrada por el Frente Popular Darío Santillán (Argentina), el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Brasil), acompañados desde Cuba por el CMMLK y la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina; organizaciones que colaboraban desde hace tiempo en diversos escenarios y redes internacionales.

La entrevistada destaca que en la Asamblea fundacional participaron unas 240 personas procedentes de más 80 movimientos de 22 países, saliendo a relucir los casos de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (perteneciente a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-Vía Campesina) y la Federación de Mujeres Cubanas (parte de la Marcha Mundial de las Mujeres) como organizaciones de masas cubanas asistentes al foro.

Y ahí mismo cualquier lector medianamente informado del contexto cubano se haría la primera pregunta: siendo la práctica y defensa de la autonomía -frente al estado, los partidos y el capital- una cualidad central de los nuevos movimientos sociales latinoamericanos estudiados por Raul Zibechi y Maristella Svampa, ¿las organizaciones isleñas podrán aportar experiencias en este campo? ¿No son acaso organizaciones cuyo discurso, membresía y agendas sufren del verticalismo, fosilización y sujeción política a los designios del estado/partido, típicos del modelo leninista aún vigente en Cuba?

En la entrevista de marras, al ser interrogada sobre aquello que podrían aprender los actores cubanos de sus pares latinoamericanos, la intelectual alude a un conjunto de cuestiones interesantes pero vagas como el “aprendizaje en el sentido de organización, unidad y colectividad”, la “frescura que nosotros no tenemos”, el “carácter voluntario”, la “autorganización y la autoconvocatoria”.

Y, tras un uso recurrente de la primera persona del plural -significativamente útil dentro de la psicología y cultura política nacionales cómo forma de diluir/transferir responsabilidades- señala “Nosotros, por varias razones, hemos aprendido a ser disciplinados en extremo a la hora de organizarnos y convocar a algo.”

Semejantes interpretaciones podrían ser el resultado de la redacción de una periodista carente de espacio o, acaso, un reflejo de la endeblez analítica y el simplismo bobalicón que rodean al discurso y la praxis de buena parte de la Educación Popular y el tallerismo que se hacen en Cuba.

Pero creo tienen también que ver con una cultura política que se refuerza, incluso, en aquellos espacios que pretender ser alternativos, cómo forma de sobrevivir sin hablar frontalmente de “cómo está la cosa”.

¿Acaso el asunto de los déficits ciudadanos es algo meramente individual, volitivo o, digámoslo así, “cultural”? ¿No atraviesan toda la institucionalidad cubana estructuras de mando y castigo, patrones de orden y obediencia y experiencias de vidas y proyectos truncos que han ido moldeando, dentro de la sociedad, ese sentido de pasividad y temor a la innovación en temas sociopolíticos?

¿Tiene la misma responsabilidad el delegado de barrio que intentó romper la desidia burocrática o el periodista censurado hasta el cansancio que aquellos que decidieron, con todo su poder e impunidad, joderles la vida y los sueños a muchos cubanos –incluidos militantes revolucionarios- de a pie?

Otra confusión sustantiva es creer, como expresa la entrevistada, que la diferencia fundamental entre gobiernos y movimientos sociales radica en que los primeros están sujetos a lógicas electorales, cortoplacistas y al diálogo/concesiones con otros actores; mientras los segundos se basan en una lógica de largo plazo, donde construyen un “acumulado político, desde abajo y con calma”. Al parecer todo se reduce a un problema de tiempos y alianzas, mientras el tema neurálgico de las funciones y lógicas de estos actores se invisibiliza.

En realidad, todo gobierno -con independencia de la ideología que le anime- intenta aplicar su ley y detentar el monopolio de la representación del colectivo cuyos destinos dirige: por eso líder, nación y pueblo se confunden, exprofeso, en toda retórica oficial. Por su parte, los movimientos sociales representan a los excluidos, cuestionan a los gobernantes, abren el espacio y las políticas públicas a nuevos temas y demandas.

Lo que la confusión de este discurso revela es una enorme debilidad e incoherencia de organizaciones sociales oficialmente reconocidas –y sus directivos e intelectuales orgánicos- para posicionarse con una agenda propia (no necesariamente adversa) a los gobiernos integrados en el ALBA. A estos últimos, la autonomía de los diversos actores afines les está resultando tan incómoda como la resistencia de otros movimientos sociales en los contextos neoliberales, a los gobiernos de derecha.

Obviamente, hay diferencias de fuerza, trayectoria y posicionamientos entre, por un lado, el poderoso MST -híbrido entre movimiento nacional y aparato burocrático- y el contestatario movimiento piquetero argentino; y las organizaciones cubanas, incluida una ONG prototípica con prolongaciones comunitarias (Red Educadores Populares) cómo es el CMLK.

Los primeros preservan la capacidad de interpelar a sus aliados gubernamentales, romper pactos, negociar agendas; los segundos tienen que esperar que les bajen línea o, a lo sumo, hacer un cabildeo de muy bajo perfil y paciencia salomónica, siempre con la posibilidad de que les den un portazo.

La misma integración de la representación cubana a los foros de la izquierda social continental -sometida a los designios del Comité Central y aprobada por los aparatos ideológicos y de contrainteligencia estatales- es un ejemplo de esta carencia de autonomía y agencia. Los lineamientos sobre qué temas apoyar y cuáles no también.

En ambos rubros mi experiencia reciente dentro de la sociedad civil criolla ha sido aleccionadora: recuerdo las broncas -y vetos- para participar en los Foros Sociales desarrollados en la década pasada y la desgarradora queja de una feminista nicaragüense por la postura insolidaria de sus compañeras de la FMC cubana ante la condena del dirigente Daniel Ortega, acusado de abusar de su hijastra Zoilamérica. Botones de muestra de la subordinación estatista de las organizaciones isleñas.

En el contexto cubano, sin embargo, existen otras organizaciones que, tras plantearse honestamente objetivos modestos, hacen importantes contribuciones a las agendas locales y temáticas (diversidad sexual, ambiente) de positivo impacto en la vida de la población.

En sus programas no se encontraran proclamas emancipadoras ni presunciones de transformar el mundo desde abajo, sabedores de sus límites reales de recursos, tiempo y contexto. Porque el trabajo barrial no es siempre sinónimo de empoderamiento, ni la capacitación un acompañamiento real frente a la acción (u omisión) de las administraciones que afectan la vida de las comunidades.

De ahí que, amén de lo celebrable de su trabajo y trayectoria, en entes cómo el CMLK se mantiene la tensión entre, por un lado, preservar el modo de vida –lucrativo en las condiciones cubanas -y el monopolio de saberes y discursos (Educación y Comunicación Popular)- de su personal profesional y, por el otro, la necesidad de confrontar aquellas políticas en curso -que amplifican el autoritarismo y la desigualdad sociales- y el apoyo a las demandas de mayor autonomía que, de cuando en cuando, despiertan entre sus tallereados.

En cuanto a las organizaciones de masas, los repetidos intentos de revivirlas en congresos recientes han abortado en el propio proceso de gestación, por los lineamientos obsoletos, la subordinación a las metas gubernamentales y la escasa representatividad de sus liderazgos, conservando una membrecía mecánica y apática lista para zafarse en el primer chance del pago de las cuotas y las reuniones en el horario de novela.

Si quiere verse qué significa ser y hacer movimiento social en el contexto cubano, sería más realista hurgar en el trabajo –a veces poco (re)conocido- de pequeños colectivos como los que forman el Observatorio Crítico y otras redes de activistas, cuya defensa de la autonomía y la autogestión ha implicado graves costes personales y colectivos a quienes las impulsan.

También de la explosión de arte urbano y autogestión cultural emergidos en la pasada década, así como de la lenta pero creciente recuperación del espacio público –y del derecho a la manifestación y protesta- por parte de trabajadores afectados por las leoninas regulaciones estatales.

Experiencias todas distantes de las modas y beneficios que permean las agendas de una alternatividad demasiado leal a los ritmos y mandatos gubernamentales. No se trata de apologías ni satanizaciones sino de evaluar, con objetividad, quien está empujando sin permiso, desde abajo y a la izquierda, los cambios en pro de un país mejor.

Tomado de Havana Times

Pragmatismo, conciencia crítica y el amor interclasista en tiempos de actualización


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En nuestra opinión, el discurso de actualización del modelo cubano de socialismo no engaña ya ni al más incauto. El gobierno aún lo repite, ya sea por reluctancias inherentes a divisiones internas o por no haber reunido todavía la desfachatez necesaria para dar el gran salto. Esto no quita que se avance, entretanto, en la creación y consolidación de las condiciones ideológicas y materiales para la transición.

Miren qué ejemplo más lindo tenemos por estos días de reunión internacional. Todos los medios y vocales del sistema entonan loas a la reunión de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe, agrupados en la CELAC, en pachanga de cumbre habanera. Las cabezas gobernantes del continente, sin los Estados Unidos, hacen su evento y se dan abrazos y palmaditas. ¿Se puede tener algo en contra de esto?

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Más sobre asociacionismo irregular: un caso de buena salud


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Poco después de publicar mi último libelo sobre asociaciones adelantadas en nuestro patio, me percaté que había pasado por alto la que más de cerca me toca. Enseguida le encontré un nombre adecuadísimo, fíjense: Asociación de Trabajadores (Paupérrimos) de la Medicina, o la ATRAPAME.

Enseguida se entiende de qué va el asunto. Somos el personal que labora en la atención médica, ya sean médicos, técnicos u otros profesionales. Como regla general, no poseemos ingresos regulares en moneda convertible y nuestros salarios en moneda nacional son un decir, en un país cada vez más caro y con menos subsidios; de ahí lo de paupérrimos. El esperado aumento de salario que se nos anunció, según mi cálculo, será apenas un ajuste de inflación según los precios al inicio de este milenio y los de ahora. Como en aquellos años ya estábamos bastante cerca del fondo de la pirámide socio-económica cubana, no se puede decir que hayamos progresado mucho.

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Nuevas luchas para viejos empeños. Notas de la intervención cubana en el evento del CWI


Por Rogelio M. Díaz Moreno

En nombre de mi colectivo Observatorio Crítico y del mío mismo, deseo extenderle a nuestros lectores y seguidores el saludo, las felicitaciones y el agradecimiento por la atención que prestan a nuestra actividad. Les recomiendo mantener este seguimiento en un año que prevé importantes acontecimientos en nuestro país, y donde el trabajo de todas las personas de buena voluntad jugará un papel de la mayor importancia en el logro de los objetivos de la sociedad más hermosa a la que aspiramos. Aprovecho esta ocasión, además, para publicar finalmente la transcripción de las notas que me sirvieron de base para mi intervención en el evento del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CWI, siglas en inglés), celebrado entre el 1ro y el 7 del pasado mes de diciembre.

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Barack Obama y Raúl Castro: ¿Más que un saludo?


Por Arturo Lopez-Levy

Aun después de muerto, Nelson Mandela continúa promoviendo la paz y la reconciliación de los pueblos y la civilidad entre los líderes. Su funeral ha traído la imagen fresca de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, de Cuba y EE.UU., saludándose con respeto.

La lucha contra el apartheid fue una causa común en la que participaron desde el joven universitario afroamericano Barack Obama hasta los miles de combatientes cubanos en lasguerras de Angola. Mandela los inspiró y agradeció a todos. No hay que olvidar que Obama y Raúl Castro estaban del mismo lado en el conflicto sudafricano, el lado de Mandela. Estaban con el ANC y el movimiento de solidaridad. Tenían enemigos comunes como el senador Jesse Helms, autor de la ley insignia del embargo contra Cuba y voz mayor en la resistencia reaccionaria y racista contra la denuncia del apartheid.

El encuentro entre los presidentes se produjo cuando, en el camino hacia el podio, el presidente Obama saludó a la fila de primeros mandatarios presentes. Es difícil saber las palabras que intercambiaron los presidentes pero hubo risas. Un gesto dice más que mil palabras. Leer Más…

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